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Elige tu propia aventura

17 Dic

Juan salía desde hacía 6 años con Mara.

Mara es cristalina; entiéndase por cristalina, una mina muy dócil, de sonrisa calma, y ojos transparentes. Mara toma agua mineral sin gas, usa saquitos de lanilla rosa pálido, tiene el pelo muy lacio de castaño claro y es la clase de mujer a la que jamás le sale un grano.

 

Mara es flaca, come verduras y un Mac Donalds de tanto en tanto, y  sus amigas con las mismas de la primaria.

Ojo no critico a Mara, al contrario. Mara ES así.  Sólo que la pareja de ambos me parecía siempre muy, muy receta de libro.

Siempre que los veía juntos en fiestas, pensaba que eran una pareja perfecta; tan perfecta que inquietaba. Una vida parsimoniosa, de novela, donde fueron cumpliendo paso por paso las etapas esperadas a cumplir en toda vida de pareja.

Los padres de él la querían; una nuera que pocas veces levantaba la voz y jamás contradecía a su suegra.

Los padres de ella lo adoraban; marido con carrera prometedora, un tipo dulce y sonriente.

 

Pocas veces los vi discutir.

 

En la vereda de enfrente, algunas de mis amigas solteras y yo. Mi sucesión de historias de mierda, de abandonos repentinos, de saltos al otro lado del océano; mis historias de una noche y todo lo que, sin ser una perdida, solo me hacía oscura y sobresaltada en contraste con la linealidad perfecta de Mara; entiéndase por contraste una mina poco dócil, de sonrisa calma, pero muy impulsiva, insegura a veces y muy apasionada. La clase de mujer a la que le sale ese grano imperfecto en el día de una presentación importante.

 

Nunca tampoco fui una mina envidiosa; pero ver su Facebook lleno de viajes de pareja a la costa, a Europa y a Brasil en contraste con el mío, lleno de Europa, Hong Kong y demás lugares glamorosos y no tanto, pero casi siempre sola, me hacían pensar que evidentemente mi neurosis era un gran impedimento para estar bien con alguien. Solíamos decir que la receta era amarizarnos, chiste que la incluía a la susodicha.

El sábado recibí la invitación del casamiento tan anunciado: era inminente que en el verano del 2011, se venía LA boda del grupo. Era cantado.

 

Abrí la invitación en la cama, el color manteca, el papel perfumado, el sábado a la mañana.

 

Y allí estaba, él, Juan Martín L. H. invitándome a su enlace, con….

 

Claudia, su amante desde hacía 1 año.

 

Salté de la cama, llamé a Pampa, a Vera.

Corrí al Facebook, no entendía absolutamente nada. (quilombo en puerta, vamos a la fuente confiable)

 

Y allí estaba Claudia, real, tan real que hasta tenía un grano en la foto del perfil.

 

Al fin y al cabo después de la luna de miel, no hay irrealidad por más perfecta sea, que pueda resistir lo real de la convivencia.

 

 

 

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Follow o unfollow, that´s the question

24 Nov

“No estoy preparada para darle unfollow”

Sentenció Marina, mientras entraba al muro del facebook de Lucio y sufría revisando el álbum “Con amorcis” que databa de hacía 2 meses atrás ante cada foto que los había retratado en Mar de las Pampas.

Ya no bastaba con tirar cartas de amor, fotos, y algún que otro cd.

El registro virtual de su historia de amor de 4 meses la acosaba en cada red social.

Así se habían conocido, entre tuit y tuit, riéndose, de madrugada, mientras ella estudiaba para la facu y él estaba desempleado.

El primer encuentro a ciegas, fue esperado no solo por Marina y Lucio sino por todo el timeline compartido de seres extraños, pero que habían vivenciado tuit a tuit el histeriqueo. Nada más entretenido que la novela de la tarde a los ojos de todo Voyeur de redes sociales.

Todo concluyó cuando él consiguió trabajo y empezó a frecuentar más a una de sus nuevas compañeras que a la PC.

Lentamente, luego del abrupto corte, Marina tuvo que presenciar ver a su ex con la usurpadora, vía Facebook, en la casa de Lucio, con los amigos de Lucio, con la madre de Lucio, albums que ella nunca había llegado a completar con el susodicho. Todo lo que parecía que era “apresurado y me estás asfixiando” con Marina, la nueva había logrado conquistar rápidamente en el muro de la relación con el afamado Lucio.

Ante cada nuevo tuit de @lucio45, la sola presencia del avatar en el timeline le paralizaba el corazón, pero tampoco tomaba la decisión de borrarlo en una acción más masoquista que valiente.

