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relaciones no tipificadas

19 Feb

“Sabemos que existen personas, objetos, ideas pero este conocimiento sólo es aprehensible por medio del lenguaje que hace las veces de mediador, introduciendo al símbolo como creador de la realidad propiamente humana, y despojando al sujeto de una relación “instintiva” o “natural” con el mundo. “El símbolo se manifiesta en primer lugar como asesinato de la cosa”, con lo que el lenguaje establece un ordenamiento en la experiencia humana que Lacan denominó como orden simbólico y que, anudado a lo imaginario y lo real, conforma la estructura subjetiva del hombre. ”

Lic. Quiroga, sobre la teoría lacaniana

Las palabras siempre son una trampa. Las palabras encapsulan, atrapan, definen de antemano.

Y dejan por fuera todo el peso de un sin numero de sensaciones, sentimientos, asimetrías, conductas, reglas y no reglas.

Ya lo decía Lacan, y siendo consciente de caer en la trampa de su teoría (teoría como un simple recorte de la realidad hecha con la misma mentira de las palabras), que somos esclavos del lenguaje y es el precio del devenir seres simbólicos y el acceso a la cultura. Las palabras son un muro con la realidad, nunca pasible de ser aprehendida.

La palabra define un significado. Y aquí la emboscada.  El significado escrito en un diccionario confunde cuando lo que se siente o las reglas consensuadas en el lenguaje no encajan perfectamente en tal acepción.

Tomo por ejemplo la palabra amistad.

Amistad es tan variada en su definición como relaciones tengas. Las relaciones son siempre asimétricas. Amistad es tan diferente como personas a quienes se te ocurra nombrar como amigas.

Esto es algo que aprendí con el tiempo. Hace diez años demandaba una simetría y correspondencia en un quantum de horas, de dedicación, de comprensión, que solo lleva a la desilusión y al fracaso.

Con los años, aprendí a disfrutar lo que me da cada relación. Sin definir siempre, porque al definir sobreviene inevitablemente la desilusión. Nadie nos puede dar todo, nadie puede comprender todo, nadie puede satisfacer plenamente. La frustración está siempre a la orden del día.

Hay relaciones donde siempre es uno el que da más, y el otro siempre da menos. Y aún  así se aceptan y está bien.

Otras veces el mismo patrón deriva en el fin de la relación. A uno le aceptamos la asimetría, a otros no. En otros duele demasiado.

Hay relaciones que son espacio afectivo, contenedor, y de vez en cuando irrumpe la distancia. No encajan nuestras necesidades con las del otro.

Hay relaciones que se viven intensamente con tormentas temporales.

Hay relaciones tranquilas, armónicas, donde nunca hay tormentas sino siempre brisas suaves. Pero nunca emociones fuertes.

Incluso aprendí que aun aprendiendo esto, no puedo pretender que el otro lo vea de la misma manera.

Yo  Carla descanso en las relaciones no tipificadas. Donde no quedo atrapada en las reglas de lo que debe ser de acuerdo al diccionario de turno, sobre como debo comportarme, que se supone que debo hacer y demás yerbas de etiqueta. Las relaciones no tipificadas, no clasifica-bles, son un espacio donde no hay un compromiso u obligación constante.

Pero sigo pensando, cuando no,  y hay un riesgo.

Descansar demasiado en las relaciones no tipificadas en una suerte de hippismo del afecto, donde tomo de cada uno lo que me sirve, lleva al no cambio permanente.

Es una buena manera de nunca cambiar absolutamente nada y nunca tener confictos, cambios, errores, riesgos.

Vuelvo a entrar en una trampa. El hecho de saberla una trampa consciente, es la única ganancia.

Aun así, elijo no caer en una suerte de pseudovida  donde esta se componga de piezas de rompecabezas de personas,  donde cada uno me da una parte que me sirve. Eso sería una versión utilitaria y cómoda, oportunista del vivir. Hacer de cuenta para que no cambie nunca nada.

Elijo si, creer que la razón por las que escapo y omito con algunos, reglas que a otros no dejo pasar, donde acepto, donde transijo, donde concedo, soslayo, no tiene otro motivo que el mero hecho de que la razón por la que lo hago no deviene de la razón.

Sino de la simpleza de sentir, sin emboscadas hechas de palabras.

clase de fotografía

12 Nov

Cuando un rayo incide sobre la lente paralelamente al eje, el rayo emergente pasa por el foco imagen F’. Inversamente, cuando un rayo incidente pasa por el foco objeto F, el rayo emergente discurre paralelamente al eje. Finalmente, cualquier rayo que se dirija a la lente pasando por el centro óptico se refracta sin sufrir ninguna desviación.

Mi amiga Malu está trabajando en un proyecto de fotografía.

