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las travestis

19 Ene

Elizabeth Bennet: Charlotte!
Charlotte Lucas: My dear Lizzie. I’ve come to tell you the news. Mr. Collins and I are… engaged.
Elizabeth Bennet: To be married?
Charlotte Lucas: Yes of course. What other kind of engaged is there?
[Lizzie looks shocked]


Charlotte Lucas: Oh, for Heaven’s sake! Don’t look at me like that Lizzie! There is no Earthly reason why I shouldn’t be as happy with him as any other.
Elizabeth Bennet: But he’s ridiculous!
Charlotte Lucas: Oh hush! Not all of us can afford to be romantic. I’ve been offered a comfortable home and protection. There’s alot to be thankful for.
Elizabeth Bennet: But…
Charlotte Lucas: I’m twenty – seven years old, I’ve no money and no prospects. I’m already a burden to my parents and I’m frightened. So don’t you dare judge me Lizzie. Don’t you dare!

Pride and Prejudice,  Jane Austen

Llegué corriendo desde aeroparque con un bolso de mano, una bolsa de free shop, los pelos endemoniados y lentes oscuros, un jogging que me quedaba demasiado suelto y una remera con una estrella plateada…

Como muchas veces no había tenido tiempo de cambiarme para el almuerzo al que tenía que reemplazar a alguien que…no podía asistir.

Pero estaba tranquila, porque con María ya nos conocemos hace unos años; si bien nuestra relación es estrictamente profesional, hay buena onda y podía entender que me presentara tan indignamente para el Standard glam de la industria.

Nada que no se compense con un agua termal de marca francesa en mano.

La cita era en un conocido restó de costanera, a mi alcance rápidamente.

Como siempre nos pusimos al tanto con algunos datos de ventas, los procesos de compra, tendencias, mi viaje a Brasil con la competencia, los futuros lanzamientos y demases. La charla aflojó y pasó al terreno personal que siempre abordamos, y a sabiendas que en realidad tengo formación de psicóloga, me tiró:

(María, 38, 1 divorcio, 0 hijos, 1 buen amor actual y estable)

Car empecé una terapia alternativa, sabes que lo mío no es lo tradicional, pero me pasó algo…raro. El tipo es medio bohemio, super cool, pelo largo, nada de formalismos de diván, me sirve porque es puntual y cuando me cansé y resolví el tema me fui; pero me dijo algo que no se si es bueno o malo

Yo también Mary hice cosas así, acordate de mis años en chi khun y esa movida del tao….puede ser complementario, mientras te haga bien bienvenido sea.

Si ya se, bueno, la cosa que la última vez me dijo: (María es muy delicada y femenina para hablar), “vos sos una mujer travesti”.

What?

Si, le pregunté naturalmente a que se refería.

Qué te dijo?

Que hay una nueva casta de mujeres, un grupo reducido aún, con una diferencia más que abismal respecto la generación de sus propias madres, y que son como travestis: son femeninas, quieren ser madres, son ambiciosas, quieren carrera, quieren amigas, quieren pareja a la par, pero no resignan cualquier cosa por estar en pareja, pueden estar solas durante años, no son remilgadas sexualmente, van al frente, se forman constantemente, quieren todo. La completud.

La mujer con el falo, lo puedo entender, aunque sea discutible , es una nueva femeneidad. Lo que me molesta es porque la palabra travesti: como si fuéramos hombres vestidos de mujer…(verán que ya me incluí en la casta criminalizada) Qué idiota! Me enferma. Porqué por estas cualidades, tenemos que ser hombres? Fijate que es una contradicción: la nueva mujer, pero como no puede ni siquiera asimilarlo, lo debe definir por la negativa, por la masculinidad. Me enfermaaaa….

Escuchate esto! Me dijo: Son mujeres que cocinan, que ponen velas, que se cuidan, pero que no tienen problemas en hombrear bolsas al puerto si es necesario; eso si, con toda la femineidad y delicadeza posible, y las uñas impecables. Pero se la bancan. Realmente no sabía si ofenderme o sentirme halaga por ser, según su definición, completa.

Risas.

Pero eso no fue todo, también me dijo que, son bastante frías emocionalmente. No somos contenedoras, somos poco demostrativas, y que somos básicamente, medio bitchs.

