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La libido de Lara

17 Nov

Lara llegó a las 8:15 sabiendo que la fichada pasada en varios minutos del horario estipulado podía ser causal de una llamada de atención de la gerencia de Recursos Humanos. El mismo murmullo de siempre de sus compañeros seguiría a continuación, con las criticas a sus llegadas tarde, mientras que ellos nunca reparaban en sus más de dos horas de tomar mate, charlas banales sobre la fiesta de fin de año, quién había sido la última que se había hecho las tetas en la empresa, o simplemente el último programa de Tinelli.

Las uñas comidas, sin una gota de maquillaje, el pelo enmarañado y ropa negra “así nunca fallas pero a la vez no tenés que pensar”, le agregaba Lara al look diario un pañuelo de color para disimular el tedio y el embole de tono oscuro; y así poder encarar una vez más la jornada laboral.

Su única confidente era Marga, otra solterona de treinta y largos como ella, de ropas oscuras y pañuelos de color, con quien habían sido las desventuras amorosas más que los puntos en común las que las habían acercado a lo largo de los años en una fecunda amistad. Se reían de la chatura alrededor, de los temas de conversación, sintiéndose ambas una isla en esa oficina, situada en los confines del conurbano, esperando que un día suceda algo que las saque de ese lugar, jugando sus partes neuróticas bajo la forma del cuento de la princesa atrapada en la torre.

“Lara tenés que crearte tu universo paralelo. Sobrevivir acá se trata de eso. Unas se encargan de hablar por teléfono con el amante, otras se encargan de hablar con sus hijos y ser madres vía teléfono, yo me la paso en twitter boludeando; armá tu universo propio y la vas a pasar mejor!”

“Lo sé! Pero no puedo….Entiendo que este laburo les es funcional a sus vidas; si yo no tuviera más ambiciones laborales y tuviera 3 hijos, probablemente este laburo sería perfecto: estoy esclavizada, necesito la guita y no puedo irme.”

Esa tarde Lara tuvo su sesión semanal de terapia. Retomaron los mismos puntos problemáticos de siempre: la falta de pareja, el trabajo tedioso, sus ganas de independizarse de la casa familiar. En qué fallaba, qué tenía Juan, que Pablo no le puedo dar, y porqué se enganchó con Daniel, todos fracasos amorosos. Juan, Pablo y Daniel bien podrían haber colaborado económicamente con la tarifa mensual del terapeuta, por todos los daños. Cuándo habrá derecho a reclamar por daños y perjuicios a los ex novios? Pensaba Lara.

“En el fondo Lara, el punto no es qué pasó con quien. El tema es cómo fueron todos funcionales a tu estilo de vida”- dijo su terapeuta, Carlos.

“Cómo? Yo me enamoré! Y sufrí de verdad!”- se indignó Lara

“Si, pero también te dieron una razón para sostener un lugar; te pusiste linda, te arreglabas, tenías un motivo para ir a trabajar todos los días durante 6 años a TEDIO S.A.”

Lara se lo quedó mirando.

“Si, Lara, todos, absolutamente todos fueron compañeros de trabajo, hombres muy chatos, tipos que no son para vos, que no te enamorarían de no ser porque te permiten distraerte; con ellos armaste un mundo fantástico dentro de la oficina, y tuviste la motivación suficiente para poder cobrar a fin de mes; sin ellos, hace mucho que te hubieras ido.

“Recién ahora que no tenés un distractor amoroso te das cuenta del embole, y al fin y al cabo no sos tan diferente a tus compañeras. Tendrás que hacer tu salida exogámica, y buscar de quien enamorarte por razones más poderosas que las capitalistas. Lara, no te sientas mal, se llama ser parte de la cultura laboral

” Lo que digo, Lara, es que también en vos este laburo fue funcional, no fueron hijos ni familias grandes las que te ataron al sueldo de cada mes; sino hombres descoloridos que recibieron tus ansias famélicas de depositar la libido en algo”

Porque no hay peor peligro que tener la libido desocupada, flotando, porque se te pega a cualquier objeto, sin discriminación alguna.

Lara volvió al día siguiente, y cuando a las 8.16 se sentó en su escritorio de siempre, no se vió sola frente a la pc, sino acompañada de los fantasmas de Daniel, Pablo y Juan. . .

Mitología posmoderna

12 Nov

Hace poco estuve en una clase de psicoanálisis y uno de sus exponentes era un experto en mitología. Quiero contarles algo de esto y enlazar una reflexión en este post.

Un mito es una historia sagrada, fundacional, constituyente de valores y creencias de una comunidad pero bajo la forma de un relato, preferentemente fabulesco. Sirve a la transmisión de la educación.

