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Luli y su papá

29 Nov

…continuación de post :  Ex modelo 1

A father is always making his baby into a little woman.  And when she is a woman he turns her back again”  ~Enid Bagnold

Arremetí contra Luli diciéndole la clásica:

“No te preocupes por estas yeguas resentidas, la apariencia física está sobrevalorada”

“El que te quiere te va a querer así, con 18 kilos más o menos, esto no suma. El resto es cotillón”

“El mejor sexo de mi vida lo tuve con kilos demás, con eso te digo todo”

“Ya te vas a poner diosa de nuevo. Y linda sos igual”

Yo sabía que en realidad no le importaba tanto su sobrepeso como su malestar interior, y cómo este se expresa siempre afuera. Y no obvio lo importante que es para todas sentirnos lindas. Es intrínseco a lo femenino. No está atado a un número en la balanza. Sino a la correspondencia entre interior y exterior. Pero a veces solo hay que contener y hacer refuerzo yoico.

Luli me dejó en el bar y se dirigió a su terapia.  Tiró el bolso sobre el diván, sin poder refrenar las lágrimas y le contó, alterada, Word for Word, a su terapeuta, el episodio en el local del shopping.

Extendiéndose en por qué, aún ya recuperada de su relación nefasta con ese ex que la dejó así, no podía sostener una dieta.

“No puedo volver atrás”- Tiró, agitando las manos sobre el diván.

“A medida que me abandonaba, yo ganaba peso”

“Cómo puedo compensar, siento que estoy pagando algo a veces”

Los que somos licenciados en psicología nos regocijamos en las palabras que uno escucha a través de la asociación libre, sobre todo sin diván de por medio, todos los días, a todas horas.

“Luli, como bien dijiste no podés volver el tiempo atrás. No podés hacer todo distinto, no podés recuperar lo que perdiste. No se compensa el pasado. No se paga ni se compensa en la balanza ganando kilos ni sumando penas ni culpas. Tenés que asumir el presente para reconstruir el futuro. Las personas viven sosteniendo presentes inexistentes” _ hizo la intervención terapéutica la psicóloga.

Luli en silencio. Las palabras no salían. Los pensamientos la avasallaban.

La famosa distancia entre el pensar y el decir de Freud.

“Luli, decí lo primero que se te ocurra, aunque creas que no tiene que ver con nada”

“Papá y yo fuimos al río hace 10 años”_ escupió.

“si…”_ te escucho.

“ Papá y yo éramos bastante unidos antes. Yo de chica esperaba siempre la hora a la que llegara. Era como mi salvador. Del aburrimiento diario, del tedio, del abandono. De la dictadura, de la frustración. Era mi hora favorita del día, su llegada, y salía corriendo a abrazarlo. A partir de ese momento, todo era felicidad. Un Edipo de mierda. Yo siempre, en el fondo, sentía un poco de lástima por él. Sentía que el hacía todo por hacernos felices, notaba ese esfuerzo extra por contentar a mamá, por hacernos reír, como una dosis de esfuerzo innecesario que yo no compraba, a pesar de ser muy chica”

“Entonces, lo obvio. Quería colaborar con el. Mi amor por el, hizo que poco a poco yo ayudara en la farsa, con mi sonrisa. Sonrisa que el siempre elogiaba, sosteniendo la escena de familia perfecta con mis dientes blancos, mis labios de frutilla y mis ojos de distinto color. Ahora que me acuerdo, se me cruza una imagen”

“Cuál?”

“El bautismo de mi tercer hermana. Mamá tenía uno de sus berrinches, egoístas, incomprensibles. Inmaduros. Sin justificación, que años después entendí que eran ataques de frustración. Se había enojado por una boludez, y todos teníamos que correr atrás de ella. Empañó todo el festejo. Toda la alegría. Porque ella misma no puede disfrutar. A mis 8 años recuerdo sentir, realmente sentir que mamá era más chica que yo. Lo que estaba mal, muy mal. Yo estaba enojada con ella, porque tenía que arruinarlo todo. Si la farsa estaba bien. Claro que en esa época yo no pensaba que era una farsa.”

“Sacaron la foto, y aun hoy la tengo en mi agenda. Si la vieras…es tan clara…

Mi sonrisa perfecta, tomando a papá de la mano.

Papá sonriendo, adecuado, justo, ubicado.

Mamá y mi otra hermana, con la peor cara.”

“10 años después, papá me llevó al río, me pidió disculpas. En su modo errático. Yo no entendía nada.”

Papá no es de pedir disculpas ni de muchas palabras.

“Yo que quería protegerlas, aprendí tarde, que no se puede proteger de todo, que yo no era suficiente. Que todo, absolutamente todo se paga.  Pero lo que no sabía, es que ibas a pagar vos. Ocupando lugares que no te corresponden, queriendo compensar, funciones que no te atañen, sosteniendo mi infelicidad.

“Papá, yo soy feliz, no te preocupes por mi”_ dije, autòmata y bien aprendida.

“Le Sostuve la mano, con la mirada fuerte y sonreí. Papá ama mi sonrisa.”

“Compensando su vida con la mía. Pagando su precio por mi felicidad”_ hilaba Luli sobre el diván, comprendiendo, abriendo los ojos.


Al lunes siguiente Luli empezó la dieta.

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