Se empezó a hacer costumbre acompañarla para ir a chequear los lugares donde Lucio hacía foursquare, aún cuando no estábamos de acuerdo. Armó una columna especial para él en el Tweetdeck donde tenía su search actualizado a cada momento. La potencial stalker en la que se había convertido y la creciente obsesión nos hizo alertarla y  pedirle que lo borre de sus redes, y así retome su vida de una vez por todas.

Cualquier duelo es un proceso de desenvestidura libidinal, es decir, cada recuerdo o vivencia, tienen una intensidad en nuestra cabeza y en nuestro corazón porque están cargados afectivamente, y es el duelo el proceso inverso de esta carga. Los vamos “descargando de afecto”, por decirlo fácil, y el proceso de quita de este afecto, recuerdo por recuerdo, es doloroso.

No importaba si lo leía en TW, Facebook, si escondía el celu para no llorar ante la lectura de los viejos sms, que aún guardaba. Lucio estaba grabado a fuego en su cabeza y en su corazón, el objeto de su obsesión; las redes sociales no son más que un medio más no la causa.

Recién después de 6 meses, Marina empezó a olvidarse de chequear su TL diariamente y torturarse con el Facebook dejó de tener sentido.

Otras cosas ocuparon su cabeza.

Hasta que un día escribió el tweet: Adiós.

Al fin quitó la pesada carga afectiva al último recuerdo, vió que no valía la pena cambiar su user y apretó unfollow, pero no en su timeline, sino en su cabeza.

Porque también es un click en la mente lo que nos libera de estar pendientes de alguien.

before sunset (b)

24 Dic

Les dejo hoy esta otra selección de la película (a partir del minuto 6:00). Espero que la disfruten y felicidades para todos, Car.

——-

el
Sabes que creo que escribir ese libro de alguna manera fue para no olvidarme los detalles de los momentos que pasamos juntos. Una especie de recordatorio de “una vez realmente quise decir esto, esto fue real, esto pasó”
ella
Me hace feliz  que digas eso, porque siempre me he sentido una especie de freak, rara, porque nunca he podido seguir adelante así de rápido (chasquido de dedos). La gente tiene romances, relaciones enteras, y luego cortan y se olvidan, y siguen adelante como si cambiaran de marca de cereales. Yo siento que nunca pude realmente superar a nadie con quien haya estado. Porque cada persona tiene distintas cualidades, particulares, y nunca se puede reemplazar a nadie; lo que está perdido, está perdido. Cada relación tiene una serie de eventos, que hace que nunca me haya recuperado completamente. Por eso tengo mucho cuidado en involucrarme en una relación, porque duele demasiado. Aún acostarse de vez en cuando, cosa que no suelo hacer. Extrañaría las cosas más nimias de una persona. Llamame loca, pero cuando era niña e iba al colegio, siempre llegaba tarde. Mi mamá me contó que una vez me siguió para ver la razón por la que eso pasaba. Simplemente me detenía para ver las hojas de los árboles, cosas al costado de la vereda…pequeñas cosas. Creo que es lo mismo con las personas; me detengo en pequeños detalles que extraño y que siempre extrañaré. Nunca puedes reemplazar a nadie porque cada uno está hecho de tan pequeños hermosos detalles que lo hace único.Como esa parte rojiza de tu barba, y cómo el sol le cae y la hace brillar, como lo hacía esa mañana en que te fuiste…siempre recordé eso, y lo extrañaba. Estoy realmente muy loca no?
el
No, y te lo digo así. Sabes porqué escribí ese estúpido libro? Para que vos lo leyeras en París, y yo tuviera que presentarlo, y así vinieras a verme. En serio, lo escribí para llegar a vos de alguna manera
ella
ok, sé que eso no es verdad, pero igualmente es dulce de tu parte que me lo dijeras
el
Es verdad, fijate; cuales eran las chances de volvernos a ver?
ella
Hasta diciembre hubiera dicho que cero…pero cómo no? esa mujer vieja, fantaseando sobre nosotros en su lecho de muerte, por supuesto que nos ibamos a ver!
el
Ay Dios, porqué no estuviste en Viena?
ella
ya te expliqué porqué
el
Ya lo sé, ya lo se…solo que pienso para mí, desearía que hubieras ido; el presente sería tan distinto.
ella
Crees en eso? Y creo en esto: cada vez que haya dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno, siempre obtienes agua.
el
Yo realmente  creo que el presente sería distinto
ella
Quizás no; quizás nos hubiéramos odiado.
el
Y cómo? cómo nos odiamos ahora, igual?
ella
Quizás solo somos buenos para encuentros esporádicos, dialogando mientras caminamos por bellas ciudades europeas
el sigue
Porqué no intercambiamos números de teléfonos aquella vez?
ella
Porqué eramos jóvenes y estúpidos??
el
Crees que aún lo somos?
ella
Creo que cuando uno es joven piensa que el futuro está lleno de personas con las que no va a conectar; que las posibilidades son múltiples. Y que luego se da cuenta que no era así; que solo pasa pocas veces en toda una vida.