Por ejemplo, el mito del héroe, muy fuerte en la antigüedad, apunta a la aceptación del destino, (muy griego esto), como algo positivo: engrandecer el propio destino en una acepción positiva. De esa manera cada cual aceptaba su rol en la sociedad sin peros, ya que era el destino que le había tocado desde el nacimiento; o al menos esa era la idea.

“Que llegues  a ser quien YA eres”

 

Lo esencial  del mito del héroe es la prueba. Por ejemplo la prueba del minotauro (siempre hay un monstruo a quien enfrentar).Así, la idea de la prueba es esencial a la morfología mitológica del mito del héroe. Y era organizador en la época de los griegos y romanos, como paradigma de conducta, de lo valorado por esa sociedad, de ahí su reproducción a través de la educación.

Otro mito masculino son los llamados mitos de “Pasaje” (correlato judío podría ser el bar mitzvah). Perseo, por ejemplo, se enfrenta a la gorgona de lo cabellos de serpiente y mirada paralizadora; de su éxito depende el pasaje a ser un hombre y dejar de ser un niño. Es un corte tajante. Si queremos profundizar, podría verse al monstruo como una “Gran madre”, y su muerte como el corte edípico que lo abre a la sexualidad y a la exogamia.

Preguntamos entonces, cómo era el caso de la mujer. Sin embargo, el profesor nos dijo, que nada hace un corte tajante desde la mitología.

Nos explicó que, eso no era por “discriminación” tal como parecía; sino que se debe a que la mujer tiene un corte natural (no social) en la menarca, hecho por el cual se transforma a ojos de la sociedad, antigua y moderna, en una mujer.

Y además, porque la mujer antigua encontraba sus parámetros de conducta como adulta, en su Identificación con las diosas:

 

Artemis como la diosa virginal

Demeter como la madre

Afrodita como la mujer sexual

 

Una mujer fragmentada, por cierto, ya que no había una sola diosa que representara a la mujer en su integridad. O sos una cosa o la otra.

O sos madre, o promiscua, o virgen.

 

Y qué pasa hoy día con el hombre y la mujer?

El hombre se inicia en el mundo adulto a través de la primer relación sexual, tratando aún de lleva a cabo pruebas que demuestren su hombría, ante sí, su padre y su grupo de amigos.

La mujer?

 

Sigue identificándose con las diosas de su época;

por lo general, de aspecto anoréxico, de belleza irreal, frustrándose constantemente.

 

 

 

 

 

Robar el alma

8 Nov

“Para  alguien a quien no le mata la culpa el haberme robado una parte del alma”

de alguna canción que escuché por ahí

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Pato vivía con Mauricio hacía un año cuando un buen día, se encontró al llegar a su casa con un cartel que decía “NO puedo más, perdoname”.  Sin discusión previa que amerite ese final, sin terceros en discordia a simple vista, desapareció sin más, sin explicaciones, dejando la casa y a Pato con una dermatitis avergonzante y una displacia mamaria en su cuerpo somatizante.

Cindy perdió un embarazo de dos meses en la bella Andalucía donde había ido a recalar tras una larga historia de amor a distancia, comprobando que lo idílico de las películas que no te cuentan el “qué pasa después de THE END”, no era tan romántico al final. Sola, deambulando por guardias de hospital con un aborto espontáneo, mientras su novio se alejaba por “no poder manejar la situación”, sin amigos y sin familia, terminó la noche charlando con una monja en una fría cama de hospital, sin vida dentro y sin muchas esperanzas.

Laura volvió a su casa exultante tras conseguir un nuevo puesto de trabajo de gerente, con un champagne en mano para festejar cuando vió la escena: Su amor estaba en la cama con la piba de la fotocopiadora de la vuelta, a quien siempre Ezequiel tildaba de impresentable frente a las aptitudes gerenciales de Laura. Al menos, en la cama, parecía que era más que apta.

Teresa no pudo creer cuando, tras perder a su madre en pleno velatorio, su novio de hacía más de 7 años, le decía, alegre y sin ninguna señal de dolor,  “Estás más flaca y linda que nunca hoy”. Tras una larga relación donde Pablo se encargaba siempre de desestimarla física y psicológicamente, ella decidió que ese finalmente era el precio de su dignidad, y nunca más volvió a verlo poniendo el punto final que hacía tanto no podía dar.

Porque no hay nada más perfecto, que la sincronización  de dos psiques que se complementan, destructivas y cíclicas, no desde el amor, sino desde la  enfermedad.

