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marcar la diferencia

12 Sep

Vanesa trabajaba de analista en una multinacional de automotrices.

Reducción de personal, despidos, fuga de talentos.

Así Vanesa empezó a notar las reacciones del entorno en sus compañeros de trabajo y en el clima laboral, enrarecido.

La queja, el reclamo, abundaba.

La inacción.

La falta de motivación.

La poca estrategia del management en tiempos adversos de crisis, sumía el ambiente en un contexto de inacción, de “estarse quieto y no levantar la perdiz” para que a uno lo noten.

El radiopasillo se inundaba de listas de quienes serían los próximos a dejar la compañía involuntariamente a fin de mes.

Pero sobre todo, la caída de ventas y la falta de reacción y estrategia.

La desmoralización general.

Vane se armó de agallas. O se unía a la manada y como toda masa, trataba de pasar al anonimato más anónimo para conservar su puesto, o se refugiaba en la queja.

Pero no. Decidió analizar las condiciones favorables de tal contexto. Lo pensó todo el fin de semana.

Se presentó al dueño de la empresa, con quien había cruzado dos o tres palabras y le presentó, con sumo respeto y algo de miedo, un escrito. Volcó en 5 carillas de Word, lo que había aprendido de reacción en tiempos de crisis, todo muy académico, aparentemente poco aplicable en empresa de managers argentinos.

La respuesta se hizo esperar.

Al séptimo día, simbólicamente la llamaron.

Y mientras su jefe, se mordía los labios, se anunció la creación de un comité de crisis. La gestión estaría a cargo de Vanesa, conjuntamente con una firme promesa de aumento de sueldo ante los primeros resultados comprobables.

Volvió a la oficina, espléndida, a recoger sus elementos de trabajo para mudarse a la nueva oficina, mientras la felicitaban, algunos con sinceridad, los menos, mientras otros pensaban que favor sexual habría hecho para lograr un ascenso. “Por algo será”_ murmuraban.

Y me acordé de un cuento que un buen amigo mío me envió estos días ante una situación similar que estoy enfrentando. Espero les guste. Un cuento.

Gracias P.

….

Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y como las cosas le resultaban tan dificiles.

No sabía cómo hacer para seguir adelante, y creía que se daría por vencida.

Estaba cansada de luchar.

Parecía que cuando  solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su trabajo.

Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte.

Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo.

En una colocó zanahorias, en otra huevos y en la última colocó granos de café.

Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impaciente, preguntándose que estaría haciendo su padre.

A los veinte minutos el padre apagó el fuego.

Sacó las zanahorias, y las colocó en un recipiente.

Sacó los huevos y los colocó en un plato.

Coló el café y lo puso en una taza.

Mirando a su hija le dijo

Querida, Qué ves?

Zanahorias, huevos y café, fue su respuesta.

La hizo acercarse y tocar las zanahorias.

Ella lo hizo y notó que estaban blandas.

Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera.

Al sacarle la cáscara, observó que el huevo estaba duro.

Luego, le pidió que probara el café.

Ella sonrió, mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humildemente la hija pregunto, Qué es esto padre?

El explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad. AGUA HIRVIENDO, pero habían reaccionado de manera diferente.

La zanahoria llegó al agua fuerte y dura.

Pero después de pasar por el agua se había vuelto débil, fácil de deshacer.

El huevo, había llegado al agua, frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido.

Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.

Los granos de café, sin embargo, eran los únicos que después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua.

Cuál eres tú?, Le preguntó a su hija. Cuando adversidad llama a tu puerta, Cómo respondés? Eres una zanahoria, un huevo o un café?

Una zanahoria, que parece fuerte, pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable?

Posees un espíritu fluido, pero que después de una pérdida, una separación, un divorcio o un despido te has vuelto duro y rígido?

Por fuera te vez igual, pero eres amargo y aspero, con tu espíritu y un corazón endurecido?

O eres un grano de café?

El café? Cambia el agua hirviente, el elemento que le causa dolor.

Cuando el agua llega al punto de ebullición, el café alcanza su mejor sabor.

Si eres como el grano de café,

cuando las cosas se ponen peor,

tú reaccionas mejor y haces que

las cosas a tu alrrededor mejoren.

Cómo manejas la adversidad?

Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?

A elegir, pues.-

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