El domingo pasó tiempo  explicándome el tema del enfoque, del lente; me explicó como tenía yo que aprender a jugar con primeros planos y perspectivas, fondos diversos. Y para probar me recomendó usar un muñeco de trapo para jugar con él siempre en primer plano y ubicarlo en distintos fondos, haciendo focos, a veces el fondo, a veces el muñeco.

Hoy jugué a los planos, sin querer.

Era el día para el que trabajamos tanto. Había  butacas y alfombra roja.

Y perdimos.

Sin embargo, no me pasó nada. No se cayó el mundo, no lloré ni me deprimí.

No acusé al destino, a la mala suerte serial, ni me estigmaticé.

A veces todo es cuestión de focos y ajustar el lente.

Porque lo que pasaba en el escenario no era importante, era un fondo aleatorio, porque lo que pasaba abajo del escenario era el foco.

El muñeco de trapo estaba en la butaca sentado al lado mío, furioso, y preocupado. Porque el premio habría sido un buen regalo y una buena lección en el arte de cincelar.

Para que yo me sintiera bien, porque sabe que me gusta ganar, por todo lo que significó este trabajo.

El sacrificio de las horas juntos, las energías, la amistad … Porque perdimos frente a grandes capitales multinacionales y equipos reales, ante nuestro esfuerzo raquítico de a dos y de bajo presupuesto. Lo que los hace simplemente, mejores que nuestro caso.

Lo que no invalida la desigualdad de condiciones.

El muñeco de trapo es de trapo, valga la redundancia, y no puede decir. Sus ojos no obstante me expresaban lo que no me hablaba, mortificado.

Preocupado el por mi y yo por el, la dialéctica era una encerrona sin salida.

No me sentía sorprendida, ni desilusionada. Mucho peor, mucho más grave.

Le dije:

“… quizás  estoy acostumbrada, y por eso no me siento mal. Acostumbrada a no ganar”, suavicé, helada, casi muerta.

Una respuesta de mierda, escapista, maldita, analítica. Y sin embargo, bastante sincera.

El veía el fondo de la escena, detrás del telón, los ganadores festejando, marcando mi falta de atención en lo que sucedía sobre el escenario.

Yo mientras veía al muñeco del primer plano, preocupado, porque no había podido cumplirme el deseo.

La gente festejando, feliz, de fondo no me parecía algo nuevo. Ya pasé festejos similares donde yo estaba en la butaca. No me duele ni me conmueve ya.

El muñeco de trapo no tiene tanto expertise en la materia.

En eso yo le saco ventaja.

Pero lo que él no sabe es que yo algún día estaré sobre el escenario también, festejando, y él también, calculo, feliz, viendo desde la butaca.

A veces pienso que  algunos estamos siempre fuera de foco un ángulo tan mínimo que no nos  hace perder totalmente la escena principal, sino mirarla  de costado.

Sin embargo no ceso en la búsqueda de perfeccionar mi técnica de ajustarme a mi misma al lente y corregir el rumbo o maximizar el ángulo para al menos no ver de lo que me pierdo.

socias de pequeñas, hermanas de la vida (1)

21 Ago

“Maybe we could be our soul mates, and then, let men be just these great cute guys to have fun with”

Sex and the City, Charlotte dixit.-

…..

Lucía y Camila se conocieron cuando tenían 12 años en un colegio de pueblo, de monjas para niñas, bajo la condición excluyente sine qua non de no poseer apéndice viril.

Al principio no se soportaron, pero no les quedó otra que sentarse juntas porque se habían quedado sin amigas ambas.

Típicos duelos de la escuela primaria.

“Te querés sentar conmigo?” dijo Lucía, resignada ante su única opción.

“Bueno dale” aceptó Camila, sin ver otras caras amigables, revoleando los ojos.

En el inicio, tal cual génesis, Camila no le prestaba la goma ni dejaba a Lucía que se copiara en las pruebas. Egoísta como ella sola y malcriada.

Lucía quería mirar la hoja de Camila y le reventaba que, si bien Camila tomaba la regla de Lucía sin pedir permiso, no había retribución de su generosidad. Qué tipa jodida.

Con el correr de los días se dieron cuenta que entre tanto abismo aparente entre ellas, la una la nerd del grado y la otra, la popular que ya salía a sacudirse en las matinés, había un germen de luz en común: los cursos, los proyectos y ambicionar algo para sus vidas.

Surgió primero el hacer inglés juntas en la Cultural. La nerd se imaginaba a si misma una alta ejecutiva y el english era un tool necesario, proyectando 10 años mínimos hacia delante.

Lucía y su inteligencia nata ambicionaba algo más para su vida que una vida de pueblerina y un almacén de barrio y el inglés prendió también.

Camila la pasaba a buscar a las 8 de la mañana los sábados, y una Lucia trasnochada la recibía y le metía excusas inverosímiles mientras se sacudía el pintalabios Tammy de la boca.

Camila se iba furiosa y sola a inglés a formarse.