Ah bueno, yo pensé que ya lo había escuchado todo….Entiendo que la femineidad se asuma como pasividad; y que al tener roles activos, de iniciativa, eso se vea como masculino. Pero hasta qué punto no nos queda otra? Hay cosas que yo elegí diferente a mi madre, y no me arrepiento en absoluto, mamá es muy dependiente y nunca buscó su propio deseo, se suma en una angustia sin objeto; pero hay una parte que no me ha quedado otra que tomar la posta. Vivo sola, llego sola tarde, nadie me espera, nadie me hace los mandados, nadie me pasa a buscar para que yo no maneje, en fin, ha sido pura adaptación y aceptación de la vida que elegí.

Lo mismo le dije yo…ah, ahí viene…

la que venía y se sumaba a la mesa era Estela, una compañera de trabajo mía. Digamos para resumir, que Estela no entraría jamás en nuestra casta travestida. Estela no puede estar sin pareja dos días. Y todo lo consulta. Es incapaz de tomar una decisión fuera de la díada. Suelo comparar sus llamadas co-dependientes por teléfono como si fueran relatos de un comentarista de fútbol que va marcando cada toque que se da. Jamás sale sola de noche a comprar algo al super, tampoco. Cortamos el tema, obviamente.

En eso, se escucha un canto de feliz cumpleaños a la izquierda.

Una pareja de ancianos, prácticamente de 90 años (o más!) frente a sus dos nietos de alrededor de treinta , recibían la consabida torta del lugar. Miramos la escena, como así lo hizo todo el restaurant.

Al soplar la vela, el anciano lloró y se tapó los ojos. Cómo podría mostrarse débil.

Los nietos lo abrazaron. La mujer, de un color de cabello tan blanco y tan escaso que enceguecía, lo abrazaba también y le besaba la mano. No había sido olvidado, o simplemente siendo saludado por teléfono; en su 90º aniversario estaba siendo agasado por sus nietos jóvenes que podría tener cualquier otro plan. Eso fue lo que pensé.

Se me humedecieron los ojos.

Miré a María y estaba llorando. No me hizo sentir tan sola.

Estela nos miró y nos dijo “ay, son tan boludas ustedes”

Si, las bitchs, las de sangre fría.

Travestis y tan, tan completas, que también lloramos.

el fin de la mala suerte serial?

23 Nov

“Dicen que todo lo que nosotros estamos buscando, también nos busca a nosotros y que, si nos quedamos quietos nos encontrará. Es algo que lleva mucho tiempo esperándonos. En cuanto llegue, no te muevas. Descansa. Ya verás lo que ocurre a continuación.”


Mujeres que corren con los lobos, Clarisa Pinkola Estes

 Vera mi besta, abrió su blog a partir de la más que hipótesis de la mala suerte serial.

En madrugadas dolientes con tés importados y lágrimas ante nuevas desiluciones amorosas, elucubramos esta teoría.

 La parte que me toca a mi en su hipótesis, tiene que ver con fenómenos astrales. Cuando el racionalismo y la psicología analítica que tan bien me he es ponderada, incluso se dice que es uno de mis dones y por especialistas en el tema!, no explican la catastrófica sucesión de eventos consecutivos de resolución desfavorable, me vi compelida a salir del racionalismo y sus paradigmas y apelar al pensamiento mágico: son las estrellas.

 Que se entienda: en tiempos de desesperación, y cuando este se ha prolongado en años, me gusta jugar como cuando tenía 5.

Hace tiempo la pitonisa me hizo una carta natal. Vi proyectada en ella gran parte de mis fortalezas, debilidades, obstáculos y oportunidades de una manera que aún para una descreída como yo lo era, me shockeó.

Luego leí el Tao,  y me hice una investigadora de paradigmas orientales, de buscar explicaciones del mundo y sus eventso mãs alla de la cosmovisión occidental, avalada por el positivismo cientificista y el dualismo cartesiano.

Yo naci complicada. Saturno me ha jodido la vida desde hace 6 años.

Resulta que cuando nací, ya mi abuela me contaba que me gestaron en la noche de la famosa tormenta del 77, que rompió techos, ventanas. Un vendaval.

Tengo una carta natal rara, con el elemento aire en desproporción abismal, unas tiradas de tarot siempre llenas de oros pero con mucha luna dando vueltas, con una falta de confianza en mi misma mas que importante.