Historias de café (o té): La repartija

3 May

Tomar el té con amigas es una de las experiencias más gratificantes y una de mis actividades favoritas, sobre todo con mis amigas de toda la vida.

Tomar café con mujeres en camino a ser amigas es otra experiencia gratificante.

Una de las etiquetas con las que suelo empezar muchas relaciones es la cosa esta de “ser psicóloga”. Se juega muchas veces en primera instancia solo esa parte de mi Yo.

Algo presente en mi discurso, por lo que siempre me hago cargo por más que no ejerzo desde el campo clínico (excepto asistir de vez en cuando a jornadas de capacitación porque me interesa la disertación teórica).

Refloto el blog en nueva versión en honor a esas charlas.

Dedicado a Mariana, Ro, Caro, Gaby, Lau y Jime.

LA REPARTIJA

Se dice que una de las causas del sufrimiento humano es de carácter social y se acusa a la cultura de favorecer esta miseria; en tanto la cultura conlleva una renuncia instintual.

La búsqueda de la felicidad es, entonces, cuestión de administración de las fuerzas instintivas del individuo; meramente un problema de economía libidinal de cada individuo.

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Malena lloró a Pepe

Malena lloró a Pepito

Malena lloró a Pipo

Malena lloró a Pedrito

Y así fue como Malena llegó otra vez a lo de Jacinta, nuevamente en estado de desorganización,  en busca del Muro de contención apropiado para estos casos.

Léase Muro de contención como: Grupo soporte conformado por lo general por una o dos amigas o más que reconfortan y te dan la razón mientras avalan cada punto de vista que la susodicha escupe con furia y despotrican al susodicho de turno que acosa al corazón de la joven heroína.

Generalmente suele acompañarse esta estrategia de rehab con una pizza y/o alcohol que se engulle, no se come, en forma compulsiva para sustituir la sensación de vacío emocional. La canción “Choto” suele aconsejarse como banda sonora catártica de la mujer posmoderna.

Tras esta breve reseña teórica, les cuento que Malena se tiró en la cama, lookeada con el jogging de colegio de rigor en estos casos, el buzo grande con un poco de pelotitas y sacudió a su amiga:

(nunca estar divina frente a un alma en pena, solo en casos de enemigas o ex)

Tenés que cortar con esta estrategia enferma, siempre te pasa lo mismo

Jacinta, que casualmente fue conmigo a la facultad, respondió teóricamente por la famosa y tan mentada deformación profesional

Basta ya de quejarte porque te pasa siempre lo mismo. Porque enfocarte en uno solo cuando ellos no lo hacen nunca?

No te pasivices! No te quedes estática frente al movimiento del otro; tomá el control. Lo primero sos vos, y la danza tiene que ser alrededor tuyo.

Malena la miró desconcertada mientras relamía la última aceituna y vociferó iracunda:

Pero yo lo quieroooooooooooooooooooooooo

Jacinta replicó

Llora, pateá, pero esto te pasa por no repartir la libido

“La que?”

Es verdad que siempre hay uno que nos puede…pero  mientras estés activa en el mercado, movete en modo ON en todo momento. Llamemos libido a la energía psíquica, o sea la atención, bola, fuerza, dirección mental que le ponés a algo.

Si tu libido,  la concentras en uno solo, tu mundo se cae fácil, porque depende de un solo elemento.  Solo quien se lo merezca puede concentrar tu libido. Es una cuestión de economía libidinal.

Repartila, prestá atención a varios, parece algo que no sale, pero es cuestión de entrenamiento. Un buen día te levantás y te das cuenta que si depositabas tanto en otro es porque simplemente…no tenías la suficiente autoestima y energía puesta en vos misma.

La libido en monodosis a multiples agentes es el verdadero negocio; hacé la tuya, y un buen día, al menos por un tiempo, aparecerá uno donde concentrar la libido pero solo porque el tipo la remó para que así sea.

Al menos por un tiempo.

Eso si, la Libido destinada a Vos, nunca la retraigas. Una pequeña reserva INAMOVIBLE que solo la lográs tras los golpes. Tu Kit de supervivencia básico que nunca te llevará al punto de la angustia de aniquilación, a la desorganización.

NO te digo que no sufrirás pero solo por el que derribe tus barricadas.

