el de las causas perdidas

28 Oct

Mi amigo Ramiro López (así se autodenomina, amistad que nunca certifiqué ISO) se digna a veces de escribir cuentos bastante estrafalarios, no por ello menos enigmáticos y que disfruto mucho.

Voy a ocupar una parte de este blog, para postear estos relatos que NO SON de mi autoría (su calidad es superior) para darles un espacio. Vale la pena que tengan un lugar en la blogosfera aunque así el no lo prefiera y, que las bondades de internet se encuentren al alcance de todos…

HUELLA, octubre 2009

“No todos nacen para dejar huella”
Disparó. A quemarropa.
Desde el pasillo recibí la perdigonada verbal. Parapetada detrás de su escritorio, sin siquiera levantar la vista cuidadosamente velada por unas gafas, sentenció, o mejor dicho condenó a media humanidad a caminar en el aire para siempre. No creo que fuera para mí (no es garantía lo que yo crea) pero cuando uno dice algo sin mirar a nadie en particular, es porque es para todos en general. Además como todo acto de terrorismo (en este caso intelectual) no hay distinción entre culpables e inocentes, todo se resume a lograr el efecto deseado.
Pasé de largo, sin decir nada, como casi siempre. Posé la mano sobre una pila de papeles, toqué una muestra , otra, pregunté algo intrascendente, en un ritual estudiado que me permite ganar tiempo cuando estoy tomando una decisión. No era cuestión de iniciar una discusión en el pasillo, así que me retiré despacio, protegiendo lo que quedaba de mi investidura (soy el jefe de 8-17) ya bastante deshilachada como para perder una vez más.
Me senté frente a la pantalla y abrí un archivo cualquiera. Me preparé a masticar, casi a rumiar la cuestión. Como todas las cosas que no te gustan, se tragan rápido y se digieren despacio. No vaya a ser que se repitan.
Dejar huella… ¿Quién puede afirmar que hay personas que heredan como un título nobiliario esta capacidad? ¿Cómo se puede sostener que hay gente condenada a la ingravidez de por vida? ¿Como se define una huella como algo que uno tiene o no, deja o recoge a voluntad? Una huella no es algo propio que se dispensa a voluntad o se añora con la ñata contra el vidrio como rezonga el tango.
Una huella es algo compartido. No hay título de propiedad para guardar en la caja fuerte ni juicio de divorcio capaz de dividir semejante bien ganancial. Una huella es una cuestión de dos. No es casualidad que cuando alguien piensa en una huella tienda a poner el foco en el que pisa  y no en la superficie sobre la que camina. El mundo en el que vivimos deja la reflexión y la contemplación para los libros de autoayuda y las filosofías orientales, y entroniza a la acción. El que pisa vale, la otra parte se da por sentado que está y va a estar siempre. Da lo mismo, no cuenta. ¿No cuenta?
Pasemos a lo fáctico (mi especialidad) Un gusano, raza cuyo máximo aspiracional en vida es transformarse en carnada, es capaz de dejar huella, cuando la tierra húmeda, viva,generosa, lo recibe. En el otro extremo tenemos al mármol, superficie cara e impávida asociada a un concepto de eternidad más relacionado con no haber vivido nunca que con pasar de una vida a la otra. Por algo es el revestimiento preferido en Chacarita y Recoleta. Ni una estampida de elefantes puede arrancarle mas que el brillo durante un rato. Uno puede pisarlo, patearlo, puede gritarle y hasta romperlo a martillazos. Pero es difícil que acepte una huella. El actor cuenta, pero no decide, la superficie tiene siempre algo que decir o que callar.
Por lo tanto, ningún individuo puede dejar una huella sólo. No es una capacidad individual. Tampoco es una incapacidad que se pueda declarar unilateralmente. Nadie razonable puede decretar “yo no nací para esto”. Es cierto que habrá duplas con enormes dificultades para generar huella. Definitivamente. Pero siempre hay otras combinaciones posibles. Es matemáticamente improbable que alguien pueda demostrar la completa inexistencia de un par, de su par . Tendría que agotar todas las posibilidades de combinatoria posibles y recién entonces habría certeza. O casi…
Si Miguel Ángel o Donatello  hubieran sobrevivido hasta nuestros días y hubieran leído este divague hasta este punto, hace un párrafo que estarían levantando la mano para darme su opinión, indignados. Siempre hay alguien distinto, uno con el arte suficiente, capaz de insuflar vida al mismísimo mármol, a golpes de cincel, con paciencia y pericia. La matemática de las probabilidades no agota el tema. Siempre hay resquicio para un imprevisto, para lo inesperado. Cada mármol tiene su artista…
Sonó el teléfono y volví y dejé al imaginario Miguel Àngel con la palabra en la boca.
El negro alcahuete de mi protector de pantalla me delataba. Moví el mouse  mientras despachaba al inoportuno del teléfono con una sarta de monosílabos. Interrumpí la rumia.
“Llueve”. Dijo un desocupado consuetudinario que ni siquiera disimulaba como yo mirando la pantalla.
Supongo que me envalentonó la lluvia y la idea de la tierra húmeda, viva y receptora. O quizás fue el papel de abanderado de causas perdidas que nunca superé del todo (siempre me quedó la duda si me elegían o me postulaba sin querer). Me paré dispuesto a vender caro los harapos del disfraz prestado de 8 a 5.  Nadie podía ver el grueso fajo de argumentos que tenía preparado para la terrorista de las gafas. Iba a apelar la condena un poco por mí y un poco menos por el resto.
Me vio venir. No se sorprendió cuando me apoyé en su parapeto.
Pero ni siquiera ella se dio cuenta. Nadie repararía en el detalle.
Las botas de lluvia y el cincel en la mano.
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13 comentarios to “el de las causas perdidas”