Diario, mar Egeo

16 Nov

“What you leave behind is not what is engraved in stone monuments, but what is woven into the lives of others”
Pericles

Eran las 2 am, estábamos cansados, agotados, nos conocíamos hacía pocas horas, pero no podíamos dormir, perdidos en la nada, maravillados de habernos encontrado.

Como chicos, jugábamos en la popa, hacíamos titanic, bailábamos, cantábamos.

La magnificencia del paisaje era conmovedor, so touching.

Recorriendo el Mar Egeo, avizorando Naxos, Paros, con destino a Santorini, una de las más firmes candidatas a ser la atlantis perdida.

La luna gigante, iluminaba la oscuridad absoluta de esas tierras míticas, mágicas, que acostumbré a soñar en las aburridísimas clases de historia del colegio.

Las pocas palabras que sonaban eran griegas y llenas de antigüedad

Y él y yo, nos apoyábamos en la baranda, ante la solemnidad y soledad de la noche griega, tratando de abarcar la noche, inútilmente.

Mirando sin poder creer que estábamos ahí, en ese lugar perdido del mundo.

Juro que se sentían los dioses.

Sale el capitán, nos mira, le contamos de donde somos.

En eso el uru le dice:

Yo le dije que largue al novio aburrido ese que tiene, y que se ponga a viajar conmigo y nos casamos en alguna de estas islas.

El capitán me intentaba convencer…

Mi rigidez moral de por entonces, ciega, no soportó ni siquiera un beso, pero me moría de risa y de amor.

Y empezó a cantarme:

Cada día que pasa crece esta locura
El unguento de tus labios es mi cura
Tu me domas con el circo de tus besos
y milito en la frontera de tus huesos

Es mejor vivir un día contigo
que vivir mil años sin tu abrigo
Es por eso que hoy te pido

que me des tu cariño
para yo quedarme
Un minuto me basta vida
para enamorarte

Escalar el cielo abierto de tu boca
y orbitar en tus galaxias se me antoja…

Aclaro que al día de hoy, nos seguimos viendo con uru y esta canción es una de mis favoritas…


Diario, tierras griegas

11 Nov

“To be in love is merely to be in a perpetual state of anesthesia – to mistake an ordinary young man for a Greek god or an ordinary young woman for a goddess”

Dioniso tuvo un nacimiento inusual que evoca la dificultad de encajarle en el panteón olímpico. Su madre fue una mujer mortal, llamada Sémele, hija del rey Cadmo de Tebas, y su padre Zeus, el rey de los dioses. La esposa de Zeus, Hera, una diosa celosa y vanidosa, descubrió la aventura de su marido cuando Sémele estaba encinta. Con el aspecto de una anciana (en otras versiones de una nodriza), Hera se ganó la amistad de Sémele, quien le confió que Zeus era el auténtico padre del hijo que llevaba en el vientre. Hera fingió no creerlo, y sembró las semillas de la duda en la mente de Sémele, quien, curiosa, pidió a Zeus que se revelara en toda su gloria como prueba de su divinidad. Aunque Zeus le rogó que no le pidiese eso, ella insistió y él terminó accediendo. Entonces Zeus se presentó ante ella con sus truenos, relámpagos y rayos, y Sémele pereció carbonizada. Zeus logró rescatar al fetal Dioniso plantándolo en su muslo. Unos meses después, Dioniso nació en el monte Pramnos de la isla Icaria, a donde Zeus fue para liberarlo ya crecido de su muslo. En esta versión, Dioniso tuvo dos «madres» (Sémele y Zeus) antes de nacer, de donde procede el epíteto dimētōr (‘de dos madres’), relacionado con su doble nacimiento.

La agenda era nueva. El calendario, sin estrenar. Corrían los primeros días de niebla londinenses.

Oxford fascinaba majestuosa. Liverpool y The Cavern aguardaban y los viejos compañeros de escuela de Paul nos esperaban con el cafe caliente todas las tardes, a dos cuadras de la catedral anglicana, que se alzaba altiva y tenebrosa.

Tachando cada día emprendimos el recorrido por 9 países con mi amiga Lola. Disfrutaba al fin poder asir, pisar, tocar, admirar, respirar esas tierras, monumentos soñados. De 20 años, ya manifestaba mucha curiosidad por las artes y la historia.

En Londres taché: 85 días menos, para ver a Mariano, entre famosos de cera.

En Bélgica, borré: 80 días menos para ver a mi amor. Brujas medieval de fondo.

En Holanda, me tatué y me teñí, fumé, y entre coffe shops, sex shops y red windows llamaba a Mariano. Minus 75.

