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maestra rural, parte 4

5 Oct

Llegaba el día de la primavera. Mi amiga Fran, maestra de inglés en otra escuela me llenaba la cabeza:

Caaaar!!!!!!! Lo bueno de esto de ser pendejas en una escuela es que seguro te eligen como reina de la primavera!!!”

“Reina de la primavera? Buaa, esas cosas no me interesan, sabes que me parecen sexistas, superficiales, bla bla bla”

“No sabés lo linda que quedé yo el año pasado!!! Vas a ver, afloja nena!”

Y pensé. La fantasía de ser reina de algo (jamás en Bariloche), sería una buena fantasía para jugar con mi novio. Estábamos en esa fase experimental (la famosa meseta) en donde ya pasó la novedad y empezás a experimentar con fantasías jiji)

Llegaba el día, y me adelantaron y solicitaron que acepte representar a la primavera ese año tal como Fran había predicho. Que emoción! Y bue, un poco de superficialidad estaría bueno… Ya me imaginaba las flores, la banda, el make up (tengo que pedirme turno a la depiladora), la malla (oh my god dieta líquida ya! super: gelatina, soja, lechuga), tengo que mostrar las piernas si! (al fin al cabo es lo mejor que tengo)

En menos de una semana estaba emocionadísima como si fueran a coronarme Miss Argentina.

Y llegó el día, la coronación.

Mi novio iba (special guest) para hacer la previa, con la excusa de que después me debía llevar a casa lo dejaron pasar.

Me metí en el aula destinada al cambio.

La escuela aguardaba, los chicos merendaban. Día espléndido.

El profe de Lengua expectante, se relamía (puaj)

Ese es el traje?”_ exclamé a la maestra de tercero que me ayudaba con el cambio, asustada.

“Si nena!! Dale que nos están esperando”

Y salí.

Mi novio M. no pudo aguantar la risa.

Salí vestida de la Pachamama, con una túnica gigante y una careta, designada a honrar a la madre Tierra. Así se festejaba la llegada de la primavera en esa comunidad.

Decidida a pasar el rato con dignidad y a la vez respetar el festejo de la comunidad, logré sobrevivir con sonrisas el pesado make up donde no se me notaban los rasgos y traté de sobrellevar la túnica de la mejor manera. Acepté fotos, sonreí.

“Ni se te ocurra decirme nada que te mato”, le dije a M. al subir al auto.

Esa noche igual no me quedó otra que darle el gusto.

Y fui la princesa Leia para mi Han Solo.

maestra rural, parte dos

18 Sep

Primer día.

Después de un viaje más que incómodo comienzo a replantearme si es posible sostener 3 colectivos ida + 3 de vuelta durante todo un año. Too hard.

Me asignan los grados de cuarto, quinto y septimo grado de EGB.

Nerviosísima, me habla en tono firme la directora (muy gasalla), a quien la noto irritada en cuanto me conoce: “nena, cuantos años tenés?”

Le pide a uno de los profesores colegas de quinto y septimo grado, de Literatura, que me presente en las respectivas divisiones.

Debo aclarar que en este punto y a esta edad, ya lejana, yo era totalmente ingenua, inexperta, con un carácter apacible, y pocas palabras. Intimidada por el hecho de que pronto estaría al frente de 40 chicos x 3 divisiones.

Mientras caminamos al quinto grado, me pregunta el profe J., 45 años :

J.: Cuantos años tenés linda?

Yo: (me parece que esta no es la forma de dirigirse hacia mi): 25. Mucho gusto.

J.: llegaste bien hasta acá? es de difícil acceso el lugar…

Yo.: La verdad que tengo 3 colectivos desde mi casa en X. Pero bueno, vale la pena, tengo muchas ganas de enseñar… (un poco evasiva por la mirada lasciva de J)

J.: Mirá, acá tenés que hacer las cosas como las quiere la vieja, aprobalos a todos a fin de año porque si no te cae la inspección, y listo el pollo. Y si querés te puedo acercar hasta cerca de tu casa a la vuelta, yo también vivo en X pero tengo tutu…

Yo: Bueno gracias, quizás viene mi novio a buscarme (…) Gracias igual!

Ingresamos a quinto grado. Me presenta. Nervios. Todos me miran con cara de asombro.

Comienzo la clase tratando de enseñar los números y contandoles del material que van a necesitar para el primer trimestre, y el dinero en $ que debían traer para cubrir el gasto de copias a trabajar.

La clase transcurrió tranquila, empecé tratando de conocerlos y preguntandoles de sus intereses.

En eso, David, 11 años, me pregunta, mientras se rie con sus compañeros:

Seño, usted es virgen?

Y estallan en risas.

Silence, please…

Oh my god.

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