Archivo | diciembre, 2009

los juguetes de la infancia

13 Dic

Mi amigo @tuflus, una persona hiper creativa, escribió este post que, según el, pasó desapercibido. Cosa que me parece más que injusta…

En fin, ya que estamos con la temática de la infancia, le pedí permiso para repostear.

Visitenlo! Su blog aquí.

Y la explicación de su creatividad a continuación.

Los juguetes de la infancia

…o la falta de los mismos.

A pedido de exactamente 1 (UNA) persona, me dedico esta noche a escribir algo nuevo para este ya lastimosamente abandonado blog. Lo que hoy me inspira es un tema recurrente en mi retórica habitual, tal vez un trauma de la infancia que solo podré solucionar a fuerza de psicólogos, autos caros, mujeres hermosas (y aún mas caras) y estupefacientes.

A falta del dinero necesario para conseguir cualquiera de estos cuatro indispensables remedios, me conformaré con posponer los tres últimos y reemplazar con este blog al primero, como una suerte de Freud electrónico. (Si me dice que en el fondo tengo ganas de acostarme con mi madre, juro que le mando a los de Blogspot todos los forwards que tenga sobre Amy la niña celíaca con una teta en la espalda que morirá de diarrea explosiva si no lo mandas a 29 personas en los próximos 4 segundos).

El trauma en cuestión, para los 7 individuos de la población mundial que no me han escuchado divagar al respecto, es la falta de juguetes durante los años de mi dulce infancia (que, por cierto, todavía no termina).

Voy a ser exacto: Si tenía juguetes. Tenía bastantes. El problema es que jamás tuve los que YO quería.

Mis padres sostenían la extraña teoría de que si no me daban ningún juguete de carácter bélico, ni me dejaban jugar a ningún videojuego violento en la computadora, crecería para ser una persona de bien. Calculo que me imaginaban a los 24 años, en una misión jesuita en el Cuerno de África, ayudando a pequeños niños cuadriplégicos a comer puré deshidratado de la ONU. Ya ven como les salió eso…

Paso a enumerar casos puntuales:

• Aliens: Cuando tenía unos 10 años, vi Aliens por primera vez. Inmediatamente mi cabecita infantil se saturó de imágenes de monstruos babosos despedazando a soldados futuristas armados hasta los dientes, y fuí muy feliz. Me compraron alguna vez un muñeco de Alien? Obviamente no. A modo de reemplazo recurrí a los Playmobil Playmospace. Creados originariamente con el pacífico (y extremadamente aburrido) propósito de jugar a minar asteroides en busca de metales semipreciosos, mi imaginación decidió rápidamente que sus radios eran fusiles de asalto y sus palas excavadoras, torretas antiaéreas. Sí, era un pibe re flashero. En cuanto a los aliens propiamente dichos, no tenía absolutamente nada que se les pareciera. Me limitaba a hacer de cuenta que estaban ahí. Igual en la película tampoco se veían mucho, seamos honestos…

playmospace
They’re coming out of the goddamn walls!

• Rambo: Todo niño nacido en la década de los ’80 tuvo, como mínimo, un muñeco de Rambo. Incluso la mitad de las niñas tenían un muñeco de Rambo, probablemente por error. Yo? Jamás. “Para que querés a ese tipo violento que mata turcos? Jugá con los animalitos de tu juego de granja, que son tan lindos.”, me decía Mónica. A modo de reemplazo, hurtaba de la habitación de mis hermanas al novio de turno de Barbie, le ataba con un elastiquín cualquier cosa que se pareciera a un arma, e imaginaba con todas mis fuerzas que se asemejaba mínimamente a Sylvester Stallone. Fracasaba patéticamente. En una ocasión mi madre (o mi abuela, no me acuerdo) decidió comprarle a mis hermanas un novio plástico nuevo, pero cometió el error de confundir con Ken a un muñeco llamado “El Temerario”. El Temerario, como su nombre da a suponer, parecía ser un tipo duro y violento, capaz de reducir al adulto promedio a las lágrimas con solo mirarlo. “Esta es mi oportunidad de tener un juguete de verdad!”, me dije… en esas épocas conservaba todavía mi inocencia. Para mi desgracia, mis hermanas se lo llevaron antes de que pudiera apropiarlo. En menos de una semana el “temerario” tomaba té de Boldo y escuchaba a los Bee Gees. Incluso desarrolló articulaciones en los tobillos que le permitían realizar gráciles pasos de ballet. (Ojala estuviera exagerando…)