Y Malena empezó a maquillarse, pateando aceitunas por la alfombra

Conduciendo a Miss York

29 Dic
Freud dice que el juego del niño es simbólico porque, apuntalado en un fragmento de la realidad, le presta un significado particular y un sentido secreto. De este modo, se encuentra al servicio de la realidad de su deseo. El niño que juega crea un mundo propio donde inserta las cosas en
un orden de su agrado, un mundo amable.
El niño acude espontáneamente a este recurso porque mundo de la realidad no es precisamente de su agrado.
La realidad pretende imponerle algunas restricciones. Es por ello que Freud nos dice que lo opuesto del juego no es la seriedad sino la realidad. Todos necesitamos jugar frente a la seriedad de la realidad.
A partir de estas consideraciones, Freud concluye que el juego constituye una reproducción lúdica completa de la desaparición y reaparición de la madre. El juego, tenía un sentido oculto, reproduciendo con él, simbólica y
placenteramente, el retorno del objeto ausente.
Pero para esto el niño deberá realizar un tránsito de la pasividad a la actividad: mediante la actividad consigue dominar psíquicamente la impresión displacentera que antes no pudo por su pasivo sometimiento a ella.

Eel niño realiza un serio intento de elaboración del abandono al que se fue compelido, de ese objeto que se fue, sin que el pudiera hacer nada.

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Nació Carla York en el 2009. Al principio, tímida, bautizada por mi amiga de la adolescencia Vera Smith, luego de tristes y resignadas charlas de madrugada, en su blog. Comentando en ese espacio que ella abrió, haciendo catarsis, al principio tímidamente, como una es al principio (solo al principio).

Luego, con más fuerza, enérgica, como es una solo después. (siempre después)

Luego abriendo este espacio, escéptica, desconfiada, buscando temáticas, dejando ser, primero por vagancia personal muy esporádicamente;  luego descubriendo nuevos amigos virtuales, conversaciones maravillosas, replanteando la temática del blog, haciéndolo más personal.  Interactuando vía twitter, sorprendiendome (yo una analógica rebelde frente a la digitalización parental) de los resultados, de la diversión, hasta de nuevas amistades.

Carla York poco a poco empezó a separarse de Carla. Carla era yo, luego, se transformó en un espejo.  Luego, empezó a ser un tercero, a veces hasta me parecía una extraña.

Alguien donde se deposita un poco un personaje, un poco de mi, un poco de proyecciones negativas, un poco de idealizaciones positivas. Un reservorio donde depositar, proyectar, introyectar, tomar prestado.

Carla York me ayudó a verme, reconocerme, a conocerme más. A veces sorprendida luego de escribir sin parar ni respirar y luego, releyendo lo escrito, riéndome de las cosas que decía sin querer. Como un diván psicoanalítico, donde una dice sin saber lo que dice.

A veces maravillada por el feedback de mis lectores, de mis nuevos amigos, en su proyección de mi misma. Reconocida en el otro, valorándome mucho más de lo que yo lo hacía.

Miss York me acompañó hasta en mis sesiones de diván. A veces se metía en mis salidas con Pablo, quien la ahuyentaba por engreída. A veces sorprendiendo y conociendo nuevos amigos como Ramiro,  como Vivi, a veces perdiendo otros amigos.

Empezamos a hablar con Vera  de Vera y Carla como terceros. Lejos de esquizofrenias alienantes, le dije a Vera un día:

“Te das cuenta que todo  lo malo de Vera y Carla, ya pertenecen a un tercero, y no a nosotras? Al principio éramos nosotras Vera y Carla, ahora tomaron fuerza propia. Que no nos mate el personaje!”_ reímos

“Si, me dice, a veces twitteo con Carla York, pero necesito más de vos y menos de Carla”_ me escribió otro dia-.

A veces nos vestimos para salir al teatro como ellas0 (que obviamente se visten diferente), a veces fumamos y cenamos con nuestros amigos que las desconocen como las Vera y Carla de antaño.

Hasta hay quienes pensaron (o piensan) que somos la misma. Hasta se dijo que nos ocultábamos por fines comerciales u ocultando algo estrambótico, algún misterio oculto.

Solo nosotras conocemos las razones del nacimiento de ambas.  Y nuestros amigos 1.0. No me voy a olvidar de lo que me reí el otro día, cuando manejando, nuestro amigo Aaron (sentado atrás, que nos conoce de hace años), de la nada nos dijo: Estoy con Vera y Carla. Qué placer.

Así las muchachas Vera y Carla fueron dejando de ser desgraciadas, porque hasta la miseria se va un día.

Y damos paso a contar, a resignificar, historias nuestras, dandole un nuevo giro, riendonos, reelaborando historias dolorosas, dejando de ser víctimas pasivas sino protagonistas y heroínas valientes, activas. Reconociendo a los villanos y a los amigos en esos relatos. Ubicando lugares, dandole a cada uno lo que merece.

