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La histeria masculina

14 Feb

En esta oportunidad abrimos el tema de la semana con la colaboración de Carlos Pirovano, (su excelente blog pueden encontrarlo aquí)  quien escribió el siguiente post a continuación en exclusividad para este humilde blog de “minitah” (sic).

LA HISTERIA MASCULINA

Tomar un café con Magdalena puede significar una experiencia traumatizante para quien no esté acostumbrado o nunca haya recibido una ráfaga de Kalashnikov. Es un contrapunto vertiginoso de afirmaciones contradictorias y secas. Es imposible rebatir porque sobreviene otra ráfaga. La única posibilidad de salir con éxito es dejarse traspasar y cuando toma un respiro liquidarla con una granada de mano. Así, sin piedad.

“El amor y el sexo están sobrevalorados por sobre otras cosas. Es por eso que se ofrece de manera desmesurada como moneda de baja ley. Tenemos inflación de amor y sexo y hay escasez de compromiso y entrega.”

“La histeria es un mecanismo de regateo en una transacción. El histérico está diciendo: “lo que te voy a dar vale tanto que tenés que prometer tu vida para equiparar mi sacrificio”.”

“El mecanismo de seducción en el ser humano es el departamento de marketing de nuestro cerebro. Nos pone en el centro de góndola, nos arma la publicidades, nos vende en liquidación cuando pasa mucho tiempo sin transacciones.”

“Últimamente estoy escuchando mucho hablar de la histeria masculina. Antes los hombres eran fóbicos y renuentes al compromiso, pero nunca eran histéricos. Podían dejarte preñada pero nunca le arrugaban al entrevero.”

“Para ponerte el tema en perspectiva me refiere a la histeria en sentido vulgar, como se la entiende en la relación entre los dos sexos. Es esa actitud “gataflorista” de estar insinuando siempre y no definiendo nunca.”

“Antes el hombre era cazador y la mujer gacela. Esto definía los roles en el cortejo y delimitaba el campo de acción. Los efectos colaterales no deseados eran el sometimiento para la mujer y la rol de proveedor único para el hombre.”

“La histeria femenina en este esquema no era otra cosa que una herramienta más del mecanismo de seducción frente a la actitud activa del hombre. Si el hombre era el cheetah que corría derecho hacía su presa, la histeria era la estrategia de zigzag de la gacela para poner a prueba al cazador.

“La seducción siempre fue un atributo femenino porque el hombre no necesitaba seducir, sólo con probar su capacidad proveedora bastaba. El hombre tomaba a la mujer. Sí había dos hombres que la querían, la disputa era entre ellos.”

“La progresiva equiparación entre el hombre y la mujer, cuyo punto de partida se encuentra muy bien descripto en las novelas de Jane Austen, hizo que la mujer comenzara a elegir. En alguna medida, el hombre cazador-recolector dio paso al hombre político-vendedor.”

“Esta nueva actitud en un hombre que se anotició que la mujer podía decir que no, abandona la estrategia leonina sustituyéndola por otra vulpina, más astuta, pero también más respetuosa, reconocedora de la equiparación de su adversaria.”

“La mujer obtuvo voz y voto en la transacción afectiva, pero debió pagar con su aporte de co-proveedor familiar y con una mayor responsabilidad sobre el éxito o el fracaso de la relación y sobre la sustentabilidad de la misma.”

“La mujer ya no es la sabina raptada, ahora es la consumidora de lo que el hombre le vende y la vendedora de lo que el hombre consume…Y a veces compran fruta.”

“Bueh, también es cierto que lo hombres son nuevos en estos temas así que deberíamos saber disculpar si las herramientas de seducción masculinas son un poco obvias, primitivas y toscas frente a las pulidas armas que manejamos las mujeres.”

“Chicas, es la guerra de los sexos que viene desde que a un hombre de Neanderthal en vez de pegarle con un palo se le ocurrió preguntarle a la mujer si quería ir con él. Y desde que esa mujer, astuta, le dijo que no. El hombre le pegó igual, pero el conflicto de poder se puso en marcha.”

“En esta guerra mi consejo es un poco cínico, No crean demasiado las palabras del otro como para caer en la trampa, pero tampoco descrean tanto como para que se haga aburrido.”

Todo lo que decís es muy cierto, Magda. Callate y dame un beso.

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la carnada

16 Dic

“Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”
— Julio Cortázar (Rayuela)

Y entre culpas, y mi primer desvío en la recta trazada por mis modelos geométricos, rígidos, que no admitían ninguna posibilidad certera de bifurcación, me debatía entre el deber y el sentir.

A lo lejos mi primer amor, entre llamados de alto costo, me reclamaba.

Yo, en Atenas, recorriendo el barrio Plaka, con él.

Riendo, abrazándonos, sin que pase nada. Resistiendo, siendo fuerte, entera.

Tomamos el buque a Mykonos, y la magia insistía.

Pero siempre fui una persona de una rectitud complicada y sufrida, al menos hasta mis 22.

Esa mañana, como siempre, desayunamos todos juntos; chilenos, uruguayos, argentinos, él y yo.

Car, venite un segundo, no me siento bien_ me reclamó

Y me contó su historia de desamor belga (siempre internacional la cosa)

Yo caí en la trampa, mostrando empatía, compasión, y todas esas pseudo virtudes piadosas que a veces tenemos ciertas mujeres, buscando consolar. Trampa.

“Y yo le leí el capítulo 7pero no aflojó”

“Qué capítulo 7? De qué hablás nene?”

La carnada picó.

Abrió el libro que tenía detrás, y en el pasillo, me miró intensamente y me lo leyó.

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Mientras, el teléfono argentino sonaba, y no atendí, por primera vez.

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