• Robotech: Ah, Robotech. Si naciste en los ochenta, sos nene, y no tenés un miniorgasmo ante la sola mención de Rick Hunter, estás muerto por dentro. Absorbía cada segundo de ese dibujito como si no hubiera un mañana. De mas está decir que mis padres jamás atinaron siquiera a barajar la idea de comprarme un VF-1 Valkyrie de juguete. Durante un tiempo, iba a jugar a la casa de ese vecinito insoportable que todos tenemos… lo odiaba con pasión, pero tenia un Veritech transformable de 30 centímetros de altura. Una vez que esa amistad interesada se fue al tacho, no me quedó mas remedio que usar mis manos. Si, mis manos.

gerwalk
A la izquierda, un VF-1 en modo Gerwalk. A la derecha, mi mano.
Alguien lo ve? No estoy loco…

• Armas de Fuego: Jamás tuve una de esas metralletas que tiraban chispas y hacían ruido a licuadora cuando tirabas del gatillo. Ni hablar de pedir una pistola de aire comprimido. Me estaban completamente vedadas… incluso me retaban si usaba las de mis amigos. En una época tuve una pistola de agua, pero sólo porque tenía forma de tortuguita y mi madre nunca sospecho de ella. La solución la encontré en un trípode de cámara filmadora. Una imagen vale mas que mil palabras:

minigun
Yo me sentía Terminator con mi trípode.

Bueno, y así podría seguir.
Tortugas Ninjas? Las robaba de las tortas de cumpleaños de mis compañeritos.
Cazafantasmas? Venían unos de goma, medio deformes y de color marrón, en unos chocolatines baratos que vendían en el kiosco. También dedicaba horas y horas de mi vida a dibujar mochilas de protones en mi cuaderno de Lengua. Jayce y los Guerreros Rodantes? No me acuerdo exactamente… creo que agarraba autitos de juguete y les pegaba pedazos de malvón al techo con cinta scotch.

Por lo menos ahora nadie puede decirme que la televisión me atrofió la imaginación.

Anuncios

#nocheretro

10 Dic

De vez en cuando para aflojar con tanta densidad del blog, me gusta intercalar, así como en la vida también intercalo y  me encanta reírme, hacer chistes y ser payasa, escribir algo más light.

Esta noche estuvimos en twitter con el hashtag #nocheretro. El Timeline explotó. Igualmente no escapé a mis reflexiones. Las comparto. Y un videito al final!

Carla

  • Vi ET en el cine, jugué con Barbie Tropical, Miraba Heidi y Tom Sawyer en Telejuegos, Burbujas; Robotech, Heman, Shera y Mazinger
  • Mi primer cassette fue Thriller de Michael Jackson, escuchaba Abba; Camilo Sesto y Franco Simone y Credence por mis viejos
  • Mi primer album de figus fue de ET, después: Frutillitas, Rainbow Brite y Ositos Cariñosos.
  • Atención: Ame Mazinger: yo quería ser Soiaca
  • Atención: estaba enamorada de Strabucco en Señorita Maestra
  • Atención: Yo quería que Minnie May se case con Rick. Odiaba a Lisa
  • Atención: Y quería ser Meche.
  • Yo compré el muñeco y la remera de Goma Goma.
  • Era líder en mi colegio, gestioné un proyecto de hogarescuela a los 6 años y vendía albumes truchos para juntar plata
  • Estaba enamorada de Tino de Parchis también
  • Arreglaba los cassettes con un lápiz
  • Coleccionaba Trolls
  • La muerte de Mufasa fue un suceso dramático y traumático
  • Me encantaba Berugo y su “porque aquí, lo sueños se hacen realidad”
  • Yo escuchaba a Cindy Lauper, nunca me gustaron Los Goonies, era fan de Michael Fox
  • Yo esperaba horas a que pasen un tema en la radio para grabarlo en casette
  • Atención: Lisa de Robotech mosquita muerta con el flequillo y su voz de nada.
  • Atención: Pido disculpas si escribí mal LYN MINMAY, no sabia leer ni escribir! Es un recuerdo meramente acústico!
  • Yo pasaba horas jugando a….WONDERBOY y nunca llegué a la patineta

Mis problemas con los hombres empezaron con Minnie May y Lisa?

  • Atención: Yo me enamoré de David Bowie en laberinto (?) y quería ser Sara
  • Yo tenía relojes de plástico que perdía cada dos días
  • Yo quería ser paquita argentina y pase solo una ronda y me echaron! Jaja
  • Yo miraba Angel la niña de las flores y quería que se besara con el misterioso e imitaba las voces de Rope y de la gatita. Odiaba a Malina
  • Yo miraba Heman y Shera solo para ver a Orko y buscar al bichito que se escondía al final…

#yoconfieso Lloré cuando en la historia sin fin el caballo de Atreyu se muere en el barro :S #traumainfantil

  • Moría por la publicidad “primer amor” de Coca Cola y quería ser una de los niños que cantaban “Un mundo mejor”
  • Yo envidiaba las tetas misiles de Afrodita! 😛
  • Yo odiaba a pelin y al Sr Televisor #nocheretro

Los 80s la mejor infancia #nocheretro

Los arquetipos de hombres y mujeres que marcaron mi infancia.

Pero, hoy:

Sigo enfrentada a la mujer “mosquita muerta”

Me gustaba Soiaca y odiaba la pasividad de Lisa. Me doy cuenta que sigo siendo la Soiaca que no elige el galán y me siguen dejando por las Lisas.

Sigo buscando Strabuccos y queriendo ser Meche. Jodida, jodida, rebelde, contestadora. Pero en el fondo noble.

Sigo enamorándome de déspotas a lo David Bowie?

Sigo coleccionando Trolls?

Y cuando estoy triste…escucho a Cindy Lauper.

Y me sigue gustando Camilo Sesto. Y no me importa nada lo que piensen.

Solo espero que, aunque Rick eligió a Lisa, que en mi vida adulta, la realidad sea distinta a la ficción, aunque sea solo una vez.

Un regalo:

sobre rectas, curvas y puntos. (1)

8 Dic

Existe lo que se llama el pensamiento visual.

Arnheim afirma que  ” todo pensamiento (y no sólo el pensamiento relacionado con el arte u otras experiencias visuales) es de naturaleza fundamentalmente perceptual, y que la vieja dicotomía entre visión y pensamiento, entre percepción y razonamiento, es falsa y desorientadora. Incluso los procesos básicos de la visión implican mecanismos típicos del razonamiento e indica la existencia de resolución de problemas en las artes y de imágenes en los modelos mentales de la ciencia”

Que significa? Que cuando pensamos, sobre todo a determinadas personalidades, las palabras nos son insuficientes; o debería decir: La falta de capacidad de expresarnos en palabras reales, nos deja una sensación de insuficiencia.

Las palabras no ayudan, no agotan, no sirven para expresar lo que queremos expresar.

Uno se queda con la sensación de poco, de no poder expresar toda la fuerza que se quiere transmitir. (algo de lacaniano?)

Debería agregar en mi caso, acompaño con todo el cuerpo: gesticulo demasiado, enfatizo con la mirada. (sepan disculpar así mi falta de talento en la escritura, pero sobre todo, mi desidia para editar)

Establecida esta base, una de las figuras que uso a veces (cuando puedo acompañándome de un papel, dibujando enérgicamente) proviene de la geometría.

Tengo mucho esta charla con amigas,  y últimamente con un par de amigos.

“Hay gente que vive su vida como una línea recta” le dije a Ramiro_ un día.

“Que”_ me miró mal.