Hasta 6 años atrás, Carla era una de las afortunadas.

Carla era exitosa con los estudios, hombre que quería, lo tenia. Economicamente sin preocupaciones, si quería viajar viajaba. Amigas tenia muchas, y era muy reconocida en mi grupo incluso como una de las divinas.

Hasta que, Saturno empezó a moverse en mi astrología.

Todo empezó a salir mal.

El hombre con el que me iba a casar no era el hombre de mis sueños, aun amándolo. Estaba bien para ese momento, pero para el futuro? Podía continuar la vida sin tanto cuestionamiento, más fácil, o dejarlo.

El trabajo que tenia empezó a ser una pesadilla donde cada oportunidad que surgía, aparecia una bitch que me obstaculizaba crecer, en situaciones increíbles, donde siempre en el último minuto se me cerraban las puertas.

Empecé a escuchar más veces de las que quisiera esto de  ¨solo a vos te pasan estas cosas¨. Situaciones incrébles, injustas.

Empece a darme cuenta que mi grupo de amigos era bastante superficial y que tenia que realizar una gran, gran poda, dolorosísima.

Y empece a ser otra mujer.

Y empecé a elucuburar la teoría estelar, a intuirla. Hay, para ser bien simplistas y reduccionistas, una parte del mundo, las más de las que interactúo que se encuentran en un 50 % donde los eventos son favorables, las cosas salen fluidas, hay dificultades pero de calibre menor, o las tragedias son esporádicas y no consecutivas.

El gran problema es interactuar día a día con esta porción.

De estar en mi mitad ubicada, desgraciada, me sentiría menos freak. Todos seríamos igualmente desgraciados, con incluso la ventaja de ver que hay algunos más desgraciados que vos y gozar asi de leves momentos de sentirte no tan miserable.

La realidad es que también esta teoría sostiene que es cíclica, con lo cual en cuanto las cosas empiecen a cambiar para mi, se les empieza a complicar a la mitad hoy afortunada.

Una serie de eventos me están marcando el fin de la mala suerte serial, al menos por un tiempo, y también de aquellos que forman parte hace años de esta zona maléfica.

Eventos locos suceden donde el factor buena suerte resuelve en mi favor. Una y otra vez. Desde el trébol.

Un saco que pierdo en la calle, y lo encuentro 8 cuadras atrás 4 horas más tarde.

Me siento en una conferencia y la mujer a mi lado es una capa total de aquello a lo que yo aspiro, y no solo se copa conmigo sino que intercambiamos datos, y proyectos.

Me reconocen en uno de mis trabajos, como fantástica.

Me están surgiendo fluidamente proyectos nuevos que me entusiasman y mucho.

Fluye todo, todo sale solo, oportunidades, salidas, nuevas personas, corre fluído, no detiene, no para.

Pero sobre todo, empiezo a ser feliz con el momento actual. Lejos de pensar siempre a futuro, me permito disfrutar del hoy a la noche, de preparar una buena cena para alguien especial, de mimar a mi gata, de jugar con mi ahijado Juan, de ver a mis amigas.

A veces para ser feliz hay que pulir. Pulir no es ta tarea facil; como el duelo, implica dolor. Dolor por lo que no es o no puede ser. Una de las tareas este año fue la de hacer un leve recorte de jardinería quitando la maleza, sacando gente con mala vibra, gente copada pero que no aporta, gente que no sabe valorarte.

Pulir y Podar  es tan doloroso que a veces he tenido que dejar en el camino a gente que amaba.

No es fácil pero, ya se ven los resultados.

Porque el corazón tiene una capacidad limitada, y hay que hacer espacio.

Limpieza de disco.

Formatear.

El trabajo de hacerse una la mujer que una quiere, reencontrarse con esa que una quiere ser, desde siempre, incluso desde antes de saber como queríamos ser, tiene mucho trabajo encima, mucha valentía, mucho dolor.

Exige CREER en una.

Porque antes yo ERA para otros. En función de un otro.

Porque hay que aprender primero a SER para una.

Porque lo que tanto buscaba, era a MI MISMA como quería.

Hoy soy feliz, disfruto de mi soltería, no espero ningún príncipe que me rescate.

