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maestra rural, parte dos

18 Sep

Primer día.

Después de un viaje más que incómodo comienzo a replantearme si es posible sostener 3 colectivos ida + 3 de vuelta durante todo un año. Too hard.

Me asignan los grados de cuarto, quinto y septimo grado de EGB.

Nerviosísima, me habla en tono firme la directora (muy gasalla), a quien la noto irritada en cuanto me conoce: “nena, cuantos años tenés?”

Le pide a uno de los profesores colegas de quinto y septimo grado, de Literatura, que me presente en las respectivas divisiones.

Debo aclarar que en este punto y a esta edad, ya lejana, yo era totalmente ingenua, inexperta, con un carácter apacible, y pocas palabras. Intimidada por el hecho de que pronto estaría al frente de 40 chicos x 3 divisiones.

Mientras caminamos al quinto grado, me pregunta el profe J., 45 años :

J.: Cuantos años tenés linda?

Yo: (me parece que esta no es la forma de dirigirse hacia mi): 25. Mucho gusto.

J.: llegaste bien hasta acá? es de difícil acceso el lugar…

Yo.: La verdad que tengo 3 colectivos desde mi casa en X. Pero bueno, vale la pena, tengo muchas ganas de enseñar… (un poco evasiva por la mirada lasciva de J)

J.: Mirá, acá tenés que hacer las cosas como las quiere la vieja, aprobalos a todos a fin de año porque si no te cae la inspección, y listo el pollo. Y si querés te puedo acercar hasta cerca de tu casa a la vuelta, yo también vivo en X pero tengo tutu…

Yo: Bueno gracias, quizás viene mi novio a buscarme (…) Gracias igual!

Ingresamos a quinto grado. Me presenta. Nervios. Todos me miran con cara de asombro.

Comienzo la clase tratando de enseñar los números y contandoles del material que van a necesitar para el primer trimestre, y el dinero en $ que debían traer para cubrir el gasto de copias a trabajar.

La clase transcurrió tranquila, empecé tratando de conocerlos y preguntandoles de sus intereses.

En eso, David, 11 años, me pregunta, mientras se rie con sus compañeros:

Seño, usted es virgen?

Y estallan en risas.

Silence, please…

Oh my god.

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tercera en discordia

29 Jul
Tercera en discordia
In modern war… you will die like a dog for no good reason.
Ernest Hemingway
The bitch es la jefa que todos tuvimos alguna vez.  A veces las peores enemigas, son las mujeres. O determinado tipo de mujeres. Y como las hay Melanie, abundan las Sigourney Weaver.
Sabri tenía dulces 22 años cuando ingresó a su primer trabajo full time en una compañía multinacional en Puerto Madero. Sabri era ingeniera, un posgrado en curso, y una medalla de honor en su historial.
El primer día estrenó lo mejor de su closet, las mejores marcas, y el mejor estilista. La emoción de poder, al fin, dar lo mejor de sí, brindar todo su potencial, derrapar energías contenidas en tantos años de sacrificio, la inundaba.
Tan radiante acudió Sabri a su primer día, que su brillo atrajo la atención de todos.
Especialmente de Esteban, el gerente de ventas. Cuarentón, con largos años en la empresa y un divorcio en su haber con dos hijos de diferentes madres, la frescura de la nueva asistente comercial lo atrapó. Y no solo su frescura, sino también  su juventud, y sus medidas.
Esteban la solicitó a la Dirección General a los 3 meses del ingreso de Sabri a la compañía, como soporte del área, en los tiempos de crisis que corrían. Sabrina se había destacado rápidamente por su inteligencia y predisposición para atender los más diversos temas.
En su primer día de trabajo, Esteban solicitó a Sabrina que, para un mejor desempeño, asistiera con el uniforme del sector que iban a implementar: Portaligas, pantys y mini skirt.
Claro, era un chiste. Pero al inicio “chistoso”, le siguieron sutiles sugerencias, halagos, regalos sin sentido, ante la incomodidad de Sabrina y su impotencia por no poder manejar la situación.
Cuando Valeria, la jefa de Sabrina lo notó, y se vió amenazada de que le arrebataran el amor secreto de Esteban, repentinamente el informe de desempeño a rr hh de Sabrina viró de positivo a muy negativo.
Y Sabrina se encontró despedida por “no cumplir las expectativas”.
A veces, mejor no brillar demasiado.

In modern war… you will die like a dog for no good reason.

Ernest Hemingway


The bitch es la jefa que todos tuvimos alguna vez.  A veces las peores enemigas, son las mujeres. O determinado tipo de mujeres. Y como las hay Melanie, abundan las Sigourney Weaver.

Sabri tenía dulces 22 años cuando ingresó a su primer trabajo full time en una compañía multinacional en Puerto Madero. Sabri era ingeniera, un posgrado en curso, y una medalla de honor en su historial.

El primer día estrenó lo mejor de su closet, las mejores marcas, y el mejor estilista. La emoción de poder, al fin, dar lo mejor de sí, brindar todo su potencial, derrapar energías contenidas en tantos años de sacrificio, la inundaba.

Tan radiante acudió Sabri a su primer día, que su brillo atrajo la atención de todos.

Especialmente de Esteban, el gerente de ventas. Cuarentón, con largos años en la empresa y un divorcio en su haber con dos hijos de diferentes madres, la frescura de la nueva asistente comercial lo atrapó. Y no solo su frescura, sino también  su juventud, y sus medidas.

Esteban la solicitó a la Dirección General a los 3 meses del ingreso de Sabri a la compañía, como soporte del área, en los tiempos de crisis que corrían. Sabrina se había destacado rápidamente por su inteligencia y predisposición para atender los más diversos temas y se perfilaba como uno de los jóvenes talentos de la compañía.

En su primer día de trabajo,  Esteban solicitó a Sabrina que,  para un mejor desempeño, asistiera con el uniforme del sector que iban a implementar: Portaligas, pantys y mini skirt.

Claro, era un chiste. Pero al inicio “chistoso”, le siguieron sutiles sugerencias, halagos, regalos sin sentido, ante la incomodidad de Sabrina y su impotencia por no poder manejar la situación.

Cuando Valeria, la jefa de Sabrina lo notó, y se vió amenazada de que le arrebataran el amor secreto de Esteban, repentinamente el informe de desempeño a rr hh de Sabrina viró de muy positivo a muy negativo.

Y Sabrina se encontró despedida por “no cumplir las expectativas”.

A veces, mejor no brillar demasiado.

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