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Poder!

3 Sep

Love and work… work and love, that’s all there is.
-Sigmund Freud-

El otro día nos juntamos con mis amigas “las fonos”. Un grupo muy divertido de fonoaudiólogas con quien a través de los años, hemos aprendido a conocernos y respetarnos con nuestras diferencias y singularidades.

La risa es un denominador común. Hablamos obviamente de hombres, pero también, de nuestras carreras.

Celina es una externa de las fonos, como yo, que no tenemos nada que ver con el mundo de la salud debido a nuestras elecciones. Estábamos cenando y Celina contó que le surgió una oportunidad para ser Gerente regional de una categoría de vinos. Tras el brindis de festejo, empezó el debate:

Celina: “Lo que me da miedo de encarar esta decisión, es que, es toda una elección de estilo de vida. Más allá del laburo en sí, de la plata, estoy cambiando mi trabajo actual de analista, tranquilo, sin grandes sobresaltos ni estrés, en el que salgo a las 6 de la tarde todos los días, por el laburo sin horas fijas, viajes incluídos, donde no voy a saber cuándo podré ir al gimnasio, cuando salir al cine, cuando salir con alguien. Me da un poco de miedo y siento que no sé si quiero eso, en realidad”

Yo: “ Bueno Ce, pero es lo que siempre decías que querías, no?”

Celina: “Sí, pero ahora que estoy ahí, a punto de hacer el paso, me da miedo ese cambio de vida. Me da miedo el no poder controlar mi vida. Yo quiero salir e ir al cine, ir al gimnasio, no sé, ir de shopping, dormir en mi cama y no en la de un hotel. “

A lo que Damiana trajo a colación un giro inesperado en la charla, aduciendo:

Y además, Celi, tené en cuenta que si hasta ahora te era difícil conseguir pareja, de ahora en más te va a ser más que difícil

Todas. “What?” “Porqué decís eso?” . Se armó la polémica.

Algunas sostenían que no cualquier hombre se banca una mujer con poder a nivel laboral. Y que,  tampoco era fácil armar una pareja con un hombre que se sintiera bien ganando menos. En el mundo de las fonos el techo era limitado y estaba bien, la elección pasaba por otro lado, lejos del mundo corporativo y sus leyes.

Celina retrucó “Hay mujeres muy poderosas que tienen pareja. Porqué debo resignar mis metas teniendo que contemplar una posible elección de pareja futura? A mí el poder siempre me sedujo, y también un hombre que lo tenga. Y el que me ame tiene que amar eso también no?”

Damiana agreNo te estoy haciendo un juicio de valor, lo que digo es real chicas, si hasta ahora te fue difícil, buscando, saliendo, teniendo tiempo para citas, mucho menos siendo más esclava de tu trabajo. Solo te lo digo para que lo tengas en cuenta y a colación de ese miedo que estás planteando. Chicas, el machismo existe, y la falta de tiempo también”.

Lo que sí estaba claro era la dualidad de Celina en todo esto.

Por un lado su ambición, y por otro, las ganas de tener un espacio privado, una pareja, una familia, o planes o vida social, lo que fuere, fuera del espacio laboral. El factor tiempo. Era claro en el debate que tenemos menos permisos que los hombres a ser fálicas (la palabra en sí adviene de lo masculino, que implica el Tener y su contrapuesto, lo femenino, como el no tener)

Flor, que defendía a Celina acotó “Chicas, yo creo que el amor se encuentra en cualquier lado. Quien te dice que encuentras más hombres de tu tipo en tu nuevo contexto en vez de en un boliche, en un gimnasio; acordate de Fer, conoció al hombre de su vida en un avión”

Adoro la visión romántica de Flor. A veces me recuerda a mí y mi parte de Charlotte York, enterrada. Pero, también recuerdo que, con el paso del tiempo, ese tipo de visión nos ha traído problemas. Recuerdo todo esto, y le contesto a Celi:

“La realidad Celi es que, conociéndote, más allá del miedo, del amor, de todo lo que “puede ser”, no te perdonarías jamás el no haberte atrevido. Estarías siempre preguntando “que hubiera sido si”. Y siempre podés volver atrás

Damiana agregó “Chicas, yo veo las casas de mis pacientes en donde la madre trabaja todo el día y está pendiente de su carrera, y la casa la maneja la chica. Yo no quiero eso el día que forme mi familia. Yo quiero ser presente en las decisiones.  Solo digo que lo tengas en cuenta”.