Como en el juego del niño, que  ante la experiencia no gratificante e incluso traumática vivida pasivamente, la reelabora haciéndola activa, jugando con ella, así volvimos a jugar a los 30. Riendonos de los Duilios, de los Marianos, de los Juanes,  del Mar Egeo, de los pájaros.

Porque solo al poner en palabras la historia se escribe. El silencio condena, tapa, obtura. La palabra, y cuanto más la palabra escrita, se hace carne viva.

Esperando algún dia que dejemos en el maletín del titiretero a los personajes y sus pieles entumecidas, envejecidas, para solo quedarnos con el recuerdo Smith y York para siempre.

Gracias Vera por haberme dado tu amistad, y a la otra Vera también.

Y pleaseeee, que Sofi vuelva de la costa azul…

los juguetes de la infancia

13 Dic

Mi amigo @tuflus, una persona hiper creativa, escribió este post que, según el, pasó desapercibido. Cosa que me parece más que injusta…

En fin, ya que estamos con la temática de la infancia, le pedí permiso para repostear.

Visitenlo! Su blog aquí.

Y la explicación de su creatividad a continuación.

Los juguetes de la infancia

…o la falta de los mismos.

A pedido de exactamente 1 (UNA) persona, me dedico esta noche a escribir algo nuevo para este ya lastimosamente abandonado blog. Lo que hoy me inspira es un tema recurrente en mi retórica habitual, tal vez un trauma de la infancia que solo podré solucionar a fuerza de psicólogos, autos caros, mujeres hermosas (y aún mas caras) y estupefacientes.

A falta del dinero necesario para conseguir cualquiera de estos cuatro indispensables remedios, me conformaré con posponer los tres últimos y reemplazar con este blog al primero, como una suerte de Freud electrónico. (Si me dice que en el fondo tengo ganas de acostarme con mi madre, juro que le mando a los de Blogspot todos los forwards que tenga sobre Amy la niña celíaca con una teta en la espalda que morirá de diarrea explosiva si no lo mandas a 29 personas en los próximos 4 segundos).

El trauma en cuestión, para los 7 individuos de la población mundial que no me han escuchado divagar al respecto, es la falta de juguetes durante los años de mi dulce infancia (que, por cierto, todavía no termina).

Voy a ser exacto: Si tenía juguetes. Tenía bastantes. El problema es que jamás tuve los que YO quería.

Mis padres sostenían la extraña teoría de que si no me daban ningún juguete de carácter bélico, ni me dejaban jugar a ningún videojuego violento en la computadora, crecería para ser una persona de bien. Calculo que me imaginaban a los 24 años, en una misión jesuita en el Cuerno de África, ayudando a pequeños niños cuadriplégicos a comer puré deshidratado de la ONU. Ya ven como les salió eso…

Paso a enumerar casos puntuales:

• Aliens: Cuando tenía unos 10 años, vi Aliens por primera vez. Inmediatamente mi cabecita infantil se saturó de imágenes de monstruos babosos despedazando a soldados futuristas armados hasta los dientes, y fuí muy feliz. Me compraron alguna vez un muñeco de Alien? Obviamente no. A modo de reemplazo recurrí a los Playmobil Playmospace. Creados originariamente con el pacífico (y extremadamente aburrido) propósito de jugar a minar asteroides en busca de metales semipreciosos, mi imaginación decidió rápidamente que sus radios eran fusiles de asalto y sus palas excavadoras, torretas antiaéreas. Sí, era un pibe re flashero. En cuanto a los aliens propiamente dichos, no tenía absolutamente nada que se les pareciera. Me limitaba a hacer de cuenta que estaban ahí. Igual en la película tampoco se veían mucho, seamos honestos…

playmospace
They’re coming out of the goddamn walls!

• Rambo: Todo niño nacido en la década de los ’80 tuvo, como mínimo, un muñeco de Rambo. Incluso la mitad de las niñas tenían un muñeco de Rambo, probablemente por error. Yo? Jamás. “Para que querés a ese tipo violento que mata turcos? Jugá con los animalitos de tu juego de granja, que son tan lindos.”, me decía Mónica. A modo de reemplazo, hurtaba de la habitación de mis hermanas al novio de turno de Barbie, le ataba con un elastiquín cualquier cosa que se pareciera a un arma, e imaginaba con todas mis fuerzas que se asemejaba mínimamente a Sylvester Stallone. Fracasaba patéticamente. En una ocasión mi madre (o mi abuela, no me acuerdo) decidió comprarle a mis hermanas un novio plástico nuevo, pero cometió el error de confundir con Ken a un muñeco llamado “El Temerario”. El Temerario, como su nombre da a suponer, parecía ser un tipo duro y violento, capaz de reducir al adulto promedio a las lágrimas con solo mirarlo. “Esta es mi oportunidad de tener un juguete de verdad!”, me dije… en esas épocas conservaba todavía mi inocencia. Para mi desgracia, mis hermanas se lo llevaron antes de que pudiera apropiarlo. En menos de una semana el “temerario” tomaba té de Boldo y escuchaba a los Bee Gees. Incluso desarrolló articulaciones en los tobillos que le permitían realizar gráciles pasos de ballet. (Ojala estuviera exagerando…)