“Si, como si a un punto en la vida, le sigue necesaria y en forma consecutiva sin interrupción otro, y está bueno cuando fluye el deseo por allí, queremos ese punto siguiente, lo anhelamos… Pero qué pasa cuando se siente como algo programado, más por seguir la seguridad que nos da la recta, cobijándonos en ella, de ser iguales al resto, la falsa sensación de que estamos haciendo así las cosas bien porque al fin y al cabo es una recta prolija, directa, estable?”

Yo me siento una recta corta, interrumpida por súbitas, peligrosas pendientes en subida, agudas depresiones, un rulo por aquí, una recta de repente. Nada de rectas prolijas, en una sola dirección.

Cuanto anhelamos y cuánto más seguro es la recta?

Que se entienda: no desdeño las rectas. Solo un poco de anhelo, solo un poco de lamento de ser demasiado consciente de que existen las rectas, y a hasta planificadas por las instituciones.

El problema es cuando la recta lo dibuja a uno y no, uno elige dibujar la recta. El típico problema de pasividad o tomar las riendas?

Ayer estuve con otro buen amigo, Charly, tomándonos algo en nuestro bar inglés. Un poco de filosofía, un poco de alcohol de parte de él, un poco de gaseosa light para mi…

Con Charly nos identificamos mucho por momentos, por otros, nos relajamos. Conversamos del tema.

Charly:  “Ahora es fácil explicarte que dos rectas no se cortan en más de un punto mientras vivan. Prefiero saberme una recta paralela. Y que aunque no tengamos ni un punto en común viajamos muy cerca, unidas en el tiempo. No somos más que rectas que buscan su meta”

Diferí, acusada de ser una recta:

“Yo creo más en que ser una recta es una elección; a mi a esta altura, me gusta elegirme como curva. Si alguna vez hago el camino recto, será por elección pero con el deseo de serla”

No podía esperar el remate final. La puñalada final en mi orgullo.

“Carla, no es solamente eso. También significa q cuando te cortas, el momento de cruce es fugaz y empezas a alejarte. Pensá que las vidas que crucen en nuestras vidas serán pequeños parentescos indirectos que vamos a poder compartir de camino. Es bueno saberte mi recta paralela. En geometría se las llama semejantes”

“Vos sos mi recta semejante más cercana”

Me mató.

Preferible ser recta semejante y cercana a alejarse indefinidamente en el dominio universal.

Y pensé, en mi afán de no dibujar las rectas que son modelos enseñados y frente a los que siempre me rebelé, (porque no traen necesariamente felicidad), …

no habré expulsado fuera del conjunto y de las intersecciones a unos cuántos puntos más por sostener la curva y no ser recta?

…habré así sido definida por la curva para evitar y escapar de ser definida por la recta?


No hay manera de escapar de la geometría.

20 años después

5 Dic

Me gustó mucho este post de @bilinkis. Sobre quienes somos y quienes queríamos ser. El discurso principal es del cineasta Juan Taratuto.

Espero que les guste como a mi!

Carla

Discurso de Juan Taratuto en el Acto por el 20° aniversario del final del Colegio

Cuando me enteré que se hacía esta reunión, de algo estaba seguro:    “¡No voy ni loco! ¿Para qué voy a ir? Si con los que quiero, me sigo viendo. ¿Qué necesidad tengo de ir un viernes a la tarde al centro?”.

Con el paso del tiempo, de las cadenas de mails y de charlas con los más asiduos, comencé a dejar abierta la posibilidad de asistir. Hasta que hace unos días me llamaron para invitarme a hablar en este acto por el turno tarde.Aula Magna

Lo primero que pensé es: “¿Quien se cayó? ¿Quién dijo que no? ¿Porque a mi? Soy vergonzoso. No me gusta estar frente a mucha gente. No me voy a exponer a pasarla mal. Y encima se supone que uno tiene que decir algo interesante, inteligente, divertido, algo… Encima, por el turno mañana habla Varsky. Es periodista, trabaja hace años en la radio y la tele todos los días… El tipo vive de hablar lindo.  De hablar bien. Así que mejor no voy y listo!”. Les dije a mis compañeros, que tanto hicieron por esta reunión, que me dejaran pensarlo hasta el otro día, sabiendo que no lo iba a hacer.