Porque yo ya me rescaté  sola.

ex modelo 1

5 Nov

“The devil has put a penalty on all things we enjoy in life. Either we suffer in health or we suffer in soul or we get fat.”

Albert Einstein

Ayer estuve de compras. Cada vez que emprendo una limpieza de placard en casa, necesito automáticamente “reparar” tall herida narcisística (análisis?) con unas compritas.

Por lo general me debato entre el ahorro y la compulsión por las compras, aunque con los años he mejorado notablemente mi propia acumulación capitalista.

He descubierto en los últimos 2 meses ese local de las hermanas Rosadas  al costado del río. Harta de los precios de las casas de ropa que no justifican sus costos de ninguna manera, caminando encontré con el tiempo localcitos con buena ropa y donde un pulóver no te sale $1200 ni una remera para laburar $350. Traen ropa de calidad, nacional e importada,  talles de todo tipo, tienen diseño, originalidad y muy buen gusto. (Y trabajo en esto)

Y, pequeño detalle: las chicas que atienden no son perras. (léase bitchs)

Mientras me probaba ropa plácidamente sin temer que nadie me abriera intempestivamente la cortinita al mejor estilo de “Y? como te quedó?”, recordé la última vez que fuimos al shopping con mi amiga Lucero.

Lucero se peleó con su novio el último año. Tras 7 largos años de noviazgo, descubrió no solo que la había engañado sino que además, tenía un bebé de 8 meses a 10 cuadras que mantener.

Tras el shock inicial, y el apoyo de sus amigas, Lucero fue recomponiéndose.

Aunque no sin ningún costo.

Lejos de tomar tranquilizantes o embeber sus penas en jarras de alcohol nocturno, Lucero se dedicó a otra cosa.

Tipo compulsión.

Primero 1, luego 2, luego 4, y hoy lleva en su haber 18. Sin parar, uno tras otro, fue engrosando la lista. O ella misma.

No, no se dedicó a la conquista intempestiva y fugaz de amores de una noche.

18 son los kilos que ganó en este tiempo de penurias, comiendo las penas una tras otra, como si las quisiera enterrar bajo un manto de grasa corporal.

Ese día, mientras me comentaba sus sesiones de diván, recorríamos el vestidor de selecto local de ropa de moda (y de marca).

Nos probamos de todo. Nada le entraba.

Tratando de ayudarla, yo misma he estado en su lugar, buscábamos cortes favorables, pero el tema excedía el corte.

La ropa no entraba, el talle XXL no encajaba.

Lu, desesperada, ex modelo publicitaria, empezó a lagrimear.

“Quizás debieras recorrer los localcitos de la calle Avellaneda”_ sugirió despectiva e irónica la empleada del local, de flequillo recto, lentes de contacto, botox en labios, nariz operada, 45 kilos aprox, jeans ajustados, mientras le sacaba las perchas de la mano.

Lu lloró y cerró la cortina.

Enceguecida no pude evitar decirle:

“valés tanto como querés ocultar, barata”

No son los hombres. (no todos al menos)

Son las minas.

Somos nosotras mismas las que acusamos, señalamos, remarcamos.

Los puntos neurálgicos. Los puntos donde duele.

Por suerte no todas, pero las menos son las que no lo hacen.

Y mientras Lu se recupera de su amor perdido a través de las ingestas desmedidas y sus dietas ciclotímicas, nosotras nos cambiamos de local.

A los locales de las hermanas Rosadas.

Lo único que me hizo prometerle Lucero para ir conmigo fue:

“Por favor nada de contestaciones de novela venezolana a las vendedoras”

dejaré mis sueños de Topacio por un rato…


(continuará)

codigos felinos

16 Ago

Samantha gets an appointment with ball-buster hotel magnate Richard Wright and tries to win an account.

But, he tells her she would need to work with a partner – a male partner. Samantha realizes he just doesn’t want to hire a woman.

Samantha returns to Richard Wright and though Richard admits she’s the best person for the job, he says he won’t hire her because she slept with his architect.

Samantha tells him off :

“If I were a man, you would shake my hand, buy me a drink  and congratulate me for being a ladies man, and then you would give me the job”

Then she  runs into the elevator as she’s about to start crying.

The next day, Richard hires her, saying he’s impressed with her “balls.”