• Robotech: Ah, Robotech. Si naciste en los ochenta, sos nene, y no tenés un miniorgasmo ante la sola mención de Rick Hunter, estás muerto por dentro. Absorbía cada segundo de ese dibujito como si no hubiera un mañana. De mas está decir que mis padres jamás atinaron siquiera a barajar la idea de comprarme un VF-1 Valkyrie de juguete. Durante un tiempo, iba a jugar a la casa de ese vecinito insoportable que todos tenemos… lo odiaba con pasión, pero tenia un Veritech transformable de 30 centímetros de altura. Una vez que esa amistad interesada se fue al tacho, no me quedó mas remedio que usar mis manos. Si, mis manos.

gerwalk
A la izquierda, un VF-1 en modo Gerwalk. A la derecha, mi mano.
Alguien lo ve? No estoy loco…

• Armas de Fuego: Jamás tuve una de esas metralletas que tiraban chispas y hacían ruido a licuadora cuando tirabas del gatillo. Ni hablar de pedir una pistola de aire comprimido. Me estaban completamente vedadas… incluso me retaban si usaba las de mis amigos. En una época tuve una pistola de agua, pero sólo porque tenía forma de tortuguita y mi madre nunca sospecho de ella. La solución la encontré en un trípode de cámara filmadora. Una imagen vale mas que mil palabras:

minigun
Yo me sentía Terminator con mi trípode.

Bueno, y así podría seguir.
Tortugas Ninjas? Las robaba de las tortas de cumpleaños de mis compañeritos.
Cazafantasmas? Venían unos de goma, medio deformes y de color marrón, en unos chocolatines baratos que vendían en el kiosco. También dedicaba horas y horas de mi vida a dibujar mochilas de protones en mi cuaderno de Lengua. Jayce y los Guerreros Rodantes? No me acuerdo exactamente… creo que agarraba autitos de juguete y les pegaba pedazos de malvón al techo con cinta scotch.

Por lo menos ahora nadie puede decirme que la televisión me atrofió la imaginación.

20 años después

5 Dic

Me gustó mucho este post de @bilinkis. Sobre quienes somos y quienes queríamos ser. El discurso principal es del cineasta Juan Taratuto.

Espero que les guste como a mi!

Carla

Discurso de Juan Taratuto en el Acto por el 20° aniversario del final del Colegio

Cuando me enteré que se hacía esta reunión, de algo estaba seguro:    “¡No voy ni loco! ¿Para qué voy a ir? Si con los que quiero, me sigo viendo. ¿Qué necesidad tengo de ir un viernes a la tarde al centro?”.

Con el paso del tiempo, de las cadenas de mails y de charlas con los más asiduos, comencé a dejar abierta la posibilidad de asistir. Hasta que hace unos días me llamaron para invitarme a hablar en este acto por el turno tarde.Aula Magna

Lo primero que pensé es: “¿Quien se cayó? ¿Quién dijo que no? ¿Porque a mi? Soy vergonzoso. No me gusta estar frente a mucha gente. No me voy a exponer a pasarla mal. Y encima se supone que uno tiene que decir algo interesante, inteligente, divertido, algo… Encima, por el turno mañana habla Varsky. Es periodista, trabaja hace años en la radio y la tele todos los días… El tipo vive de hablar lindo.  De hablar bien. Así que mejor no voy y listo!”. Les dije a mis compañeros, que tanto hicieron por esta reunión, que me dejaran pensarlo hasta el otro día, sabiendo que no lo iba a hacer.

Me fui a dormir y mi cabeza siguió trabajando. Aparecieron imágenes, recuerdos y sensaciones. Me permití imaginarme acá,  celebrando estos veinte años. Y comencé a preguntarme: “¿Y por qué voy a ir? ¿Porqué no? Mejor me quedo en casa. Estoy tan cansado…  ¿Por qué algunos se pusieron contentos con la noticia y otros no quieren saber nada? ¿Por qué se transformó este encuentro en un hito? ¿Porqué algunos realizan una gran tarea para poder hacerlo y otros borran los mails sin siquiera leerlos?”.