Me fui a dormir y mi cabeza siguió trabajando. Aparecieron imágenes, recuerdos y sensaciones. Me permití imaginarme acá,  celebrando estos veinte años. Y comencé a preguntarme: “¿Y por qué voy a ir? ¿Porqué no? Mejor me quedo en casa. Estoy tan cansado…  ¿Por qué algunos se pusieron contentos con la noticia y otros no quieren saber nada? ¿Por qué se transformó este encuentro en un hito? ¿Porqué algunos realizan una gran tarea para poder hacerlo y otros borran los mails sin siquiera leerlos?”.

La respuesta es: Porque esta reunión nos moviliza. Toca nuestra fibra más íntima. Se mete con nuestros sentimientos más profundos. Aunque la ignoremos por completo.

Y me parece que toda esta revolución la produce el miedo. ¿Miedo a qué? Miedo. Miedo a vernos después de 20 años. Miedo al contraste. Miedo a contraponer lo que somos con lo que quisimos ser. En la superficie, los cambios físicos. Esos son inobjetables. En lo profundo: Lo que soñamos a lo que pudimos. Porque al salir por esta puerta, hace 20 años, teníamos el mundo por delante.  Estaba todo por hacer. El único límite era el propio deseo.

No sabíamos muy bien quiénes éramos, nos estábamos encontrando, pero creíamos que los obstáculos eran externos. Y que el éxito era sólo laboral y material.

Si era por nosotros, nada nos iba a parar. Y pasaron dos décadas y nos dimos cuenta que no todo pudo ser como lo soñamos, que muchas veces buscamos enemigos afuera, pero que el verdadero enemigo estaba adentro. Que la vida nos puso en jaque más de una vez y que lo que creíamos que era eterno, es bien finito. Aprendimos que el éxito, esta en exacta relación con el deseo de cada uno y que muchas veces tomar el camino más corto no es necesariamente el mejor.

Si miramos hacia adentro, nos vamos a dar cuenta que quizás no somos muy distintos de aquel que se sentaba en el pupitre. Nuestros valores, intereses, deseos y miedos son parecidos. Si pudiéramos volver el tiempo atrás y encontrarnos cara a cara con ese chico o esa chica de 17 años… ¿Qué pasaría? ¿Qué nos echaría en cara? ¿Sería indulgente con nosotros o tremendamente crítico? ¿Cuán cerca o lejos estamos de lo que imaginamos? ¿Cuánto lo estamos desilusionando?

Este encuentro nos obliga a hacer un balance. Voluntaria o involuntariamente, nos contrapone con nosotros mismos. Y no es fácil.

Si yo me retrotraigo a los años del Colegio, creo que a mí me quedaron algunos puntos fundamentales:

1 La Amistad.

2 El amor.

3 La vocación.

Me hubiera encantado decir: 4 El Sexo, pero en mi caso sería faltar a la verdad. Así que me quedo con los primeros tres.

Fueron años difíciles, porque la adolescencia es difícil. Yo hablo con alguna gente que me dice que daría cualquier cosa por volver a la adolescencia. Yo pago por no volver a vivir uno solo de esos días. Y no tiene que ver con El Colegio, sino con la revolución interior que provoca esa edad. En la adolescencia uno no tiene mucha idea de quién es. No sabe donde ubicarse. La adolescencia es búsqueda. Uno se esta buscando. Un año escuchamos Iron Maiden y al siguiente Víctor Heredia. Morral y sandalias a pantalón fucsia y zapatos náuticos.  Centro de estudiantes a ir a bailar a San Francisco.

En nuestra división, existían claramente entre los varones dos grupos: el de los líderes, que marcaban el ritmo de la vida cotidiana en el aula y el otro que era un poco mas…quedado. Obviamente yo pertenecía al segundo y era de los quedados entre los quedados, por ponerle algún nombre elegante. Si bien la convivencia fue bastante pacífica entre los grupos, no hay nada peor en la secundaria que SER DISTINTO.

Yo era de los que íbamos a bailar y me llenaba de íntima alegría cuando nos rebotaban en la puerta. Porque siempre la segunda opción era ir al cine o alquilar una película y pedirnos una pizza en una casa, lo que a mí me parecía el plan perfecto. Y de hecho me sigue pareciendo. Eso es lo interesante de esa época, de esa edad. Que si uno podía escucharse y ver qué le gustaba sin entrar en conflicto con el resto, aparecían los gustos y los intereses que aún hoy tenemos.

Y para mí uno de esos gustos era el cine. Y tuve la suerte de que en este colegio existía los sábados un taller de cine extracurricular. En el que se trabajaba con cámaras de video, cuando el video era una novedad en el país. Y durante un par de años hicimos cortos y practicamos. A mí a los catorce años se me abrió un mundo nuevo que me dio la posibilidad de encontrar tempranamente una vocación.  Nadie me dijo que no. El Cine era también una de las posibilidades.

Seguramente todos los chicos de trece años entran a un secundario con ganas de ser físicos, economistas, arquitectos, periodistas, artistas o lo que sea. Pero en pocos colegios existía un curso de astronomía, un laboratorio con láser, un taller de teatro, una biblioteca como ésta. Todo eso genera seguridad en un chico, le muestra que se puede. Y contra eso no hay nada. No hay barrera que puede detener el deseo y la confianza interior.

Yo siento que el Colegio nos inculcó que el conocimiento es el fruto del razonamiento. Y en ese razonamiento, existía la posibilidad de arriesgar, equivocarnos, porque esa era la manera para acceder al saber.  Yo de hecho creo que me acuerdo menos del uno por ciento del conocimiento y de los datos que aquí se dieron, pero aprendí a pensar. A ser curioso, a cuestionar. A buscarle otra vuelta a las cosas. Y principalmente, creo que este colegio nos inculcó la seguridad personal para poder elegir qué hacer de nuestras vidas, sin temer el fracaso. Porque es el miedo lo que paraliza.

Cuando entramos a este colegio en el año 1984, nadie tenía idea de lo que sería el mundo 25 años después. Ni las mentes mas brillantes del planeta podían imaginar la revolución que estaba por delante. Nadie podía enseñarnos como desarrollarnos en un mundo brutalmente globalizado que todavía no existía. En un mundo basado en la ciencia y la tecnología. Pero seguramente en esas horas frente a la Texas TI99, algo en nosotros se modificó. Algo filtró a nuestras mentes. O por lo menos la informática dejó de ser algo extraño. Entendimos que había algo que era una herramienta (¡no sé en esa época para que servía una compu mas allá de para hacer avanzar una tortuga!).  Después solo fue cuestión de adaptarse a la evolución.

Siempre pienso que hay algo que esta mal diseñado. No puede ser que los planes de estudio sean iguales hace 200 años cuando la expectativa de vida era de 40 o 50 años. Alguien se debería dar cuenta que en la adolescencia de ahora uno no escucha.  La adolescencia debería ser un período en donde los chicos se quedan en la casa durmiendo, comiendo, haciendo chistes tontos, apretándose granos y peleándose con los padres y después cuando maduran un poco, comienza la etapa de aprendizaje. Cuando están listos para escuchar, un profesor habla. Mi sensación es que lamentablemente no estaba preparado para la cantidad y la calidad de información que se nos brindó. Para las oportunidades de conocimiento que nos posibilitó. Siento que no aprovechamos todo, mas bien casi nada. ¿Qué recuerdan hoy de la parte curricular? Yo poco. Pero evidentemente hay algo en la forma de estudiar, de pensar, de afrontar un problema, del método, que se ha filtrado, que ha quedado. Hay algo a la hora de abordar un problema que es compatible a todos nosotros y eso evidentemente lo posibilitó el Colegio.

