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los juguetes de la infancia

13 Dic

Mi amigo @tuflus, una persona hiper creativa, escribió este post que, según el, pasó desapercibido. Cosa que me parece más que injusta…

En fin, ya que estamos con la temática de la infancia, le pedí permiso para repostear.

Visitenlo! Su blog aquí.

Y la explicación de su creatividad a continuación.

Los juguetes de la infancia

…o la falta de los mismos.

A pedido de exactamente 1 (UNA) persona, me dedico esta noche a escribir algo nuevo para este ya lastimosamente abandonado blog. Lo que hoy me inspira es un tema recurrente en mi retórica habitual, tal vez un trauma de la infancia que solo podré solucionar a fuerza de psicólogos, autos caros, mujeres hermosas (y aún mas caras) y estupefacientes.

A falta del dinero necesario para conseguir cualquiera de estos cuatro indispensables remedios, me conformaré con posponer los tres últimos y reemplazar con este blog al primero, como una suerte de Freud electrónico. (Si me dice que en el fondo tengo ganas de acostarme con mi madre, juro que le mando a los de Blogspot todos los forwards que tenga sobre Amy la niña celíaca con una teta en la espalda que morirá de diarrea explosiva si no lo mandas a 29 personas en los próximos 4 segundos).

El trauma en cuestión, para los 7 individuos de la población mundial que no me han escuchado divagar al respecto, es la falta de juguetes durante los años de mi dulce infancia (que, por cierto, todavía no termina).

Voy a ser exacto: Si tenía juguetes. Tenía bastantes. El problema es que jamás tuve los que YO quería.

Mis padres sostenían la extraña teoría de que si no me daban ningún juguete de carácter bélico, ni me dejaban jugar a ningún videojuego violento en la computadora, crecería para ser una persona de bien. Calculo que me imaginaban a los 24 años, en una misión jesuita en el Cuerno de África, ayudando a pequeños niños cuadriplégicos a comer puré deshidratado de la ONU. Ya ven como les salió eso…

Paso a enumerar casos puntuales:

• Aliens: Cuando tenía unos 10 años, vi Aliens por primera vez. Inmediatamente mi cabecita infantil se saturó de imágenes de monstruos babosos despedazando a soldados futuristas armados hasta los dientes, y fuí muy feliz. Me compraron alguna vez un muñeco de Alien? Obviamente no. A modo de reemplazo recurrí a los Playmobil Playmospace. Creados originariamente con el pacífico (y extremadamente aburrido) propósito de jugar a minar asteroides en busca de metales semipreciosos, mi imaginación decidió rápidamente que sus radios eran fusiles de asalto y sus palas excavadoras, torretas antiaéreas. Sí, era un pibe re flashero. En cuanto a los aliens propiamente dichos, no tenía absolutamente nada que se les pareciera. Me limitaba a hacer de cuenta que estaban ahí. Igual en la película tampoco se veían mucho, seamos honestos…

playmospace
They’re coming out of the goddamn walls!

• Rambo: Todo niño nacido en la década de los ’80 tuvo, como mínimo, un muñeco de Rambo. Incluso la mitad de las niñas tenían un muñeco de Rambo, probablemente por error. Yo? Jamás. “Para que querés a ese tipo violento que mata turcos? Jugá con los animalitos de tu juego de granja, que son tan lindos.”, me decía Mónica. A modo de reemplazo, hurtaba de la habitación de mis hermanas al novio de turno de Barbie, le ataba con un elastiquín cualquier cosa que se pareciera a un arma, e imaginaba con todas mis fuerzas que se asemejaba mínimamente a Sylvester Stallone. Fracasaba patéticamente. En una ocasión mi madre (o mi abuela, no me acuerdo) decidió comprarle a mis hermanas un novio plástico nuevo, pero cometió el error de confundir con Ken a un muñeco llamado “El Temerario”. El Temerario, como su nombre da a suponer, parecía ser un tipo duro y violento, capaz de reducir al adulto promedio a las lágrimas con solo mirarlo. “Esta es mi oportunidad de tener un juguete de verdad!”, me dije… en esas épocas conservaba todavía mi inocencia. Para mi desgracia, mis hermanas se lo llevaron antes de que pudiera apropiarlo. En menos de una semana el “temerario” tomaba té de Boldo y escuchaba a los Bee Gees. Incluso desarrolló articulaciones en los tobillos que le permitían realizar gráciles pasos de ballet. (Ojala estuviera exagerando…)

• Robotech: Ah, Robotech. Si naciste en los ochenta, sos nene, y no tenés un miniorgasmo ante la sola mención de Rick Hunter, estás muerto por dentro. Absorbía cada segundo de ese dibujito como si no hubiera un mañana. De mas está decir que mis padres jamás atinaron siquiera a barajar la idea de comprarme un VF-1 Valkyrie de juguete. Durante un tiempo, iba a jugar a la casa de ese vecinito insoportable que todos tenemos… lo odiaba con pasión, pero tenia un Veritech transformable de 30 centímetros de altura. Una vez que esa amistad interesada se fue al tacho, no me quedó mas remedio que usar mis manos. Si, mis manos.

gerwalk
A la izquierda, un VF-1 en modo Gerwalk. A la derecha, mi mano.
Alguien lo ve? No estoy loco…

• Armas de Fuego: Jamás tuve una de esas metralletas que tiraban chispas y hacían ruido a licuadora cuando tirabas del gatillo. Ni hablar de pedir una pistola de aire comprimido. Me estaban completamente vedadas… incluso me retaban si usaba las de mis amigos. En una época tuve una pistola de agua, pero sólo porque tenía forma de tortuguita y mi madre nunca sospecho de ella. La solución la encontré en un trípode de cámara filmadora. Una imagen vale mas que mil palabras:

minigun
Yo me sentía Terminator con mi trípode.

Bueno, y así podría seguir.
Tortugas Ninjas? Las robaba de las tortas de cumpleaños de mis compañeritos.
Cazafantasmas? Venían unos de goma, medio deformes y de color marrón, en unos chocolatines baratos que vendían en el kiosco. También dedicaba horas y horas de mi vida a dibujar mochilas de protones en mi cuaderno de Lengua. Jayce y los Guerreros Rodantes? No me acuerdo exactamente… creo que agarraba autitos de juguete y les pegaba pedazos de malvón al techo con cinta scotch.

Por lo menos ahora nadie puede decirme que la televisión me atrofió la imaginación.

#nocheretro

10 Dic

De vez en cuando para aflojar con tanta densidad del blog, me gusta intercalar, así como en la vida también intercalo y  me encanta reírme, hacer chistes y ser payasa, escribir algo más light.

Esta noche estuvimos en twitter con el hashtag #nocheretro. El Timeline explotó. Igualmente no escapé a mis reflexiones. Las comparto. Y un videito al final!

Carla

  • Vi ET en el cine, jugué con Barbie Tropical, Miraba Heidi y Tom Sawyer en Telejuegos, Burbujas; Robotech, Heman, Shera y Mazinger
  • Mi primer cassette fue Thriller de Michael Jackson, escuchaba Abba; Camilo Sesto y Franco Simone y Credence por mis viejos
  • Mi primer album de figus fue de ET, después: Frutillitas, Rainbow Brite y Ositos Cariñosos.
  • Atención: Ame Mazinger: yo quería ser Soiaca
  • Atención: estaba enamorada de Strabucco en Señorita Maestra
  • Atención: Yo quería que Minnie May se case con Rick. Odiaba a Lisa
  • Atención: Y quería ser Meche.
  • Yo compré el muñeco y la remera de Goma Goma.
  • Era líder en mi colegio, gestioné un proyecto de hogarescuela a los 6 años y vendía albumes truchos para juntar plata
  • Estaba enamorada de Tino de Parchis también
  • Arreglaba los cassettes con un lápiz
  • Coleccionaba Trolls
  • La muerte de Mufasa fue un suceso dramático y traumático
  • Me encantaba Berugo y su “porque aquí, lo sueños se hacen realidad”
  • Yo escuchaba a Cindy Lauper, nunca me gustaron Los Goonies, era fan de Michael Fox
  • Yo esperaba horas a que pasen un tema en la radio para grabarlo en casette
  • Atención: Lisa de Robotech mosquita muerta con el flequillo y su voz de nada.
  • Atención: Pido disculpas si escribí mal LYN MINMAY, no sabia leer ni escribir! Es un recuerdo meramente acústico!
  • Yo pasaba horas jugando a….WONDERBOY y nunca llegué a la patineta

Mis problemas con los hombres empezaron con Minnie May y Lisa?

  • Atención: Yo me enamoré de David Bowie en laberinto (?) y quería ser Sara
  • Yo tenía relojes de plástico que perdía cada dos días
  • Yo quería ser paquita argentina y pase solo una ronda y me echaron! Jaja
  • Yo miraba Angel la niña de las flores y quería que se besara con el misterioso e imitaba las voces de Rope y de la gatita. Odiaba a Malina
  • Yo miraba Heman y Shera solo para ver a Orko y buscar al bichito que se escondía al final…

#yoconfieso Lloré cuando en la historia sin fin el caballo de Atreyu se muere en el barro :S #traumainfantil

  • Moría por la publicidad “primer amor” de Coca Cola y quería ser una de los niños que cantaban “Un mundo mejor”
  • Yo envidiaba las tetas misiles de Afrodita! 😛
  • Yo odiaba a pelin y al Sr Televisor #nocheretro

Los 80s la mejor infancia #nocheretro

Los arquetipos de hombres y mujeres que marcaron mi infancia.

Pero, hoy:

Sigo enfrentada a la mujer “mosquita muerta”

Me gustaba Soiaca y odiaba la pasividad de Lisa. Me doy cuenta que sigo siendo la Soiaca que no elige el galán y me siguen dejando por las Lisas.

Sigo buscando Strabuccos y queriendo ser Meche. Jodida, jodida, rebelde, contestadora. Pero en el fondo noble.

Sigo enamorándome de déspotas a lo David Bowie?

Sigo coleccionando Trolls?

Y cuando estoy triste…escucho a Cindy Lauper.

Y me sigue gustando Camilo Sesto. Y no me importa nada lo que piensen.

Solo espero que, aunque Rick eligió a Lisa, que en mi vida adulta, la realidad sea distinta a la ficción, aunque sea solo una vez.

Un regalo:

socias de pequeñas, hermanas de la vida (1)

21 Ago

“Maybe we could be our soul mates, and then, let men be just these great cute guys to have fun with”

Sex and the City, Charlotte dixit.-

…..

Lucía y Camila se conocieron cuando tenían 12 años en un colegio de pueblo, de monjas para niñas, bajo la condición excluyente sine qua non de no poseer apéndice viril.

Al principio no se soportaron, pero no les quedó otra que sentarse juntas porque se habían quedado sin amigas ambas.

Típicos duelos de la escuela primaria.

“Te querés sentar conmigo?” dijo Lucía, resignada ante su única opción.

“Bueno dale” aceptó Camila, sin ver otras caras amigables, revoleando los ojos.

En el inicio, tal cual génesis, Camila no le prestaba la goma ni dejaba a Lucía que se copiara en las pruebas. Egoísta como ella sola y malcriada.

Lucía quería mirar la hoja de Camila y le reventaba que, si bien Camila tomaba la regla de Lucía sin pedir permiso, no había retribución de su generosidad. Qué tipa jodida.

Con el correr de los días se dieron cuenta que entre tanto abismo aparente entre ellas, la una la nerd del grado y la otra, la popular que ya salía a sacudirse en las matinés, había un germen de luz en común: los cursos, los proyectos y ambicionar algo para sus vidas.

Surgió primero el hacer inglés juntas en la Cultural. La nerd se imaginaba a si misma una alta ejecutiva y el english era un tool necesario, proyectando 10 años mínimos hacia delante.

Lucía y su inteligencia nata ambicionaba algo más para su vida que una vida de pueblerina y un almacén de barrio y el inglés prendió también.

Camila la pasaba a buscar a las 8 de la mañana los sábados, y una Lucia trasnochada la recibía y le metía excusas inverosímiles mientras se sacudía el pintalabios Tammy de la boca.

Camila se iba furiosa y sola a inglés a formarse.

Camila no estudiaba nunca y se sacaba diez. Lucía se esforzaba y también le iba bien. Dejó de faltar también. Camila prometió y juró no gastarse la plata destinada a sus cursos en ropa de pueblo.

Después surgió tenis. Ser tenistas en Roland Garros era un sueño muy lejano para sus cuerpos poco hábiles, así que siguieron con hockey. Quedaron los palos de hockey en un rincón poco a poco. Después finalmente calzaron con Aerobics y Step. Calzas, medias azules y coreografías. Ahí si que eran buenas.

Con el tiempo empezaron a conocerse de verdad. Ambas querían salir de sus encierros hogareños. Una, Camila, sobreprotegida y a la que no dejaban salir ni a la esquina, con los cursos encontraba la salida justificada y los permisos: así se permitía escapar de inglés y se tiraban en la calle a ver chicos lindos y comer sándwiches.

La otra, solitaria en su casa, encontraba en Camila un refugio para comer torta de chocolate en la familia numerosa de Camila y no trasnochar tanto.

Camila amaba la ropa de Lucía. Lucía jugaba con las hermanas de Camila. A Lucía le divertían las caras de Camila. A Camila le gustaban los planes de ver chicos lindos que Lucia conocía del barrio. Iban a bailar pero solo si el papá de Camila las iba a buscar.

Al año siguiente, se volvieron a sentar juntas. Pero esta vez se eligieron sin dudar.

Formaron el fans club de New Kids On the Block. Atisbos de empresarias , a  los 14 años facturaban merchandising traído de USA para sus “socias”, editaban una revista, cobraban a las socias que querían ingresar a tan selecto club. Robaban hojas en la calle Florida de sus ídolos adolescentes debajo de las remeras y corpiños. Y luego las revendían. Tuvieron hasta su propio programa de radio.

Armaron “la fiesta de los New Kids” en selecto salón con pantalla gigante y plataforma elevable y duplicaron la inversión.

Llegaron los primeros besos, las primeras caricias con los chicos del barrio. Los primeros recitales, los primeros anillos y vestidos bobos de fiestas de quince con los infaltables zapatos brujitas.

Se nutrían ambas como una arteria de un mismo cuerpo: Camila se hizo menos nerd y empezó a disfrutar la adolescencia. Empezó a rebelarse, a mentir, a fugarse, a no ser tanto la nena buena.  Lucía no salía tanto de noche y compartía más las horas del día con Camila. Encontró la hermana que no tenía.

Con los años se hicieron amigas inseparables. Hermanas.

Como una arteria central e indispensable de un mismo cuerpo, como órgano vital, hasta se las llegó a considerar lesbianas y empezaron a parecerse físicamente.

Hicieron amigos en común, tuvieron novios, sufrieron pérdidas irreparables.

Se pelearon en quinto año. Complot, mentiras, pendejadas se entremezclaron y en la fiesta de egresados Camila lloró toda la noche sola en un rincón. Lucía ya  no la quería en su vida.

Típicos duelos de la escuela secundaria.

Una muerte vendría a tan temprana edad a empañarlo todo. También a volvería a reunirlas.

Lucia se enteró que en esos años Camila hizo el viaje a Europa de mochilera que tanto habían planificado juntas años anteriores,  noches enteras, marcando ciudades, soñando iglesias, tocando óleos, pero con otra amiga. Camila había hecho su vida sin ella.

Intentó reconquistarla con ir juntas al mismo gimnasio pero Camila estaba en otra. Nuevamente el tiempo intervino con sus gaps.

Pasaron 6 años. Ya, 22 años,  surgió un hecho inesperado.  Un giro rotundo y un poco kitsch en la historia de nuestras heroínas.

Uno de los New Kids venía a Argentina.

Una la llamó a la otra. Vamos? Somos grandes…. si ya se, pero sería cobrarnos una deuda pendiente…

Tuvieron la foto anhelada con su ídolo. Y no se separaron más.

“Te extrañe estos años.”

“Yo también. No hubo un día que no me arrepintiera de pelearme con vos.”

Hasta que la crisis del 2001 y los sueños de volar lejos de Lucía las separó, pero solo físicamente.

Ellas aún desconocían que el destino que ambas elegirían tan disímiles, las uniría nuevamente.

Camila se transformó en una ejecutiva medianamente exitosa lidiando con políticas y villanos.

Lucia se dedicó a disfrutar del arte y la fotografía, el periodismo, los viajes, la vida plena lejos de las exigencias corporativas.

Pero son hermanas, y su naturaleza recordó y tomó cuerpo. El órgano vivo unitario hizo nuevamente sinapsis. El latir de sus venas y fibras se acentuó. El destino las volvería a reunir en un mismo lugar, aunque no físicamente.

La arteria seguía viva, solo que se estiraba unos miles de kilómetros por sobre hilos de océano mar.

Continuará

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