20 años después

5 Dic

Me gustó mucho este post de @bilinkis. Sobre quienes somos y quienes queríamos ser. El discurso principal es del cineasta Juan Taratuto.

Espero que les guste como a mi!

Carla

Discurso de Juan Taratuto en el Acto por el 20° aniversario del final del Colegio

Cuando me enteré que se hacía esta reunión, de algo estaba seguro:    “¡No voy ni loco! ¿Para qué voy a ir? Si con los que quiero, me sigo viendo. ¿Qué necesidad tengo de ir un viernes a la tarde al centro?”.

Con el paso del tiempo, de las cadenas de mails y de charlas con los más asiduos, comencé a dejar abierta la posibilidad de asistir. Hasta que hace unos días me llamaron para invitarme a hablar en este acto por el turno tarde.Aula Magna

Lo primero que pensé es: “¿Quien se cayó? ¿Quién dijo que no? ¿Porque a mi? Soy vergonzoso. No me gusta estar frente a mucha gente. No me voy a exponer a pasarla mal. Y encima se supone que uno tiene que decir algo interesante, inteligente, divertido, algo… Encima, por el turno mañana habla Varsky. Es periodista, trabaja hace años en la radio y la tele todos los días… El tipo vive de hablar lindo.  De hablar bien. Así que mejor no voy y listo!”. Les dije a mis compañeros, que tanto hicieron por esta reunión, que me dejaran pensarlo hasta el otro día, sabiendo que no lo iba a hacer.

Me fui a dormir y mi cabeza siguió trabajando. Aparecieron imágenes, recuerdos y sensaciones. Me permití imaginarme acá,  celebrando estos veinte años. Y comencé a preguntarme: “¿Y por qué voy a ir? ¿Porqué no? Mejor me quedo en casa. Estoy tan cansado…  ¿Por qué algunos se pusieron contentos con la noticia y otros no quieren saber nada? ¿Por qué se transformó este encuentro en un hito? ¿Porqué algunos realizan una gran tarea para poder hacerlo y otros borran los mails sin siquiera leerlos?”.

La respuesta es: Porque esta reunión nos moviliza. Toca nuestra fibra más íntima. Se mete con nuestros sentimientos más profundos. Aunque la ignoremos por completo.

Y me parece que toda esta revolución la produce el miedo. ¿Miedo a qué? Miedo. Miedo a vernos después de 20 años. Miedo al contraste. Miedo a contraponer lo que somos con lo que quisimos ser. En la superficie, los cambios físicos. Esos son inobjetables. En lo profundo: Lo que soñamos a lo que pudimos. Porque al salir por esta puerta, hace 20 años, teníamos el mundo por delante.  Estaba todo por hacer. El único límite era el propio deseo.

No sabíamos muy bien quiénes éramos, nos estábamos encontrando, pero creíamos que los obstáculos eran externos. Y que el éxito era sólo laboral y material.

Si era por nosotros, nada nos iba a parar. Y pasaron dos décadas y nos dimos cuenta que no todo pudo ser como lo soñamos, que muchas veces buscamos enemigos afuera, pero que el verdadero enemigo estaba adentro. Que la vida nos puso en jaque más de una vez y que lo que creíamos que era eterno, es bien finito. Aprendimos que el éxito, esta en exacta relación con el deseo de cada uno y que muchas veces tomar el camino más corto no es necesariamente el mejor.

Si miramos hacia adentro, nos vamos a dar cuenta que quizás no somos muy distintos de aquel que se sentaba en el pupitre. Nuestros valores, intereses, deseos y miedos son parecidos. Si pudiéramos volver el tiempo atrás y encontrarnos cara a cara con ese chico o esa chica de 17 años… ¿Qué pasaría? ¿Qué nos echaría en cara? ¿Sería indulgente con nosotros o tremendamente crítico? ¿Cuán cerca o lejos estamos de lo que imaginamos? ¿Cuánto lo estamos desilusionando?

Este encuentro nos obliga a hacer un balance. Voluntaria o involuntariamente, nos contrapone con nosotros mismos. Y no es fácil.

Si yo me retrotraigo a los años del Colegio, creo que a mí me quedaron algunos puntos fundamentales:

1 La Amistad.

2 El amor.

3 La vocación.

Me hubiera encantado decir: 4 El Sexo, pero en mi caso sería faltar a la verdad. Así que me quedo con los primeros tres.

Fueron años difíciles, porque la adolescencia es difícil. Yo hablo con alguna gente que me dice que daría cualquier cosa por volver a la adolescencia. Yo pago por no volver a vivir uno solo de esos días. Y no tiene que ver con El Colegio, sino con la revolución interior que provoca esa edad. En la adolescencia uno no tiene mucha idea de quién es. No sabe donde ubicarse. La adolescencia es búsqueda. Uno se esta buscando. Un año escuchamos Iron Maiden y al siguiente Víctor Heredia. Morral y sandalias a pantalón fucsia y zapatos náuticos.  Centro de estudiantes a ir a bailar a San Francisco.

En nuestra división, existían claramente entre los varones dos grupos: el de los líderes, que marcaban el ritmo de la vida cotidiana en el aula y el otro que era un poco mas…quedado. Obviamente yo pertenecía al segundo y era de los quedados entre los quedados, por ponerle algún nombre elegante. Si bien la convivencia fue bastante pacífica entre los grupos, no hay nada peor en la secundaria que SER DISTINTO.

Yo era de los que íbamos a bailar y me llenaba de íntima alegría cuando nos rebotaban en la puerta. Porque siempre la segunda opción era ir al cine o alquilar una película y pedirnos una pizza en una casa, lo que a mí me parecía el plan perfecto. Y de hecho me sigue pareciendo. Eso es lo interesante de esa época, de esa edad. Que si uno podía escucharse y ver qué le gustaba sin entrar en conflicto con el resto, aparecían los gustos y los intereses que aún hoy tenemos.

Y para mí uno de esos gustos era el cine. Y tuve la suerte de que en este colegio existía los sábados un taller de cine extracurricular. En el que se trabajaba con cámaras de video, cuando el video era una novedad en el país. Y durante un par de años hicimos cortos y practicamos. A mí a los catorce años se me abrió un mundo nuevo que me dio la posibilidad de encontrar tempranamente una vocación.  Nadie me dijo que no. El Cine era también una de las posibilidades.

Seguramente todos los chicos de trece años entran a un secundario con ganas de ser físicos, economistas, arquitectos, periodistas, artistas o lo que sea. Pero en pocos colegios existía un curso de astronomía, un laboratorio con láser, un taller de teatro, una biblioteca como ésta. Todo eso genera seguridad en un chico, le muestra que se puede. Y contra eso no hay nada. No hay barrera que puede detener el deseo y la confianza interior.

Yo siento que el Colegio nos inculcó que el conocimiento es el fruto del razonamiento. Y en ese razonamiento, existía la posibilidad de arriesgar, equivocarnos, porque esa era la manera para acceder al saber.  Yo de hecho creo que me acuerdo menos del uno por ciento del conocimiento y de los datos que aquí se dieron, pero aprendí a pensar. A ser curioso, a cuestionar. A buscarle otra vuelta a las cosas. Y principalmente, creo que este colegio nos inculcó la seguridad personal para poder elegir qué hacer de nuestras vidas, sin temer el fracaso. Porque es el miedo lo que paraliza.

Cuando entramos a este colegio en el año 1984, nadie tenía idea de lo que sería el mundo 25 años después. Ni las mentes mas brillantes del planeta podían imaginar la revolución que estaba por delante. Nadie podía enseñarnos como desarrollarnos en un mundo brutalmente globalizado que todavía no existía. En un mundo basado en la ciencia y la tecnología. Pero seguramente en esas horas frente a la Texas TI99, algo en nosotros se modificó. Algo filtró a nuestras mentes. O por lo menos la informática dejó de ser algo extraño. Entendimos que había algo que era una herramienta (¡no sé en esa época para que servía una compu mas allá de para hacer avanzar una tortuga!).  Después solo fue cuestión de adaptarse a la evolución.