Samantha Jones, Sex and The City

…….

En una de las empresas que trabajé ocupé el puesto de gerente.

Yo era la gerente de marketing, y hacía soporte a ventas, a la vez que regulaba los materiales que venta debía entregar: POP, diseños de producto, packaging, merchandising y todo el soporte a los puntos de  venta (vidrieras, espacios exclusivos, supermercados)

El gerente de ventas era de esos especimenes mitad simio/mitad humano, que hablaba con la boca levemente girada hacia el costado en un tono barrial. Se había “hecho” en la calle, cosa que yo respeto mucho, y ganaba 3 veces más que yo, su par, sino más.

Hasta ahí, nada raro, lamentablemente.

El punto es que nuestro ejemplar a quien llamaremos G. no soportaba tener como par a una chica de 28 años, preparada con posgrados y que, no se había hecho en la calle, sino en la universidad. El respeto que yo tenía hacia él no era recíproco. Mi ser mujer le agradaba menos. Le molestaba tener que seguir mis pautas, tener que seguir mis bajadas.

En los almuerzos, se hablaba de: atorrantas, fiestitas, cierre de acuerdos con clientes en cenas a la noche donde además era condición excluyente llevar “gatos” para satisfacer al cliente en su esplendor. Todo lo que yo había visto en CRM, en la construcción del vínculo con el cliente en la Facu no me alcanzaba para estar a la par. Al contrario, era considerado inapropiado e inútil.  Entendía que esto era algo que existe, que está, que es real, y que no está en los libros. Y maravillosamente, así se cerraban los acuerdos, uno tras otro. La construcción del vínculo con el cliente estaba, lo relacional también, el persona a persona, pero los códigos implícitos en esas relaciones, me excedían. Quiero aclarar que no nací ayer y sé que esto existe hasta en las más altas esferas. No nos engañemos.

No quería quedar afuera, y como la opción de ser Gato no era para mi, decidí que no me iba a excluir por no poder seguirles el tren en las conversaciones. Recordé una de mis otras máximas “el techo de cristal nos los marcamos nosotras mismas las mujeres, a no discriminarse”

Así, un viernes en la noche en conocido resto de San Telmo, estábamos los muchachos y yo. Había algunas de las promotoras de venta, y la estábamos pasando genial. Me presentaron a los clientes. Uno a uno, establecíamos un diálogo acorde, risas, la verdad que la cosa ‘taba saliendo bien. Hasta empecé a notar que estaba torciendo la boca al costado para hablar ja! (mentira)

La gerente de Planificación también había sido invitada. Universitaria, siempre nos habíamos llevado muy bien. Pero empecé a notar que poco a poco, ella corría su lugar. Mi ojo de psicóloga nunca me abandona y observé que empezaba a querer ser parte de ese mundo masculino. Como la hermanita menor que no sabe que hacer para “pertenecer”, escuché guasada tras guasada, hasta que se convirtió en un amigo más. Poco a poco, promotoras se sumaron a este club. No juzgo el pasarla bien, pero esto no era una salida de compañeros, era una reunión con clientes.

Me replanteé si quizás este trabajo no era para mí. Si la equivocada e ilusa era yo.

Me pregunto cuántas veces para “pertenecer” al mundo masculino se decide jugar con sus reglas.

Me pregunto cuántas veces lo habré hecho. Me doy cuenta que me he masculinizado con los años en el mundo laboral, siendo más enfática, agresiva en mis argumentos.

Apuesto a construir nuestras propias reglas y con el tiempo, ellos también tendrán que convivir con las nuestras. Y aquí va el cierre:

El gerente de ventas se me acerca y me dice “ Dale, cuándo vas a aflojar? Diego …quiere estar con vos, la de marketing, le gustas”

Yo, riendo “….Diego no es mi tipo, ni esta empresa me parece”

El lunes planteé mi renuncia al Director Comercial, aduciendo la realidad de los códigos implícitos y de todos los factores críticos que exceden las carpetas de presentaciones que se requerían en su empresa para llevar a cabo una buena performance. “Esta no es mi área, J., y eso que pensé que el negocio de la belleza de la mujer era para mí”

J. escuchó y me pidió un par de días.

V. mientras, la otra gerente, seguía acompañando sus almuerzos con “birra, faso y faina”. Se sentía más viva que yo, claro.

