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clase de fotografía

12 Nov

Cuando un rayo incide sobre la lente paralelamente al eje, el rayo emergente pasa por el foco imagen F’. Inversamente, cuando un rayo incidente pasa por el foco objeto F, el rayo emergente discurre paralelamente al eje. Finalmente, cualquier rayo que se dirija a la lente pasando por el centro óptico se refracta sin sufrir ninguna desviación.

Mi amiga Malu está trabajando en un proyecto de fotografía.

El domingo pasó tiempo  explicándome el tema del enfoque, del lente; me explicó como tenía yo que aprender a jugar con primeros planos y perspectivas, fondos diversos. Y para probar me recomendó usar un muñeco de trapo para jugar con él siempre en primer plano y ubicarlo en distintos fondos, haciendo focos, a veces el fondo, a veces el muñeco.

Hoy jugué a los planos, sin querer.

Era el día para el que trabajamos tanto. Había  butacas y alfombra roja.

Y perdimos.

Sin embargo, no me pasó nada. No se cayó el mundo, no lloré ni me deprimí.

No acusé al destino, a la mala suerte serial, ni me estigmaticé.

A veces todo es cuestión de focos y ajustar el lente.

Porque lo que pasaba en el escenario no era importante, era un fondo aleatorio, porque lo que pasaba abajo del escenario era el foco.

El muñeco de trapo estaba en la butaca sentado al lado mío, furioso, y preocupado. Porque el premio habría sido un buen regalo y una buena lección en el arte de cincelar.

Para que yo me sintiera bien, porque sabe que me gusta ganar, por todo lo que significó este trabajo.

El sacrificio de las horas juntos, las energías, la amistad … Porque perdimos frente a grandes capitales multinacionales y equipos reales, ante nuestro esfuerzo raquítico de a dos y de bajo presupuesto. Lo que los hace simplemente, mejores que nuestro caso.

Lo que no invalida la desigualdad de condiciones.

El muñeco de trapo es de trapo, valga la redundancia, y no puede decir. Sus ojos no obstante me expresaban lo que no me hablaba, mortificado.

Preocupado el por mi y yo por el, la dialéctica era una encerrona sin salida.

No me sentía sorprendida, ni desilusionada. Mucho peor, mucho más grave.

Le dije:

“… quizás  estoy acostumbrada, y por eso no me siento mal. Acostumbrada a no ganar”, suavicé, helada, casi muerta.

Una respuesta de mierda, escapista, maldita, analítica. Y sin embargo, bastante sincera.

El veía el fondo de la escena, detrás del telón, los ganadores festejando, marcando mi falta de atención en lo que sucedía sobre el escenario.

Yo mientras veía al muñeco del primer plano, preocupado, porque no había podido cumplirme el deseo.

La gente festejando, feliz, de fondo no me parecía algo nuevo. Ya pasé festejos similares donde yo estaba en la butaca. No me duele ni me conmueve ya.

El muñeco de trapo no tiene tanto expertise en la materia.

En eso yo le saco ventaja.

Pero lo que él no sabe es que yo algún día estaré sobre el escenario también, festejando, y él también, calculo, feliz, viendo desde la butaca.

A veces pienso que  algunos estamos siempre fuera de foco un ángulo tan mínimo que no nos  hace perder totalmente la escena principal, sino mirarla  de costado.

Sin embargo no ceso en la búsqueda de perfeccionar mi técnica de ajustarme a mi misma al lente y corregir el rumbo o maximizar el ángulo para al menos no ver de lo que me pierdo.

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