Camila no estudiaba nunca y se sacaba diez. Lucía se esforzaba y también le iba bien. Dejó de faltar también. Camila prometió y juró no gastarse la plata destinada a sus cursos en ropa de pueblo.

Después surgió tenis. Ser tenistas en Roland Garros era un sueño muy lejano para sus cuerpos poco hábiles, así que siguieron con hockey. Quedaron los palos de hockey en un rincón poco a poco. Después finalmente calzaron con Aerobics y Step. Calzas, medias azules y coreografías. Ahí si que eran buenas.

Con el tiempo empezaron a conocerse de verdad. Ambas querían salir de sus encierros hogareños. Una, Camila, sobreprotegida y a la que no dejaban salir ni a la esquina, con los cursos encontraba la salida justificada y los permisos: así se permitía escapar de inglés y se tiraban en la calle a ver chicos lindos y comer sándwiches.

La otra, solitaria en su casa, encontraba en Camila un refugio para comer torta de chocolate en la familia numerosa de Camila y no trasnochar tanto.

Camila amaba la ropa de Lucía. Lucía jugaba con las hermanas de Camila. A Lucía le divertían las caras de Camila. A Camila le gustaban los planes de ver chicos lindos que Lucia conocía del barrio. Iban a bailar pero solo si el papá de Camila las iba a buscar.

Al año siguiente, se volvieron a sentar juntas. Pero esta vez se eligieron sin dudar.

Formaron el fans club de New Kids On the Block. Atisbos de empresarias , a  los 14 años facturaban merchandising traído de USA para sus “socias”, editaban una revista, cobraban a las socias que querían ingresar a tan selecto club. Robaban hojas en la calle Florida de sus ídolos adolescentes debajo de las remeras y corpiños. Y luego las revendían. Tuvieron hasta su propio programa de radio.

Armaron “la fiesta de los New Kids” en selecto salón con pantalla gigante y plataforma elevable y duplicaron la inversión.

Llegaron los primeros besos, las primeras caricias con los chicos del barrio. Los primeros recitales, los primeros anillos y vestidos bobos de fiestas de quince con los infaltables zapatos brujitas.

Se nutrían ambas como una arteria de un mismo cuerpo: Camila se hizo menos nerd y empezó a disfrutar la adolescencia. Empezó a rebelarse, a mentir, a fugarse, a no ser tanto la nena buena.  Lucía no salía tanto de noche y compartía más las horas del día con Camila. Encontró la hermana que no tenía.

Con los años se hicieron amigas inseparables. Hermanas.

Como una arteria central e indispensable de un mismo cuerpo, como órgano vital, hasta se las llegó a considerar lesbianas y empezaron a parecerse físicamente.

Hicieron amigos en común, tuvieron novios, sufrieron pérdidas irreparables.

Se pelearon en quinto año. Complot, mentiras, pendejadas se entremezclaron y en la fiesta de egresados Camila lloró toda la noche sola en un rincón. Lucía ya  no la quería en su vida.

Típicos duelos de la escuela secundaria.

Una muerte vendría a tan temprana edad a empañarlo todo. También a volvería a reunirlas.

Lucia se enteró que en esos años Camila hizo el viaje a Europa de mochilera que tanto habían planificado juntas años anteriores,  noches enteras, marcando ciudades, soñando iglesias, tocando óleos, pero con otra amiga. Camila había hecho su vida sin ella.

Intentó reconquistarla con ir juntas al mismo gimnasio pero Camila estaba en otra. Nuevamente el tiempo intervino con sus gaps.

Pasaron 6 años. Ya, 22 años,  surgió un hecho inesperado.  Un giro rotundo y un poco kitsch en la historia de nuestras heroínas.

Uno de los New Kids venía a Argentina.

Una la llamó a la otra. Vamos? Somos grandes…. si ya se, pero sería cobrarnos una deuda pendiente…

Tuvieron la foto anhelada con su ídolo. Y no se separaron más.

“Te extrañe estos años.”

“Yo también. No hubo un día que no me arrepintiera de pelearme con vos.”

Hasta que la crisis del 2001 y los sueños de volar lejos de Lucía las separó, pero solo físicamente.

Ellas aún desconocían que el destino que ambas elegirían tan disímiles, las uniría nuevamente.

Camila se transformó en una ejecutiva medianamente exitosa lidiando con políticas y villanos.

Lucia se dedicó a disfrutar del arte y la fotografía, el periodismo, los viajes, la vida plena lejos de las exigencias corporativas.

Pero son hermanas, y su naturaleza recordó y tomó cuerpo. El órgano vivo unitario hizo nuevamente sinapsis. El latir de sus venas y fibras se acentuó. El destino las volvería a reunir en un mismo lugar, aunque no físicamente.

La arteria seguía viva, solo que se estiraba unos miles de kilómetros por sobre hilos de océano mar.

Continuará

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