Yo empecé a almorzar con las secretarias y las diseñadoras. Me sentía muy mal esos días. Quizás ser maestra jardinera?

A la semana J. me ofreció trabajar el canal Premium.

“Son más tus códigos, en vez de birra, te doy champagne”. Y todo cambió. Mis clientes, la mayoría mujeres con planchita estricta y ropa de marca, al menos, hablan de hombres, de relaciones, de fracasos, de citas. Me siento en mi salsa. Pero ahí,  yo no tengo tarifa.

Debemos establecer nuestras reglas.

“Lo femenino” según Freud no existe en el inconciente. Que quiere decir esto? que no hay representación en lo incc del ser femenino, la pregunta que quiere o que es una mujer es eso.  (please evitar interpretaciones literales que tanto han bastardeado al psicoanálisis). Y por lo tanto, al no existir en lo inconciente,  imposiblemente en lo conciente.  Solo se define en la medida comparativa con lo masculino. Solo adquiere categoría de real  midiéndolo con un opuesto y no de por si.  Y por eso nos cuesta tanto hasta a nosotras definirnos. Y ni hablar de las consecuencias: discriminación, violencia, por citas unos pocos.

Esto no es feminismo, es realidad. El feminismo solo surgió con esa fuerza desmedida y unpoco equívoca de la única manera que podía surgir: como opuesto, antagónico, lucha de roles. No convivencia, como lo desearíamos. No como entidad propia diferente en su naturaleza a lo masculino y con confrontandose a el.

Para que adquiera status de representación en lo inconciente primero debe definirse en las prácticas como único, diferente, sin comparaciones. Y esto llevara siglos, también.

Lo femenino, la esencia de la mujer, es poderosa chicas. The rose, intrínseca en nuestras almas, o la loba si prefieren, está ahí, dentro nuestro, un poco fue vapuleada en corsets ceñidos,  pero está. Úsenla.

post it (parte 2)

1 Ago

Con el correr de las semanas, me fui perfeccionando en las más diversas áreas: cafés, tés, lágrimas,  cortados, capuccinos, descafeinados, todas tareas de alta performance.” Algún día todo esto me va a servir, me está probando”, pensaba.

Pero la Miranda Priestley del subdesarollo que era V., nunca estaba conforme. Mi superyo exigente quería satisfacerla, y siempre trataba de dar lo mejor de mi develando una postura patológica de complejo de cenicienta que por suerte poco a poco iba dejando atrás.

A la vez que me desempeñaba en mis tareas, pasé a asistir simultáneamente al gerente de Ventas, muy cercano al Ceo de la empresa. Primero redactando word for word sus mails, luego al ver que tenía más neuronas de las que él creía, fue dejandome sola hasta convertirme en ejecutiva de cuentas de muchos de sus clientes. Empecé a tomar vuelo, y eso no gustaba a V.

Es así que un día, enojada, llega y me tira su tapado para que lo cuelgue. Yo, al borde de la paciencia, no dije nada.

“Car, voy a recibir a gente, (algunos amigos personales de ella), te voy a estar pidiendo asistencia así que te pido que estés atenta y no te muevas del sector”.

A los 20 minutos, cayó la gente.  Aduladores profesionales, se sentaron y se rieron en su oficina.

Mientras atendía a algunos de los clientes de ventas, por teléfono, ella se acercó y  sin dirigirme la palabra, me pegó alrededor de 15 posts its sobre mi escritorio, monitor, teléfono.

Intrigadísima, fui leyendolos mientras ella, se retiraba. Cada uno de ellos decía “1 café”; otro, “un cortado”, otro “un capuccino” y así.

El gerente de ventas maldijo por lo bajo y me pidió que en cuanto terminara necesitaba que lo ayudara con una meeting importante con clientes ingleses. Mi inglés era el mejor de toda la empresa.

Así que me puse manos a la obra. Con los precarios elementos de la cocina, hice las más exquisitas variedades de cafés, siempre guiandome por el color correcto que yo tenía en mi mente como parámetro de “un buen café”, tal como V. lo llamaba. Salvo que, fui excediendo en altas dosis el color marrón del café, para mitigarlo con altas dosis de leche en polvo. Así llegaba al colorcito deseado. Intomables, yo sabía.