  1. Lady 28 octubre 2009 a 11:01 PM #

    Excelente texto! Mis felicitaciones para tu amigo.

    Creo que todos somos capaces de dejar una huella, siempre que encontremos el terreno indicado.

    Besos

    • carlayork 29 octubre 2009 a 12:27 PM #

      lo que deja abierta la pregunta, sacando culpas de lado, de que hay personas que siempre encuentran el terreno equivocado? En ese caso no dejarían huellas? entiendo un poco a la protagonista de las gafas (bastante yegua igual al decir eso!), quizas transmita su sensación individual de pasar por la vida de personas o parejas en las que no se ha dejado huella.

  2. Vivi 29 octubre 2009 a 12:41 PM #

    Excelente relato y un lujo para la imaginación!!!!No sé bien por qué, pero después de leer el texto de Ramiro López, sentí eso conocido como “piel de gallina” (o pollo!!)..capaz porque la gente se pasa la vida tratando de dejar huella al estilo Miguel Angel y David, tan exuberante y grandilocuentes ellos…últimamente mis expectativas se fueron moderando: trampa estratégica para no sentirme una más de las causas perdidas.

  3. Superchic 29 octubre 2009 a 1:36 PM #

    Muy lindo y muy cierto!

  4. Dario 29 octubre 2009 a 3:30 PM #

    • carlayork 29 octubre 2009 a 11:50 PM #

      dario me encanto tu aporte, me vino muy bien, gracias x pasarte y bienvenido!

  5. Marcelo 2 noviembre 2009 a 7:39 PM #

    Lejos, el post que mas me gustó, con comentarios incluidos.-
    Cariños

    PIPUS

    • carlayork 3 noviembre 2009 a 11:16 PM #

      viste que bien escribe Ramiro? Amazing, solo q no le gusta le exposición, es un nerd a oscuras…

  6. Vanina 3 noviembre 2009 a 11:36 AM #

    Wow, esto me pasa por leer todo tarde, pero es genial, quiero leer más de tu amigo!

  7. Regina Rauda 15 enero 2010 a 3:39 PM #

    Muy muy bueno

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