La respuesta es: Porque esta reunión nos moviliza. Toca nuestra fibra más íntima. Se mete con nuestros sentimientos más profundos. Aunque la ignoremos por completo.

Y me parece que toda esta revolución la produce el miedo. ¿Miedo a qué? Miedo. Miedo a vernos después de 20 años. Miedo al contraste. Miedo a contraponer lo que somos con lo que quisimos ser. En la superficie, los cambios físicos. Esos son inobjetables. En lo profundo: Lo que soñamos a lo que pudimos. Porque al salir por esta puerta, hace 20 años, teníamos el mundo por delante.  Estaba todo por hacer. El único límite era el propio deseo.

No sabíamos muy bien quiénes éramos, nos estábamos encontrando, pero creíamos que los obstáculos eran externos. Y que el éxito era sólo laboral y material.

Si era por nosotros, nada nos iba a parar. Y pasaron dos décadas y nos dimos cuenta que no todo pudo ser como lo soñamos, que muchas veces buscamos enemigos afuera, pero que el verdadero enemigo estaba adentro. Que la vida nos puso en jaque más de una vez y que lo que creíamos que era eterno, es bien finito. Aprendimos que el éxito, esta en exacta relación con el deseo de cada uno y que muchas veces tomar el camino más corto no es necesariamente el mejor.

Si miramos hacia adentro, nos vamos a dar cuenta que quizás no somos muy distintos de aquel que se sentaba en el pupitre. Nuestros valores, intereses, deseos y miedos son parecidos. Si pudiéramos volver el tiempo atrás y encontrarnos cara a cara con ese chico o esa chica de 17 años… ¿Qué pasaría? ¿Qué nos echaría en cara? ¿Sería indulgente con nosotros o tremendamente crítico? ¿Cuán cerca o lejos estamos de lo que imaginamos? ¿Cuánto lo estamos desilusionando?

Este encuentro nos obliga a hacer un balance. Voluntaria o involuntariamente, nos contrapone con nosotros mismos. Y no es fácil.

Si yo me retrotraigo a los años del Colegio, creo que a mí me quedaron algunos puntos fundamentales:

1 La Amistad.

2 El amor.

3 La vocación.

Me hubiera encantado decir: 4 El Sexo, pero en mi caso sería faltar a la verdad. Así que me quedo con los primeros tres.

Fueron años difíciles, porque la adolescencia es difícil. Yo hablo con alguna gente que me dice que daría cualquier cosa por volver a la adolescencia. Yo pago por no volver a vivir uno solo de esos días. Y no tiene que ver con El Colegio, sino con la revolución interior que provoca esa edad. En la adolescencia uno no tiene mucha idea de quién es. No sabe donde ubicarse. La adolescencia es búsqueda. Uno se esta buscando. Un año escuchamos Iron Maiden y al siguiente Víctor Heredia. Morral y sandalias a pantalón fucsia y zapatos náuticos.  Centro de estudiantes a ir a bailar a San Francisco.

En nuestra división, existían claramente entre los varones dos grupos: el de los líderes, que marcaban el ritmo de la vida cotidiana en el aula y el otro que era un poco mas…quedado. Obviamente yo pertenecía al segundo y era de los quedados entre los quedados, por ponerle algún nombre elegante. Si bien la convivencia fue bastante pacífica entre los grupos, no hay nada peor en la secundaria que SER DISTINTO.

Yo era de los que íbamos a bailar y me llenaba de íntima alegría cuando nos rebotaban en la puerta. Porque siempre la segunda opción era ir al cine o alquilar una película y pedirnos una pizza en una casa, lo que a mí me parecía el plan perfecto. Y de hecho me sigue pareciendo. Eso es lo interesante de esa época, de esa edad. Que si uno podía escucharse y ver qué le gustaba sin entrar en conflicto con el resto, aparecían los gustos y los intereses que aún hoy tenemos.

Y para mí uno de esos gustos era el cine. Y tuve la suerte de que en este colegio existía los sábados un taller de cine extracurricular. En el que se trabajaba con cámaras de video, cuando el video era una novedad en el país. Y durante un par de años hicimos cortos y practicamos. A mí a los catorce años se me abrió un mundo nuevo que me dio la posibilidad de encontrar tempranamente una vocación.  Nadie me dijo que no. El Cine era también una de las posibilidades.