En Francia, recorrimos los bares con el papparazzi y el guardaespaldas de Madonna, y nos extrañábamos con hambre. Desde la torre Eiffel lo llamé y suspiramos. En Notre Dame me saqué esa foto que envié usando por primera vez el Hotmail. Me compuso dos temas y me envió un cassette resumiendo nuestra historia de amor.

El walkman latía en Cannes, en la puerta de Chanel, donde solo fuimos para ver donde Meg Ryan y Kevin Kline se habían enamorado en French Kiss. Ya romántica incurable.

Menos 70 días. Cada vez falta menos.

En Mónaco nos pasaron a buscar con limo y navegamos con amigo de papá por el mar azul simulando millones y suspiré por su belleza.

Mariano te extraño. El teléfono era eterno. Imaginábamos el reencuentro. Mi soledad y yo, de Sanz, nos musicalizaba.

En Italia morí de amor por toda ella. Italia me conmueve siempre. Lloré frente a La Última Cena en Santa María Della Grazie, metí la mano en La Bocca de la Veritá. En la Fontana Di Trevi me prometí volver un día con el amor, lanzando la moneda hacia atrás. En Venecia me enfermé y vomité en el convento de las monjas, quienes a las 20 hs ya nos enfilaban a dormir. A oscuras con una pequeña linterna bajo las sábanas, le escribí esa carta.

Para Pompeya no teníamos tiempo, Grecia reclamaba llegar lo antes posible, atrayente.

El  barco salió de Brindisi rumbo a Grecia, y lo conocí. El primer enrosque de mi vida. El primer giro de 360º. Tras 4 años de noviazgo estable, sin muchas peleas, otro había capturado más que mi atención.

No le dije nada a Lola, pero se dio cuenta. Me mentí, no le podía hacer esto a Mariano. Qué me pasa. No me salían más las mismas palabras.

Y Mariano musicalizó mi desaparición en la Europa de mis sueños. Intuía que otro me había robado en Grecia. La yo de Italia sonaba muy distinta dos días después al entrar a la cuna de la civilización.

Como si el influjo de los dioses y sus pasiones tormentosas, celosas, fugaces me hubieran capturado, me dejé seducir por Atenas, Santorini, Mykonos y el Dionisio uruguayo que se había aparecido de repente en la agenda.

La agenda quedó vacía y desolada de palabras, pero sobre todo de tachaduras.

diario, primer amor

10 Nov
Only the deepest love will persuade me into matrimony”
 
Elizabeth Bennet- Pride and Prejudice


...

Diario, julio de 1997

…Y me acompañó en la bici violeta. Salíamos de nuestras obligaciones parroquiales, ingenuos, tímidos. Él con su bici, yo con mis calzas cortísimas al borde del escándalo y mi buzo estilo hockeyano. Hace un año ya de nuestra amistad. Cada vez lo extraño más.

“Me gusta mi mejor amigo. Esto es un drama. No me va a dar bola nunca”_ dije  a Vera.

“Nena, está con vos, no te das cuenta como te mira?

“Todas están enamoradas de él” Justo a mi?

“Si nena, está con vos. Todos lo sabemos menos vos. El otro día casi se mata a piñas con J.”

“Pero eso es por amistad”

“Pleaseeee, so naif”

Siempre mis amigas creyeron más en mí que yo misma, esto se iría marcando con los años. El examen de realidad no me confirmaba los hechos.

Hasta que ese día, domingo, en el bar de la esquina, mientras le temblaban las rodillas, me pidió de salir.

Si, le dije emocionada.

“Sos el equivalente a mi felicidad”_ tiró al aire, como si nada,  sin poder sostener la mirada.

Pero de la teoría, del bla bla,  no pasaba al acto. Me llevó a casa, y no me daba un beso. Yo nerviosa, crecía mi irritación.

“Estamos saliendo! No me vas  dar un beso?”_ lo increpé.

Se puso rojo.

Entonces el beso se lo di yo.

Años después, ya novios comprometidos, me confesó “nunca te voy a perdonar cómo me avanzaste” “pero quiero estar con vos toda la vida de todas maneras, aunque seas tan atrevida”

Mariano, mi primer amor. El del aprendizaje inocente, el del compañerismo desmedido.

A quien dejé en Ezeiza una mañana de enero rumbo a la Europa de mis sueños, en lágrimas, con promesas de extrañar.

No sabíamos que mi sed de aventura y de buscar nuevos horizontes, de crecer, de aprender, eran más fuerte que mis dudas.

No sabíamos que nuestras edades y el contexto de rigurosidad de clanes y elites en los que habíamos crecido condicionaba, al despertar de ese mal sueño, nuestra sed por buscar “algo más”.

No sabíamos que las tierras griegas traerían efectivamente una tragedia dionisíaca con nombre masculino.

No sabíamos que, al regreso, seríamos dos perfectos y completos extraños.

La malévola y tramposa influencia bennetiana de la infancia.

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