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Conduciendo a Miss York

29 Dic
Freud dice que el juego del niño es simbólico porque, apuntalado en un fragmento de la realidad, le presta un significado particular y un sentido secreto. De este modo, se encuentra al servicio de la realidad de su deseo. El niño que juega crea un mundo propio donde inserta las cosas en
un orden de su agrado, un mundo amable.
El niño acude espontáneamente a este recurso porque mundo de la realidad no es precisamente de su agrado.
La realidad pretende imponerle algunas restricciones. Es por ello que Freud nos dice que lo opuesto del juego no es la seriedad sino la realidad. Todos necesitamos jugar frente a la seriedad de la realidad.
A partir de estas consideraciones, Freud concluye que el juego constituye una reproducción lúdica completa de la desaparición y reaparición de la madre. El juego, tenía un sentido oculto, reproduciendo con él, simbólica y
placenteramente, el retorno del objeto ausente.
Pero para esto el niño deberá realizar un tránsito de la pasividad a la actividad: mediante la actividad consigue dominar psíquicamente la impresión displacentera que antes no pudo por su pasivo sometimiento a ella.

Eel niño realiza un serio intento de elaboración del abandono al que se fue compelido, de ese objeto que se fue, sin que el pudiera hacer nada.

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Nació Carla York en el 2009. Al principio, tímida, bautizada por mi amiga de la adolescencia Vera Smith, luego de tristes y resignadas charlas de madrugada, en su blog. Comentando en ese espacio que ella abrió, haciendo catarsis, al principio tímidamente, como una es al principio (solo al principio).

Luego, con más fuerza, enérgica, como es una solo después. (siempre después)

Luego abriendo este espacio, escéptica, desconfiada, buscando temáticas, dejando ser, primero por vagancia personal muy esporádicamente;  luego descubriendo nuevos amigos virtuales, conversaciones maravillosas, replanteando la temática del blog, haciéndolo más personal.  Interactuando vía twitter, sorprendiendome (yo una analógica rebelde frente a la digitalización parental) de los resultados, de la diversión, hasta de nuevas amistades.

Carla York poco a poco empezó a separarse de Carla. Carla era yo, luego, se transformó en un espejo.  Luego, empezó a ser un tercero, a veces hasta me parecía una extraña.

Alguien donde se deposita un poco un personaje, un poco de mi, un poco de proyecciones negativas, un poco de idealizaciones positivas. Un reservorio donde depositar, proyectar, introyectar, tomar prestado.

Carla York me ayudó a verme, reconocerme, a conocerme más. A veces sorprendida luego de escribir sin parar ni respirar y luego, releyendo lo escrito, riéndome de las cosas que decía sin querer. Como un diván psicoanalítico, donde una dice sin saber lo que dice.

A veces maravillada por el feedback de mis lectores, de mis nuevos amigos, en su proyección de mi misma. Reconocida en el otro, valorándome mucho más de lo que yo lo hacía.

Miss York me acompañó hasta en mis sesiones de diván. A veces se metía en mis salidas con Pablo, quien la ahuyentaba por engreída. A veces sorprendiendo y conociendo nuevos amigos como Ramiro,  como Vivi, a veces perdiendo otros amigos.

Empezamos a hablar con Vera  de Vera y Carla como terceros. Lejos de esquizofrenias alienantes, le dije a Vera un día:

“Te das cuenta que todo  lo malo de Vera y Carla, ya pertenecen a un tercero, y no a nosotras? Al principio éramos nosotras Vera y Carla, ahora tomaron fuerza propia. Que no nos mate el personaje!”_ reímos

“Si, me dice, a veces twitteo con Carla York, pero necesito más de vos y menos de Carla”_ me escribió otro dia-.

A veces nos vestimos para salir al teatro como ellas0 (que obviamente se visten diferente), a veces fumamos y cenamos con nuestros amigos que las desconocen como las Vera y Carla de antaño.

Hasta hay quienes pensaron (o piensan) que somos la misma. Hasta se dijo que nos ocultábamos por fines comerciales u ocultando algo estrambótico, algún misterio oculto.

Solo nosotras conocemos las razones del nacimiento de ambas.  Y nuestros amigos 1.0. No me voy a olvidar de lo que me reí el otro día, cuando manejando, nuestro amigo Aaron (sentado atrás, que nos conoce de hace años), de la nada nos dijo: Estoy con Vera y Carla. Qué placer.

Así las muchachas Vera y Carla fueron dejando de ser desgraciadas, porque hasta la miseria se va un día.

Y damos paso a contar, a resignificar, historias nuestras, dandole un nuevo giro, riendonos, reelaborando historias dolorosas, dejando de ser víctimas pasivas sino protagonistas y heroínas valientes, activas. Reconociendo a los villanos y a los amigos en esos relatos. Ubicando lugares, dandole a cada uno lo que merece.

Como en el juego del niño, que  ante la experiencia no gratificante e incluso traumática vivida pasivamente, la reelabora haciéndola activa, jugando con ella, así volvimos a jugar a los 30. Riendonos de los Duilios, de los Marianos, de los Juanes,  del Mar Egeo, de los pájaros.

Porque solo al poner en palabras la historia se escribe. El silencio condena, tapa, obtura. La palabra, y cuanto más la palabra escrita, se hace carne viva.

Esperando algún dia que dejemos en el maletín del titiretero a los personajes y sus pieles entumecidas, envejecidas, para solo quedarnos con el recuerdo Smith y York para siempre.

Gracias Vera por haberme dado tu amistad, y a la otra Vera también.

Y pleaseeee, que Sofi vuelva de la costa azul…

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