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codigos felinos

16 Ago

Samantha gets an appointment with ball-buster hotel magnate Richard Wright and tries to win an account.

But, he tells her she would need to work with a partner – a male partner. Samantha realizes he just doesn’t want to hire a woman.

Samantha returns to Richard Wright and though Richard admits she’s the best person for the job, he says he won’t hire her because she slept with his architect.

Samantha tells him off :

“If I were a man, you would shake my hand, buy me a drink  and congratulate me for being a ladies man, and then you would give me the job”

Then she  runs into the elevator as she’s about to start crying.

The next day, Richard hires her, saying he’s impressed with her “balls.”

Samantha Jones, Sex and The City

…….

En una de las empresas que trabajé ocupé el puesto de gerente.

Yo era la gerente de marketing, y hacía soporte a ventas, a la vez que regulaba los materiales que venta debía entregar: POP, diseños de producto, packaging, merchandising y todo el soporte a los puntos de  venta (vidrieras, espacios exclusivos, supermercados)

El gerente de ventas era de esos especimenes mitad simio/mitad humano, que hablaba con la boca levemente girada hacia el costado en un tono barrial. Se había “hecho” en la calle, cosa que yo respeto mucho, y ganaba 3 veces más que yo, su par, sino más.

Hasta ahí, nada raro, lamentablemente.

El punto es que nuestro ejemplar a quien llamaremos G. no soportaba tener como par a una chica de 28 años, preparada con posgrados y que, no se había hecho en la calle, sino en la universidad. El respeto que yo tenía hacia él no era recíproco. Mi ser mujer le agradaba menos. Le molestaba tener que seguir mis pautas, tener que seguir mis bajadas.

En los almuerzos, se hablaba de: atorrantas, fiestitas, cierre de acuerdos con clientes en cenas a la noche donde además era condición excluyente llevar “gatos” para satisfacer al cliente en su esplendor. Todo lo que yo había visto en CRM, en la construcción del vínculo con el cliente en la Facu no me alcanzaba para estar a la par. Al contrario, era considerado inapropiado e inútil.  Entendía que esto era algo que existe, que está, que es real, y que no está en los libros. Y maravillosamente, así se cerraban los acuerdos, uno tras otro. La construcción del vínculo con el cliente estaba, lo relacional también, el persona a persona, pero los códigos implícitos en esas relaciones, me excedían. Quiero aclarar que no nací ayer y sé que esto existe hasta en las más altas esferas. No nos engañemos.

No quería quedar afuera, y como la opción de ser Gato no era para mi, decidí que no me iba a excluir por no poder seguirles el tren en las conversaciones. Recordé una de mis otras máximas “el techo de cristal nos los marcamos nosotras mismas las mujeres, a no discriminarse”

Así, un viernes en la noche en conocido resto de San Telmo, estábamos los muchachos y yo. Había algunas de las promotoras de venta, y la estábamos pasando genial. Me presentaron a los clientes. Uno a uno, establecíamos un diálogo acorde, risas, la verdad que la cosa ‘taba saliendo bien. Hasta empecé a notar que estaba torciendo la boca al costado para hablar ja! (mentira)

La gerente de Planificación también había sido invitada. Universitaria, siempre nos habíamos llevado muy bien. Pero empecé a notar que poco a poco, ella corría su lugar. Mi ojo de psicóloga nunca me abandona y observé que empezaba a querer ser parte de ese mundo masculino. Como la hermanita menor que no sabe que hacer para “pertenecer”, escuché guasada tras guasada, hasta que se convirtió en un amigo más. Poco a poco, promotoras se sumaron a este club. No juzgo el pasarla bien, pero esto no era una salida de compañeros, era una reunión con clientes.

Me replanteé si quizás este trabajo no era para mí. Si la equivocada e ilusa era yo.

Me pregunto cuántas veces para “pertenecer” al mundo masculino se decide jugar con sus reglas.

Me pregunto cuántas veces lo habré hecho. Me doy cuenta que me he masculinizado con los años en el mundo laboral, siendo más enfática, agresiva en mis argumentos.

Apuesto a construir nuestras propias reglas y con el tiempo, ellos también tendrán que convivir con las nuestras. Y aquí va el cierre:

El gerente de ventas se me acerca y me dice “ Dale, cuándo vas a aflojar? Diego …quiere estar con vos, la de marketing, le gustas”

Yo, riendo “….Diego no es mi tipo, ni esta empresa me parece”

El lunes planteé mi renuncia al Director Comercial, aduciendo la realidad de los códigos implícitos y de todos los factores críticos que exceden las carpetas de presentaciones que se requerían en su empresa para llevar a cabo una buena performance. “Esta no es mi área, J., y eso que pensé que el negocio de la belleza de la mujer era para mí”

J. escuchó y me pidió un par de días.

V. mientras, la otra gerente, seguía acompañando sus almuerzos con “birra, faso y faina”. Se sentía más viva que yo, claro.

Yo empecé a almorzar con las secretarias y las diseñadoras. Me sentía muy mal esos días. Quizás ser maestra jardinera?

A la semana J. me ofreció trabajar el canal Premium.

“Son más tus códigos, en vez de birra, te doy champagne”. Y todo cambió. Mis clientes, la mayoría mujeres con planchita estricta y ropa de marca, al menos, hablan de hombres, de relaciones, de fracasos, de citas. Me siento en mi salsa. Pero ahí,  yo no tengo tarifa.

Debemos establecer nuestras reglas.

“Lo femenino” según Freud no existe en el inconciente. Que quiere decir esto? que no hay representación en lo incc del ser femenino, la pregunta que quiere o que es una mujer es eso.  (please evitar interpretaciones literales que tanto han bastardeado al psicoanálisis). Y por lo tanto, al no existir en lo inconciente,  imposiblemente en lo conciente.  Solo se define en la medida comparativa con lo masculino. Solo adquiere categoría de real  midiéndolo con un opuesto y no de por si.  Y por eso nos cuesta tanto hasta a nosotras definirnos. Y ni hablar de las consecuencias: discriminación, violencia, por citas unos pocos.

Esto no es feminismo, es realidad. El feminismo solo surgió con esa fuerza desmedida y unpoco equívoca de la única manera que podía surgir: como opuesto, antagónico, lucha de roles. No convivencia, como lo desearíamos. No como entidad propia diferente en su naturaleza a lo masculino y con confrontandose a el.

Para que adquiera status de representación en lo inconciente primero debe definirse en las prácticas como único, diferente, sin comparaciones. Y esto llevara siglos, también.

Lo femenino, la esencia de la mujer, es poderosa chicas. The rose, intrínseca en nuestras almas, o la loba si prefieren, está ahí, dentro nuestro, un poco fue vapuleada en corsets ceñidos,  pero está. Úsenla.

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