Entonces: ¿Por qué venir?  Si es mucho más fácil escapar. Porque este encuentro ocurre porque hay algo que nos une veinte años después. Algo que sucedió en apenas cinco o seis años pero que ha sido lo suficientemente fuerte y potente como para hacernos estar acá. Como son los compañeros de la colimba o de una guerra. Son momentos fundantes en donde se erigen los pilares, los cimientos de nuestra persona. Uno puede trabajar con alguien mucho más tiempo, ser amigo durante años de alguien, casarse o lo que sea, pero inexorablemente deja de verse. El tiempo pasa, pasamos a otra etapa y no hay ninguna necesidad de volverse a ver. Pero con el colegio secundario pasa otra cosa… Porque es el paso a la adultez, la transición emocional, el momento de definiciones. Y eso esta grabado en nuestra memoria. Y venimos acá veinte años después, a corroborar que todo eso que pasó es cierto. Que seguimos siendo los mismos, que afortunadamente cambiamos, que todo lo vivido y lo sufrido sirvió para este presente.

Estamos acá para ver como crecieron los otros, en que se transformó cada uno, estamos acá para demostrar que no somos tan idiotas como se creía de nosotros, ni tan piolas como nos creíamos. Estamos acá para poder detenernos por un instante y contemplar el tiempo que pasó. Para tener un mojón en nuestras vidas, un punto de referencia. Para poder contraponer todo el tiempo ocurrido de 1989 a hoy. Estamos acá para sentirnos vivos, para creer que falta aún, para escaparle a los años.

Estos 20 años nos agarran jóvenes, con experiencia y con fuerza, pero también con un horizonte más acotado, más cercano.  Igual que a los 18 años, nadie sabe qué sigue para adelante, pero lo que seguro sabemos es que hay que vivir el presente y disfrutarlo. ¡Nos vemos en el 2019!

asir la vida

3 Dic

Les dejo este video, que suelo ver y me encanta.

Hago muchas de estas cosas, entre ellas, bailar en la sala !

Enjoy.

soy Whitney

1 Dic

Como siempre llegué tarde, tarde.

La calle estaba casi desierta, a no ser por los ocasionales chirridos y frenadas de los 152, 64, 68 y 29 que pasan por la puerta.

Una vez más, salió a ver que llegara bien, esperó a que estacione, y se aseguró que entrara a casa sana y salva.

No puedo dejar de sorprenderme como, algo que para mi era tan común y obvio años atrás, ahora me impacta. Acostumbrada (y resignada) a valerme por mi misma, me causa siempre esa sensación de extrañeza y placer cuando alguien me espera y me cuida, sobre todo de madrugada.

Siendo que soy yo la que siempre lo suele hacer por otros. Sin ir más lejos, y a modo de ejemplo,  cuando mi ex europeo se alojó en casa, fui yo la que salió al farmacity a las 3 de la mañana a comprarle las cosas que necesitaba. Soy así, amo cuidar al que amo. Es un poco también, un arte aprendida y un poco también de domesticación.

Volviendo al eje central, ni bien cierro el auto, me avisa que tenga cuidado con la alfombra que dejé en el balcón. “los del cuarto fuman y te tiran las colillas, ojo”.

Cuida mis pertenencias, también, les dije?

Ese día que entre gritos y lágrimas pensé que se quemaba mi casa, fue él quien cortó el gas, y quien me abrió la puerta.

Recapitulando, creo que nuestra relación realmente comenzó el día que, D. llegó, tarde de madrugada y me esperó, acechando.

Yo llegué a las 5 de la mañana, feliz, de una cena linda, y D. me esperaba afuera. Pánico.

El salió y me protegió de ese ex despechado que no entendía razones y quería si o si, sacado, entrar a mi casa.

“Nene me parece que es hora de que te vayas a tu casa”, lo agarró y lo despidió.

Desde ese día, todo cambió.

Me abre la puerta cada vez que necesito, sobre todo cuando vengo del super cargada con 20 kilos de mercadería y mis manos están marcadas a rojo del esfuerzo.

Llamó a la policía ese día que, había un loco suelto en el edificio, y gracias al terror nocturno que supe conseguir y padezco desde mis 6 años, yo estaba freak total.

Me cuida. Ante cada loco suelto que tengo la suerte de encontrar.

Es mi Kevin Costner, el guardia de mi edificio. Merecía estar acá.

A %d blogueros les gusta esto: