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post it (parte 1)

31 Jul
Stepmother: [looking for Cinderella] Cinderella! Cinderella! Cinderella! Oh, where is that…
Cinderella: Yes? Here I am.
Stepmother: Oh. My daughters- where are they?
Cinderella: Uh, I think they’re still in bed.
Stepmother: Oh. Well don’t just stand there. Bring up the breakfast trays at once and hurry! Stepmother: [looking for Cinderella] Cinderella! Cinderella! Cinderella! Oh, where is that…
Cinderella: Yes? Here I am.
Stepmother: Oh. My daughters- where are they?
Cinderella: Uh, I think they’re still in bed.
Stepmother: Oh. Well don’t just stand there. Bring up the breakfast trays at once and hurry!

Stepmother: [looking for Cinderella] Cinderella! Cinderella! Cinderella! Oh, where is that…

Cinderella: Yes? Here I am.

Stepmother: Oh. My daughters- where are they?

Cinderella: Uh, I think they’re still in bed.

Stepmother: Oh. Well don’t just stand there. Bring up the breakfast trays at once and hurry!

(Cenicienta, 1950 film)

Mi primer trabajo en serio. El primero full time, luego de recibirme, ropa nueva, inocencia, expectativas. Pensé, es temporal… hasta que veo en qué me especializo…pero terminó siendo definitorio y estuve en él por 4 largos años.

El puesto era asistente de marketing, pero tenía más de asistente que de marketing. Al fin y al cabo, el marketing era lo que menos me interesaba. Empresa de cosmética, argentina, con poco glam y mucha pretensión, me tomaba el tren todos los días a las 7 de la mañana.

Mi tarea básica era la de atender a los consumidores una onda call center para, luego, realizar encuestas y análisis de comportamiento. Por eso buscaron a alguien con perfil humanístico, y, de bajas pretensiones salariales.

Vivía aún en la amplia casa familiar suburbana, y no tenía muchos gastos. Invertí un poco en algunas prendas de marcas, por fin me podía dar ese gusto! y, en un curso de posgrado en comportamiento del consumidor, en la facultad de psicología, con orientación en marketing. Muy suitable para el puesto. Muy responsable y autoexigente de mi parte.

Pero, V., mi jefa, tenía otros planes para mí.

Con toda la buena predisposición de pagar el derecho de piso, me pidió un café. Luego un cortado. Debo confesar que jamás en la vida había hecho siquiera un té o un huevo frito, con lo que, al ver los nefastos resultados, me puso como coach a Isabel, la estilista. Quien iba a convertirse en una gran amiga, hasta el día de hoy.

“Tenés que hacer así, ves?”, replicaba Isabel, ante mi atenta mirada. De nada valieron la medalla de honor, ni mi ICQ, esto era algo complejo. El filtro, el equilibrio entre café, leche y azúcar…que el botoncito rojo, que la vajilla… Mientras mi pasado de nena bien quedaba atrás y feliz de ser la aprendiz me introducía en el mundo de esta nueva herramienta, noté que, tras fallidos intentos, la única cosa que podía hacer para no fallar, era tomar el punto de color como parámetro de que estaba bien hecho. Un pauta de diseño al mejor estilo  la escala pantone que acompaña mis días hoy, cuando defino un packaging. Me fijé el color que “era un buen cortado” y así lo memoricé, porque si hay algo que no me falla, es la memoría. (no, Vera?)

Pronto fui Maru Botana para el gerente de marketing H. cuando escupió el café sobre los informes de uno de nuestros mejores clientes, y para mi jefa V., lo peor que le podía pasar…

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