Seguramente todos los chicos de trece años entran a un secundario con ganas de ser físicos, economistas, arquitectos, periodistas, artistas o lo que sea. Pero en pocos colegios existía un curso de astronomía, un laboratorio con láser, un taller de teatro, una biblioteca como ésta. Todo eso genera seguridad en un chico, le muestra que se puede. Y contra eso no hay nada. No hay barrera que puede detener el deseo y la confianza interior.

Yo siento que el Colegio nos inculcó que el conocimiento es el fruto del razonamiento. Y en ese razonamiento, existía la posibilidad de arriesgar, equivocarnos, porque esa era la manera para acceder al saber.  Yo de hecho creo que me acuerdo menos del uno por ciento del conocimiento y de los datos que aquí se dieron, pero aprendí a pensar. A ser curioso, a cuestionar. A buscarle otra vuelta a las cosas. Y principalmente, creo que este colegio nos inculcó la seguridad personal para poder elegir qué hacer de nuestras vidas, sin temer el fracaso. Porque es el miedo lo que paraliza.

Cuando entramos a este colegio en el año 1984, nadie tenía idea de lo que sería el mundo 25 años después. Ni las mentes mas brillantes del planeta podían imaginar la revolución que estaba por delante. Nadie podía enseñarnos como desarrollarnos en un mundo brutalmente globalizado que todavía no existía. En un mundo basado en la ciencia y la tecnología. Pero seguramente en esas horas frente a la Texas TI99, algo en nosotros se modificó. Algo filtró a nuestras mentes. O por lo menos la informática dejó de ser algo extraño. Entendimos que había algo que era una herramienta (¡no sé en esa época para que servía una compu mas allá de para hacer avanzar una tortuga!).  Después solo fue cuestión de adaptarse a la evolución.

Siempre pienso que hay algo que esta mal diseñado. No puede ser que los planes de estudio sean iguales hace 200 años cuando la expectativa de vida era de 40 o 50 años. Alguien se debería dar cuenta que en la adolescencia de ahora uno no escucha.  La adolescencia debería ser un período en donde los chicos se quedan en la casa durmiendo, comiendo, haciendo chistes tontos, apretándose granos y peleándose con los padres y después cuando maduran un poco, comienza la etapa de aprendizaje. Cuando están listos para escuchar, un profesor habla. Mi sensación es que lamentablemente no estaba preparado para la cantidad y la calidad de información que se nos brindó. Para las oportunidades de conocimiento que nos posibilitó. Siento que no aprovechamos todo, mas bien casi nada. ¿Qué recuerdan hoy de la parte curricular? Yo poco. Pero evidentemente hay algo en la forma de estudiar, de pensar, de afrontar un problema, del método, que se ha filtrado, que ha quedado. Hay algo a la hora de abordar un problema que es compatible a todos nosotros y eso evidentemente lo posibilitó el Colegio.

Entonces: ¿Por qué venir?  Si es mucho más fácil escapar. Porque este encuentro ocurre porque hay algo que nos une veinte años después. Algo que sucedió en apenas cinco o seis años pero que ha sido lo suficientemente fuerte y potente como para hacernos estar acá. Como son los compañeros de la colimba o de una guerra. Son momentos fundantes en donde se erigen los pilares, los cimientos de nuestra persona. Uno puede trabajar con alguien mucho más tiempo, ser amigo durante años de alguien, casarse o lo que sea, pero inexorablemente deja de verse. El tiempo pasa, pasamos a otra etapa y no hay ninguna necesidad de volverse a ver. Pero con el colegio secundario pasa otra cosa… Porque es el paso a la adultez, la transición emocional, el momento de definiciones. Y eso esta grabado en nuestra memoria. Y venimos acá veinte años después, a corroborar que todo eso que pasó es cierto. Que seguimos siendo los mismos, que afortunadamente cambiamos, que todo lo vivido y lo sufrido sirvió para este presente.

Estamos acá para ver como crecieron los otros, en que se transformó cada uno, estamos acá para demostrar que no somos tan idiotas como se creía de nosotros, ni tan piolas como nos creíamos. Estamos acá para poder detenernos por un instante y contemplar el tiempo que pasó. Para tener un mojón en nuestras vidas, un punto de referencia. Para poder contraponer todo el tiempo ocurrido de 1989 a hoy. Estamos acá para sentirnos vivos, para creer que falta aún, para escaparle a los años.

Estos 20 años nos agarran jóvenes, con experiencia y con fuerza, pero también con un horizonte más acotado, más cercano.  Igual que a los 18 años, nadie sabe qué sigue para adelante, pero lo que seguro sabemos es que hay que vivir el presente y disfrutarlo. ¡Nos vemos en el 2019!

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