Con una amplia sonrisa fui sirviéndolos. Uno a uno los iba depositando en la mesa.

Les presento a nuestra secretaria, es nueva, pobre_ señaló V. , ante la mirada caritativa de todos.

Me dirigí al despacho de ventas con mi otro jefe y esperé.

Se escucharon algunos gritos de V. y risas por demás.

Mi jefe me sonrió y seguimos redactando mails.

Los pseudo amigos se retiraron a los 10 minutos con V., quien nunca más me pidió un solo café.

“Esta mina no sirve para nada”, escuché.

Y yo fui ascendida a Ventas.

post it (parte 1)

31 Jul
Stepmother: [looking for Cinderella] Cinderella! Cinderella! Cinderella! Oh, where is that…
Cinderella: Yes? Here I am.
Stepmother: Oh. My daughters- where are they?
Cinderella: Uh, I think they’re still in bed.
Stepmother: Oh. Well don’t just stand there. Bring up the breakfast trays at once and hurry! Stepmother: [looking for Cinderella] Cinderella! Cinderella! Cinderella! Oh, where is that…
Cinderella: Yes? Here I am.
Stepmother: Oh. My daughters- where are they?
Cinderella: Uh, I think they’re still in bed.
Stepmother: Oh. Well don’t just stand there. Bring up the breakfast trays at once and hurry!

Stepmother: [looking for Cinderella] Cinderella! Cinderella! Cinderella! Oh, where is that…

Cinderella: Yes? Here I am.

Stepmother: Oh. My daughters- where are they?

Cinderella: Uh, I think they’re still in bed.

Stepmother: Oh. Well don’t just stand there. Bring up the breakfast trays at once and hurry!

(Cenicienta, 1950 film)

Mi primer trabajo en serio. El primero full time, luego de recibirme, ropa nueva, inocencia, expectativas. Pensé, es temporal… hasta que veo en qué me especializo…pero terminó siendo definitorio y estuve en él por 4 largos años.

El puesto era asistente de marketing, pero tenía más de asistente que de marketing. Al fin y al cabo, el marketing era lo que menos me interesaba. Empresa de cosmética, argentina, con poco glam y mucha pretensión, me tomaba el tren todos los días a las 7 de la mañana.

Mi tarea básica era la de atender a los consumidores una onda call center para, luego, realizar encuestas y análisis de comportamiento. Por eso buscaron a alguien con perfil humanístico, y, de bajas pretensiones salariales.

Vivía aún en la amplia casa familiar suburbana, y no tenía muchos gastos. Invertí un poco en algunas prendas de marcas, por fin me podía dar ese gusto! y, en un curso de posgrado en comportamiento del consumidor, en la facultad de psicología, con orientación en marketing. Muy suitable para el puesto. Muy responsable y autoexigente de mi parte.

Pero, V., mi jefa, tenía otros planes para mí.

Con toda la buena predisposición de pagar el derecho de piso, me pidió un café. Luego un cortado. Debo confesar que jamás en la vida había hecho siquiera un té o un huevo frito, con lo que, al ver los nefastos resultados, me puso como coach a Isabel, la estilista. Quien iba a convertirse en una gran amiga, hasta el día de hoy.

“Tenés que hacer así, ves?”, replicaba Isabel, ante mi atenta mirada. De nada valieron la medalla de honor, ni mi ICQ, esto era algo complejo. El filtro, el equilibrio entre café, leche y azúcar…que el botoncito rojo, que la vajilla… Mientras mi pasado de nena bien quedaba atrás y feliz de ser la aprendiz me introducía en el mundo de esta nueva herramienta, noté que, tras fallidos intentos, la única cosa que podía hacer para no fallar, era tomar el punto de color como parámetro de que estaba bien hecho. Un pauta de diseño al mejor estilo  la escala pantone que acompaña mis días hoy, cuando defino un packaging. Me fijé el color que “era un buen cortado” y así lo memoricé, porque si hay algo que no me falla, es la memoría. (no, Vera?)