Siempre pienso que hay algo que esta mal diseñado. No puede ser que los planes de estudio sean iguales hace 200 años cuando la expectativa de vida era de 40 o 50 años. Alguien se debería dar cuenta que en la adolescencia de ahora uno no escucha.  La adolescencia debería ser un período en donde los chicos se quedan en la casa durmiendo, comiendo, haciendo chistes tontos, apretándose granos y peleándose con los padres y después cuando maduran un poco, comienza la etapa de aprendizaje. Cuando están listos para escuchar, un profesor habla. Mi sensación es que lamentablemente no estaba preparado para la cantidad y la calidad de información que se nos brindó. Para las oportunidades de conocimiento que nos posibilitó. Siento que no aprovechamos todo, mas bien casi nada. ¿Qué recuerdan hoy de la parte curricular? Yo poco. Pero evidentemente hay algo en la forma de estudiar, de pensar, de afrontar un problema, del método, que se ha filtrado, que ha quedado. Hay algo a la hora de abordar un problema que es compatible a todos nosotros y eso evidentemente lo posibilitó el Colegio.

Entonces: ¿Por qué venir?  Si es mucho más fácil escapar. Porque este encuentro ocurre porque hay algo que nos une veinte años después. Algo que sucedió en apenas cinco o seis años pero que ha sido lo suficientemente fuerte y potente como para hacernos estar acá. Como son los compañeros de la colimba o de una guerra. Son momentos fundantes en donde se erigen los pilares, los cimientos de nuestra persona. Uno puede trabajar con alguien mucho más tiempo, ser amigo durante años de alguien, casarse o lo que sea, pero inexorablemente deja de verse. El tiempo pasa, pasamos a otra etapa y no hay ninguna necesidad de volverse a ver. Pero con el colegio secundario pasa otra cosa… Porque es el paso a la adultez, la transición emocional, el momento de definiciones. Y eso esta grabado en nuestra memoria. Y venimos acá veinte años después, a corroborar que todo eso que pasó es cierto. Que seguimos siendo los mismos, que afortunadamente cambiamos, que todo lo vivido y lo sufrido sirvió para este presente.

Estamos acá para ver como crecieron los otros, en que se transformó cada uno, estamos acá para demostrar que no somos tan idiotas como se creía de nosotros, ni tan piolas como nos creíamos. Estamos acá para poder detenernos por un instante y contemplar el tiempo que pasó. Para tener un mojón en nuestras vidas, un punto de referencia. Para poder contraponer todo el tiempo ocurrido de 1989 a hoy. Estamos acá para sentirnos vivos, para creer que falta aún, para escaparle a los años.

Estos 20 años nos agarran jóvenes, con experiencia y con fuerza, pero también con un horizonte más acotado, más cercano.  Igual que a los 18 años, nadie sabe qué sigue para adelante, pero lo que seguro sabemos es que hay que vivir el presente y disfrutarlo. ¡Nos vemos en el 2019!

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9 comentarios to “20 años después”

  1. Matías 5 diciembre 2009 a 6:27 PM #

    sencillamemte genial. me siento identificado con mucho de lo que dice. no lo conocía el texto. gracias por compartirlo. saludos.

    • carlayork 6 diciembre 2009 a 2:31 PM #

      Muy bueno y así voy a empezar a escribir sobre mi propio balance de reunión post egresadas. Welcome!

  2. Lady 6 diciembre 2009 a 2:14 PM #

    Muy bueno el discurso!

    El futuro siempre genera incertidumbre, pero no puede paralizarnos. Hay que disfrutar el ahora.

    Besos

  3. Superchic 6 diciembre 2009 a 11:05 PM #

    Si, es cierto, ese enfrentamiento entre el pasado y el presente. Yo queria ser directora de cine!

    • carlayork 6 diciembre 2009 a 11:49 PM #

      yo creo que nunca es tarde para nada: yo acabo de comenzar una nueva carrera! la vida esta para vivirla, equivocarse, terminar , empezar, y recomenzar.

  4. Marcelo 7 diciembre 2009 a 8:10 PM #

    Huyyy como me pegó este post!!!.
    Todavía me acuerdo de la locura que tenía cuando terminé el colegio allá por el año 76 pleno quilombo militar…
    No tenía la mas pálida idea de que hacer de mi vida. Y mis viejos…..ni cinco de pelotas.
    Fue creo, la crisis mas grande de mi vida, me costó mucho tiempo y mucho dolor crecer como hombre…..aún no se si lo he logrado.-

    Cariños

    PIPUS

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  1. Tweets that mention 20 años después « Deja Correr el Río -- Topsy.com - 5 diciembre 2009

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  2. uberVU - social comments - 6 diciembre 2009

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