A veces no sé si Damiana es estructurada o muy muy realista. Pienso en las mujeres que conozco, que  han optado por una cosa o por la otra. Trabajan, sí, pero no tienen grandes metas de ascensos o carreras vertiginosas, y así, son felices, y las felicito. Pero que pasa con las que quieren ambos? Encuentro pocos casos donde la mujer pueda combinar ambos de una manera fácil. Siempre hay alguien que ocupa el lugar de la chica. Me da un poco de fastidio el tema. Siempre tan difícil. Yo realmente desconozco que haría en la misma situación. Optaría por una u otra? Trataría de ser superwoman y ser ambas? Y qué del factor económico que a veces no te deja opción?

Celi, tomó su copa, nos miró y mientras sostuvo firme la mano nos dijo: “Dami, chicas, tampoco soy la mujer que quiere estar todo el día en su casa. El futuro no lo podemos adivinar. Y cuando llegue hablamos. Brindis por la nueva Directora regional. Quiero poder!”

Y nos matamos de risa. Volvimos caminando por la calle gritando Poder! por la calle.

Quien dice que pueda encontrar en el camino Celina. Lo que si no va a poder decir que no apostó a sí misma.

Yo también brindo por el arriesgarse.

Y brindo por los hombres que no tienen miedo de estar al lado de una mujer exitosa y que la acompañan. Quien te dice.

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socias de pequeñas, hermanas de la vida (1)

21 Ago

“Maybe we could be our soul mates, and then, let men be just these great cute guys to have fun with”

Sex and the City, Charlotte dixit.-

…..

Lucía y Camila se conocieron cuando tenían 12 años en un colegio de pueblo, de monjas para niñas, bajo la condición excluyente sine qua non de no poseer apéndice viril.

Al principio no se soportaron, pero no les quedó otra que sentarse juntas porque se habían quedado sin amigas ambas.

Típicos duelos de la escuela primaria.

“Te querés sentar conmigo?” dijo Lucía, resignada ante su única opción.

“Bueno dale” aceptó Camila, sin ver otras caras amigables, revoleando los ojos.

En el inicio, tal cual génesis, Camila no le prestaba la goma ni dejaba a Lucía que se copiara en las pruebas. Egoísta como ella sola y malcriada.

Lucía quería mirar la hoja de Camila y le reventaba que, si bien Camila tomaba la regla de Lucía sin pedir permiso, no había retribución de su generosidad. Qué tipa jodida.

Con el correr de los días se dieron cuenta que entre tanto abismo aparente entre ellas, la una la nerd del grado y la otra, la popular que ya salía a sacudirse en las matinés, había un germen de luz en común: los cursos, los proyectos y ambicionar algo para sus vidas.

Surgió primero el hacer inglés juntas en la Cultural. La nerd se imaginaba a si misma una alta ejecutiva y el english era un tool necesario, proyectando 10 años mínimos hacia delante.

Lucía y su inteligencia nata ambicionaba algo más para su vida que una vida de pueblerina y un almacén de barrio y el inglés prendió también.

Camila la pasaba a buscar a las 8 de la mañana los sábados, y una Lucia trasnochada la recibía y le metía excusas inverosímiles mientras se sacudía el pintalabios Tammy de la boca.

Camila se iba furiosa y sola a inglés a formarse.

Camila no estudiaba nunca y se sacaba diez. Lucía se esforzaba y también le iba bien. Dejó de faltar también. Camila prometió y juró no gastarse la plata destinada a sus cursos en ropa de pueblo.

Después surgió tenis. Ser tenistas en Roland Garros era un sueño muy lejano para sus cuerpos poco hábiles, así que siguieron con hockey. Quedaron los palos de hockey en un rincón poco a poco. Después finalmente calzaron con Aerobics y Step. Calzas, medias azules y coreografías. Ahí si que eran buenas.

Con el tiempo empezaron a conocerse de verdad. Ambas querían salir de sus encierros hogareños. Una, Camila, sobreprotegida y a la que no dejaban salir ni a la esquina, con los cursos encontraba la salida justificada y los permisos: así se permitía escapar de inglés y se tiraban en la calle a ver chicos lindos y comer sándwiches.

La otra, solitaria en su casa, encontraba en Camila un refugio para comer torta de chocolate en la familia numerosa de Camila y no trasnochar tanto.

Camila amaba la ropa de Lucía. Lucía jugaba con las hermanas de Camila. A Lucía le divertían las caras de Camila. A Camila le gustaban los planes de ver chicos lindos que Lucia conocía del barrio. Iban a bailar pero solo si el papá de Camila las iba a buscar.

Al año siguiente, se volvieron a sentar juntas. Pero esta vez se eligieron sin dudar.

Formaron el fans club de New Kids On the Block. Atisbos de empresarias , a  los 14 años facturaban merchandising traído de USA para sus “socias”, editaban una revista, cobraban a las socias que querían ingresar a tan selecto club. Robaban hojas en la calle Florida de sus ídolos adolescentes debajo de las remeras y corpiños. Y luego las revendían. Tuvieron hasta su propio programa de radio.

Armaron “la fiesta de los New Kids” en selecto salón con pantalla gigante y plataforma elevable y duplicaron la inversión.

Llegaron los primeros besos, las primeras caricias con los chicos del barrio. Los primeros recitales, los primeros anillos y vestidos bobos de fiestas de quince con los infaltables zapatos brujitas.

Se nutrían ambas como una arteria de un mismo cuerpo: Camila se hizo menos nerd y empezó a disfrutar la adolescencia. Empezó a rebelarse, a mentir, a fugarse, a no ser tanto la nena buena.  Lucía no salía tanto de noche y compartía más las horas del día con Camila. Encontró la hermana que no tenía.

Con los años se hicieron amigas inseparables. Hermanas.

Como una arteria central e indispensable de un mismo cuerpo, como órgano vital, hasta se las llegó a considerar lesbianas y empezaron a parecerse físicamente.

Hicieron amigos en común, tuvieron novios, sufrieron pérdidas irreparables.

Se pelearon en quinto año. Complot, mentiras, pendejadas se entremezclaron y en la fiesta de egresados Camila lloró toda la noche sola en un rincón. Lucía ya  no la quería en su vida.

Típicos duelos de la escuela secundaria.

Una muerte vendría a tan temprana edad a empañarlo todo. También a volvería a reunirlas.

Lucia se enteró que en esos años Camila hizo el viaje a Europa de mochilera que tanto habían planificado juntas años anteriores,  noches enteras, marcando ciudades, soñando iglesias, tocando óleos, pero con otra amiga. Camila había hecho su vida sin ella.

Intentó reconquistarla con ir juntas al mismo gimnasio pero Camila estaba en otra. Nuevamente el tiempo intervino con sus gaps.

Pasaron 6 años. Ya, 22 años,  surgió un hecho inesperado.  Un giro rotundo y un poco kitsch en la historia de nuestras heroínas.

Uno de los New Kids venía a Argentina.

Una la llamó a la otra. Vamos? Somos grandes…. si ya se, pero sería cobrarnos una deuda pendiente…

Tuvieron la foto anhelada con su ídolo. Y no se separaron más.

“Te extrañe estos años.”

“Yo también. No hubo un día que no me arrepintiera de pelearme con vos.”

Hasta que la crisis del 2001 y los sueños de volar lejos de Lucía las separó, pero solo físicamente.

Ellas aún desconocían que el destino que ambas elegirían tan disímiles, las uniría nuevamente.

Camila se transformó en una ejecutiva medianamente exitosa lidiando con políticas y villanos.

Lucia se dedicó a disfrutar del arte y la fotografía, el periodismo, los viajes, la vida plena lejos de las exigencias corporativas.

Pero son hermanas, y su naturaleza recordó y tomó cuerpo. El órgano vivo unitario hizo nuevamente sinapsis. El latir de sus venas y fibras se acentuó. El destino las volvería a reunir en un mismo lugar, aunque no físicamente.

La arteria seguía viva, solo que se estiraba unos miles de kilómetros por sobre hilos de océano mar.

Continuará

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