Pronto fui Maru Botana para el gerente de marketing H. cuando escupió el café sobre los informes de uno de nuestros mejores clientes, y para mi jefa V., lo peor que le podía pasar…

tercera en discordia

29 Jul
Tercera en discordia
In modern war… you will die like a dog for no good reason.
Ernest Hemingway
The bitch es la jefa que todos tuvimos alguna vez.  A veces las peores enemigas, son las mujeres. O determinado tipo de mujeres. Y como las hay Melanie, abundan las Sigourney Weaver.
Sabri tenía dulces 22 años cuando ingresó a su primer trabajo full time en una compañía multinacional en Puerto Madero. Sabri era ingeniera, un posgrado en curso, y una medalla de honor en su historial.
El primer día estrenó lo mejor de su closet, las mejores marcas, y el mejor estilista. La emoción de poder, al fin, dar lo mejor de sí, brindar todo su potencial, derrapar energías contenidas en tantos años de sacrificio, la inundaba.
Tan radiante acudió Sabri a su primer día, que su brillo atrajo la atención de todos.
Especialmente de Esteban, el gerente de ventas. Cuarentón, con largos años en la empresa y un divorcio en su haber con dos hijos de diferentes madres, la frescura de la nueva asistente comercial lo atrapó. Y no solo su frescura, sino también  su juventud, y sus medidas.
Esteban la solicitó a la Dirección General a los 3 meses del ingreso de Sabri a la compañía, como soporte del área, en los tiempos de crisis que corrían. Sabrina se había destacado rápidamente por su inteligencia y predisposición para atender los más diversos temas.
En su primer día de trabajo, Esteban solicitó a Sabrina que, para un mejor desempeño, asistiera con el uniforme del sector que iban a implementar: Portaligas, pantys y mini skirt.
Claro, era un chiste. Pero al inicio “chistoso”, le siguieron sutiles sugerencias, halagos, regalos sin sentido, ante la incomodidad de Sabrina y su impotencia por no poder manejar la situación.
Cuando Valeria, la jefa de Sabrina lo notó, y se vió amenazada de que le arrebataran el amor secreto de Esteban, repentinamente el informe de desempeño a rr hh de Sabrina viró de positivo a muy negativo.
Y Sabrina se encontró despedida por “no cumplir las expectativas”.
A veces, mejor no brillar demasiado.

In modern war… you will die like a dog for no good reason.

Ernest Hemingway


The bitch es la jefa que todos tuvimos alguna vez.  A veces las peores enemigas, son las mujeres. O determinado tipo de mujeres. Y como las hay Melanie, abundan las Sigourney Weaver.

Sabri tenía dulces 22 años cuando ingresó a su primer trabajo full time en una compañía multinacional en Puerto Madero. Sabri era ingeniera, un posgrado en curso, y una medalla de honor en su historial.

El primer día estrenó lo mejor de su closet, las mejores marcas, y el mejor estilista. La emoción de poder, al fin, dar lo mejor de sí, brindar todo su potencial, derrapar energías contenidas en tantos años de sacrificio, la inundaba.

Tan radiante acudió Sabri a su primer día, que su brillo atrajo la atención de todos.

Especialmente de Esteban, el gerente de ventas. Cuarentón, con largos años en la empresa y un divorcio en su haber con dos hijos de diferentes madres, la frescura de la nueva asistente comercial lo atrapó. Y no solo su frescura, sino también  su juventud, y sus medidas.

Esteban la solicitó a la Dirección General a los 3 meses del ingreso de Sabri a la compañía, como soporte del área, en los tiempos de crisis que corrían. Sabrina se había destacado rápidamente por su inteligencia y predisposición para atender los más diversos temas y se perfilaba como uno de los jóvenes talentos de la compañía.

En su primer día de trabajo,  Esteban solicitó a Sabrina que,  para un mejor desempeño, asistiera con el uniforme del sector que iban a implementar: Portaligas, pantys y mini skirt.

Claro, era un chiste. Pero al inicio “chistoso”, le siguieron sutiles sugerencias, halagos, regalos sin sentido, ante la incomodidad de Sabrina y su impotencia por no poder manejar la situación.

Cuando Valeria, la jefa de Sabrina lo notó, y se vió amenazada de que le arrebataran el amor secreto de Esteban, repentinamente el informe de desempeño a rr hh de Sabrina viró de muy positivo a muy negativo.

Y Sabrina se encontró despedida por “no cumplir las expectativas”.

A veces, mejor no brillar demasiado.

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