Tag Archives: jefes

la loca

4 Nov

Lina es mi amiga hace unos pocos años. Tiene en su check list un buen amor, amigos, fines de semana alegres. Una vida digamos agradable, simple y organizada. Al menos en lo aparente.

Pero Lina sufre. Por él.

Él, alto, apuesto, rubio, ojos rutilantes.

Comenzó siendo, tímidamente al principio, sólo un comentario en terapia. Ahora él abarca los 50 minutos completos de sus gesticulaciones de diván.

También empezó a asomar en las conversaciones de amigas. Creció en espacio, en tiempo, en forma. Y en importancia. Se instaló como un problema cada vez mayor.

Lina los tuvo antes, claro. Algunos fueron copados, otros un poco irritables pero llevaderos, algun que otro baboso, un solo acosador en su haber, un par de maduros que la hicieron crecer y uno (y suficiente) psicópata.

Pero nunca uno como Damián.

No, no es su galán. Ni un atisbo de romance.

Damián E. G. es su jefe.

Damián llega todos los días a la oficina 3 horas más tarde que el horario oficial dadas sus actividades de remo en Puerto Madero, autorizado por la cúpula. Estaciona su auto canchero, y hace su arrival con bolsito de marca yanqui y pelo húmedo, a la vez que exuda perfume caro. Mira a las chicas de costado, sonríe, sintiendo los músculos ceñir su camisa de diseño, y ocupa su lugar.

“Lina, me traés un café?”

Lina lo mira, reprime sus sentimientos. “Debo manejarlo”

Prende la máquina, y le pide a Mirna que le saque unas copias. A Camila que le vaya a chequear si el auto quedó con las luces prendidas. A Leo que arme la reunión de las 16 hs. A Alejandra que le prepare unas llamadas. A Mario que le prepare un informe, y a María que traiga resmas.

Ni las unas sus asistentes, ni los otros diplomados. Todos igualmente calificados y pares en el organigrama. Sin distinción de funciones.

A partir de allí nuestro héroe se dedica a contestar mails con faltas graves de ortografía a distintos sectores de la empresa.

Damián es considerado por la muchachada un “copado”,un “winner”. Conocidos  son sus dones para sostener coimas, arreglos “off the record”, apretadas, gatos delivery…

Damián  además trae todos los días bizcochos de grasa a la oficina. Habla con la boca levemente hacia el costado, no a causa de algún tic particular, sino simplemente por su altanería.

Específicamente con las mujeres.

Especialmente con aquellas clara y evidentemente más capaces que él.

Especialmente con Lina.

Sus compañeras y subalternas son para él claramente seres inferiores, que están bien para atenderlo, cebarle mate, hacerle mandados, sacar fotocopias, pero no para trabajar a su par.

Lina todos los días debe soportar que Damián:

-no la mire a los ojos en las reuniones de trabajo;

-le de la espalda en las reuniones de trabajo;

-ignore sus sugerencias automáticamente en las reuniones de trabajo;

-le mire las piernas en las reuniones de trabajo.

Lina me llamó anoche, desquiciada, sacada, llorando para contarme los últimos eventos.

“Car, cada reunión que tengo es una réplica de Polémica en el bar, donde yo soy la minita que está al costado con la minifalda, expectante, que espera a que le den el lugar para hablar. Cuando tímidamente me quejo, soy tildada de amargada, de que estoy en un mal momento del mes, de que soy pasional, hormonal o directamente desequilibrada. Termino haciendo funciones de secretaria, las que obviamente respeto pero que ya no ejerzo. No puedo obviamente seguir la conversación misógina a la par. No me interesa otro puesto, solo quiero trabajar tranquila y ser respetada”

“Pero hoy, cuando escuché que le había aumentado el sueldo a los hombres, cosa que nos enteramos de casualidad sacando unas fotocopias, me saqué y lo encaré”

“Damián, necesito hablar con vos”, exclamó, mientras sus compañeros la observaban. Se sabía en el radiopasillo la que se venía. Todas la apoyaron.

“Vos nos representás mejor”_ le habían dicho las chicas, animándola, dos horas antes.

“Ahora no Lina”_le contestó Damián.

“Por qué no me mirás a la cara cuando te hablo?” _ increpó a Damián, sin poder contenerse.

Todos giraron para ver a Lina. También la muchachada.

Los pelos revueltos, los ojos rojos, la boca seca.

La típica loca…

“Ja!”, se rió Damián, con la boca levemente torcida. “Primero cálmate, las minas siempre con estos quilombos…”.

Lina miró alrededor, buscando algo de apoyo.

Pero todos estaban concentrados en los bizcochitos de grasa, moviendo el Mouse y bajando la mirada.

Mejor no meterse.

Anuncios

el de las causas perdidas

28 Oct

Mi amigo Ramiro López (así se autodenomina, amistad que nunca certifiqué ISO) se digna a veces de escribir cuentos bastante estrafalarios, no por ello menos enigmáticos y que disfruto mucho.

Voy a ocupar una parte de este blog, para postear estos relatos que NO SON de mi autoría (su calidad es superior) para darles un espacio. Vale la pena que tengan un lugar en la blogosfera aunque así el no lo prefiera y, que las bondades de internet se encuentren al alcance de todos…

HUELLA, octubre 2009

“No todos nacen para dejar huella”
Disparó. A quemarropa.
Desde el pasillo recibí la perdigonada verbal. Parapetada detrás de su escritorio, sin siquiera levantar la vista cuidadosamente velada por unas gafas, sentenció, o mejor dicho condenó a media humanidad a caminar en el aire para siempre. No creo que fuera para mí (no es garantía lo que yo crea) pero cuando uno dice algo sin mirar a nadie en particular, es porque es para todos en general. Además como todo acto de terrorismo (en este caso intelectual) no hay distinción entre culpables e inocentes, todo se resume a lograr el efecto deseado.
Pasé de largo, sin decir nada, como casi siempre. Posé la mano sobre una pila de papeles, toqué una muestra , otra, pregunté algo intrascendente, en un ritual estudiado que me permite ganar tiempo cuando estoy tomando una decisión. No era cuestión de iniciar una discusión en el pasillo, así que me retiré despacio, protegiendo lo que quedaba de mi investidura (soy el jefe de 8-17) ya bastante deshilachada como para perder una vez más.
Me senté frente a la pantalla y abrí un archivo cualquiera. Me preparé a masticar, casi a rumiar la cuestión. Como todas las cosas que no te gustan, se tragan rápido y se digieren despacio. No vaya a ser que se repitan.
Dejar huella… ¿Quién puede afirmar que hay personas que heredan como un título nobiliario esta capacidad? ¿Cómo se puede sostener que hay gente condenada a la ingravidez de por vida? ¿Como se define una huella como algo que uno tiene o no, deja o recoge a voluntad? Una huella no es algo propio que se dispensa a voluntad o se añora con la ñata contra el vidrio como rezonga el tango.
Una huella es algo compartido. No hay título de propiedad para guardar en la caja fuerte ni juicio de divorcio capaz de dividir semejante bien ganancial. Una huella es una cuestión de dos. No es casualidad que cuando alguien piensa en una huella tienda a poner el foco en el que pisa  y no en la superficie sobre la que camina. El mundo en el que vivimos deja la reflexión y la contemplación para los libros de autoayuda y las filosofías orientales, y entroniza a la acción. El que pisa vale, la otra parte se da por sentado que está y va a estar siempre. Da lo mismo, no cuenta. ¿No cuenta?
Pasemos a lo fáctico (mi especialidad) Un gusano, raza cuyo máximo aspiracional en vida es transformarse en carnada, es capaz de dejar huella, cuando la tierra húmeda, viva,generosa, lo recibe. En el otro extremo tenemos al mármol, superficie cara e impávida asociada a un concepto de eternidad más relacionado con no haber vivido nunca que con pasar de una vida a la otra. Por algo es el revestimiento preferido en Chacarita y Recoleta. Ni una estampida de elefantes puede arrancarle mas que el brillo durante un rato. Uno puede pisarlo, patearlo, puede gritarle y hasta romperlo a martillazos. Pero es difícil que acepte una huella. El actor cuenta, pero no decide, la superficie tiene siempre algo que decir o que callar.
Por lo tanto, ningún individuo puede dejar una huella sólo. No es una capacidad individual. Tampoco es una incapacidad que se pueda declarar unilateralmente. Nadie razonable puede decretar “yo no nací para esto”. Es cierto que habrá duplas con enormes dificultades para generar huella. Definitivamente. Pero siempre hay otras combinaciones posibles. Es matemáticamente improbable que alguien pueda demostrar la completa inexistencia de un par, de su par . Tendría que agotar todas las posibilidades de combinatoria posibles y recién entonces habría certeza. O casi…
Si Miguel Ángel o Donatello  hubieran sobrevivido hasta nuestros días y hubieran leído este divague hasta este punto, hace un párrafo que estarían levantando la mano para darme su opinión, indignados. Siempre hay alguien distinto, uno con el arte suficiente, capaz de insuflar vida al mismísimo mármol, a golpes de cincel, con paciencia y pericia. La matemática de las probabilidades no agota el tema. Siempre hay resquicio para un imprevisto, para lo inesperado. Cada mármol tiene su artista…
Sonó el teléfono y volví y dejé al imaginario Miguel Àngel con la palabra en la boca.
El negro alcahuete de mi protector de pantalla me delataba. Moví el mouse  mientras despachaba al inoportuno del teléfono con una sarta de monosílabos. Interrumpí la rumia.
“Llueve”. Dijo un desocupado consuetudinario que ni siquiera disimulaba como yo mirando la pantalla.
Supongo que me envalentonó la lluvia y la idea de la tierra húmeda, viva y receptora. O quizás fue el papel de abanderado de causas perdidas que nunca superé del todo (siempre me quedó la duda si me elegían o me postulaba sin querer). Me paré dispuesto a vender caro los harapos del disfraz prestado de 8 a 5.  Nadie podía ver el grueso fajo de argumentos que tenía preparado para la terrorista de las gafas. Iba a apelar la condena un poco por mí y un poco menos por el resto.
Me vio venir. No se sorprendió cuando me apoyé en su parapeto.
Pero ni siquiera ella se dio cuenta. Nadie repararía en el detalle.
Las botas de lluvia y el cincel en la mano.

mac combo

30 Jul
“”The average girl would rather have beauty than brains because she knows the average man can see much better than he can think.
Anónimo
Rosie tiene 42 años, y hace 7 que trabaja para una pyme argentina como recepcionista.
En estos años, Rosie se ha focalizado en ser madre, y llevar una tranquila vida familiar.
Siempre llega puntual, arreglada, maquillada y con una sonrisa dispuesta al público. Se perfeccionó en inglés al ver que cada vez más, la pyme engrosaba su clientela anglosajona.
En los últimos años además pasó a realizar tareas adicionales para el Gerente general, muy satisfactoriamente.
Está contenta con su trabajo, no aspira más, ha logrado un buen balance, un buen combo. Siempre se enorgullece ante sus amigas, que no pueden lograr el famoso equilibrio entre sus carreras y su ser mujer: “Chicas, todo se puede, pero con moderación”.
O estaba orgullosa, debería decir?
Porque ayer, Rosie fue “recomendada” a emprender una dieta.
“Una recepcionista no puede tener esos kilos de más, Rose”, le señaló el CEO, al pasar.
La pobre Rose todavía no puede decidirse: no sabe si está siendo discriminada y debe denunciarlo o falla en un skill crítico de su puesto, cara de la compañía, la bienvenida de una empresa, el primer rostro rollizo que ven los afamados clientes.
Los niños le dejaron algunos varios kilos de más por sobre las curvas que fueran las que reclutó y contrató la pyme descarada, hace 7 años.
Al final parece que no era tan buen combo.
El balance de la balanza terminó por pesar demasiado.
“The average girl would rather have beauty than brains because she knows the average man can see much better than he can think”
Anónimo

Rosie tiene 40 años,  y hace 7 que trabaja para una pyme argentina como recepcionista.
En estos años, Rosie se ha focalizado en ser madre, y llevar una tranquila vida familiar y laboral.
Siempre llega puntual, arreglada, maquillada y con una sonrisa dispuesta al público. Se perfeccionó en inglés al ver que cada vez más, la pyme engrosaba su clientela anglosajona.
En los últimos años además pasó a realizar tareas adicionales para el Gerente general, muy satisfactoriamente.
Está contenta con su trabajo, no aspira más, ha logrado un buen balance, un buen combo. Siempre se enorgullece ante sus amigas, que no pueden lograr el famoso equilibrio entre sus carreras y su ser mujer: “Chicas, todo se puede, pero con moderación”.
O estaba orgullosa, debería decir?
Porque ayer, Rosie fue “recomendada” a emprender una dieta.
“Una recepcionista no puede tener esos kilos de más, linda”, le señaló el CEO, al pasar, como quien no quiere la cosa,  ante la mirada asertiva de la escuálida-ovo vegetariana jefa de Rose.
La pobre Rose todavía no puede decidirse: no sabe si está siendo discriminada y debe denunciarlo o falla en un skill crítico de su puesto, cara de la compañía, la bienvenida de una empresa, el primer rostro rollizo que ven los afamados clientes.
Los niños le dejaron algunos varios kilos de más por sobre las curvas que fueran las que reclutó y contrató la pyme descarada, hace 7 años.
Al final parece que no era tan buen combo.
El balance de la balanza terminó por desbalancearse, pesando too much.

tercera en discordia

29 Jul
Tercera en discordia
In modern war… you will die like a dog for no good reason.
Ernest Hemingway
The bitch es la jefa que todos tuvimos alguna vez.  A veces las peores enemigas, son las mujeres. O determinado tipo de mujeres. Y como las hay Melanie, abundan las Sigourney Weaver.
Sabri tenía dulces 22 años cuando ingresó a su primer trabajo full time en una compañía multinacional en Puerto Madero. Sabri era ingeniera, un posgrado en curso, y una medalla de honor en su historial.
El primer día estrenó lo mejor de su closet, las mejores marcas, y el mejor estilista. La emoción de poder, al fin, dar lo mejor de sí, brindar todo su potencial, derrapar energías contenidas en tantos años de sacrificio, la inundaba.
Tan radiante acudió Sabri a su primer día, que su brillo atrajo la atención de todos.
Especialmente de Esteban, el gerente de ventas. Cuarentón, con largos años en la empresa y un divorcio en su haber con dos hijos de diferentes madres, la frescura de la nueva asistente comercial lo atrapó. Y no solo su frescura, sino también  su juventud, y sus medidas.
Esteban la solicitó a la Dirección General a los 3 meses del ingreso de Sabri a la compañía, como soporte del área, en los tiempos de crisis que corrían. Sabrina se había destacado rápidamente por su inteligencia y predisposición para atender los más diversos temas.
En su primer día de trabajo, Esteban solicitó a Sabrina que, para un mejor desempeño, asistiera con el uniforme del sector que iban a implementar: Portaligas, pantys y mini skirt.
Claro, era un chiste. Pero al inicio “chistoso”, le siguieron sutiles sugerencias, halagos, regalos sin sentido, ante la incomodidad de Sabrina y su impotencia por no poder manejar la situación.
Cuando Valeria, la jefa de Sabrina lo notó, y se vió amenazada de que le arrebataran el amor secreto de Esteban, repentinamente el informe de desempeño a rr hh de Sabrina viró de positivo a muy negativo.
Y Sabrina se encontró despedida por “no cumplir las expectativas”.
A veces, mejor no brillar demasiado.

In modern war… you will die like a dog for no good reason.

Ernest Hemingway


The bitch es la jefa que todos tuvimos alguna vez.  A veces las peores enemigas, son las mujeres. O determinado tipo de mujeres. Y como las hay Melanie, abundan las Sigourney Weaver.

Sabri tenía dulces 22 años cuando ingresó a su primer trabajo full time en una compañía multinacional en Puerto Madero. Sabri era ingeniera, un posgrado en curso, y una medalla de honor en su historial.

El primer día estrenó lo mejor de su closet, las mejores marcas, y el mejor estilista. La emoción de poder, al fin, dar lo mejor de sí, brindar todo su potencial, derrapar energías contenidas en tantos años de sacrificio, la inundaba.

Tan radiante acudió Sabri a su primer día, que su brillo atrajo la atención de todos.

Especialmente de Esteban, el gerente de ventas. Cuarentón, con largos años en la empresa y un divorcio en su haber con dos hijos de diferentes madres, la frescura de la nueva asistente comercial lo atrapó. Y no solo su frescura, sino también  su juventud, y sus medidas.

Esteban la solicitó a la Dirección General a los 3 meses del ingreso de Sabri a la compañía, como soporte del área, en los tiempos de crisis que corrían. Sabrina se había destacado rápidamente por su inteligencia y predisposición para atender los más diversos temas y se perfilaba como uno de los jóvenes talentos de la compañía.

En su primer día de trabajo,  Esteban solicitó a Sabrina que,  para un mejor desempeño, asistiera con el uniforme del sector que iban a implementar: Portaligas, pantys y mini skirt.

Claro, era un chiste. Pero al inicio “chistoso”, le siguieron sutiles sugerencias, halagos, regalos sin sentido, ante la incomodidad de Sabrina y su impotencia por no poder manejar la situación.

Cuando Valeria, la jefa de Sabrina lo notó, y se vió amenazada de que le arrebataran el amor secreto de Esteban, repentinamente el informe de desempeño a rr hh de Sabrina viró de muy positivo a muy negativo.

Y Sabrina se encontró despedida por “no cumplir las expectativas”.

A veces, mejor no brillar demasiado.

A %d blogueros les gusta esto: