Deja Correr el Río

el rebelde nerd

22 Noviembre 2009 · 5 comentarios

Hoy los dejo con un excelente nuevo relato de mi amigo Ramiro Lopez, una delicia, que a falta de blog propio, ve la luz en este espacio.

Proximamente publicare una de mis tantas conversaciones con el.

besos desde Brasil!!!

15 segundos

 Era raro. Uno no espera ver su nombre en el diario. La razón es que la mayoría de nosotros salimos en el diario una vez en la vida, o mejor dicho después, en la sección de obituarios. Y la verdad es que uno no espera con ansias la ocasión, y aunque así fuera no puede disfrutar de tan dudosa y fugaz popularidad.

Pero mi nombre estaba en el diario. Clarito. Y no estaba muerto ni mucho menos. Tenía veintitantos y me sentía medianamente saludable y a salvo. Me habían otorgado una distinción como mejor promedio nacional de mi carrera. En un escueto comunicado, la rectora me lo había adelantado, pero fiel a mis principios (y a mis limitaciones), no me había dejado impresionar y lo había comentado en casa con toda la naturalidad de que soy capaz. Y cuando digo naturalidad, piensen en el más insípido yogur descremado con cereales. Así soy yo, pero sin cereales.

De todas formas estaba al tanto de lo del diario, porque durante la mañana había recibido una colección de llamados al respecto. Siempre había sido el crédito de la familia (es un milagro que no se fueran a la bancarrota con semejante aval) y los festejantes se ocupaban de refrendarlo con toda clase de odas a mi supuesta inteligencia, aparentemente mensurable en números con decimales. Estaba acostumbrado a la lisonja fácil (es fácil felicitar cuando siempre te va bien) pero era y soy completamente inmune al elogio. Como dice una amiga, muestro un cierto“rechazo a los halagos” que a mi entender son una especie de opio sonoro que te duerme de a poco y te pasa factura un rato más tarde cuando se acaba la canzonetta y te quedás solo con tus cuitas. Marea tanto como la cerveza, pero cuando se te pasa el boleo, te duele algo más que la cabeza.

Me dispuse a enfrentar mi súbita popularidad, empalagosa y espesa como el dulce de leche, con gesto adusto y amargo. Como para la balancear los sabores…

El día transcurrió con toda  normalidad…. En el laburo empapelaron las carteleras con mi cara (recursos humanos siempre tuvo mal gusto) y no pararon de palmearme y felicitarme. Venían de todas partes, como hormigas. A algunos no los había visto en mi vida, pero parecía que ellos me conocían desde siempre. Mantenía como es de costumbre esa expresión de disgusto disfrazado de mueca que es tan simpática para los tontos y que algunas mentes perceptivas tan caras como escasas interpretan en cambio como falsa modestia. Y trataba de seguir trabajando, que al fin y al cabo es a lo que iba hasta los confines de la civilización de lunes a viernes. Para agasajo, ya tenía los mi barrio y la familia, y créanme que me bastaban. Pero había más.

Aquel día tan popular e inolvidable iba tener su corolario en la facu. No era habitual que llegara tarde. Pero aquella jornada los astros se conjugaron en mi contra. Eran las 7 y cuarto y todos estaban adentro. Cuando digo todos, quiero decir TODOS. Si hasta me pareció que el impresentable de Manzanares  (un personaje que asistía a clases de riguroso pantalón de jogging y ojotas) o la inquietante Greta Schubert (una misionera cuasi perfecta que se sentaba del otro lado del aula….bien lejos como a mí me gusta) que habían abandonado en primer año la carrera se habían hecho un tiempito para ir a recibirme… El aplauso cerrado me paró en seco cuando entré silencioso, cabeza gacha, dispuesto a zambullirme en el primer banco, que para mí sabía a trinchera salvadora. No quedó otra que saludar y agradecer y todo lo demás. El gordo Perez Balmaceda me miraba desde el estrado. Justo éste, pensé. Su diatriba duró una eternidad. Una vez más mi inefable cara de disgusto disfrazado hizo aparición. El gordo se quedó contento. Siempre le caí simpático y además supongo que lo salvé de dar clase.

Como las malas noticias nunca vienen solas, a los pocos días un señor de riguroso traje entregó en mano una invitación en un sobre cerrado y lacrado con el escudo en relieve.  Anunciaba lo que preveía. Salón Blanco, tal día a tal hora. El último paso hacia el abismo: ceremonia de premiación en la casa Rosada.

Aquel día decidí acelerar el paso, como cuando adelantás una película. Vi pasar a ráfagas a Menem y a media docena de tipos que mutaron de ministros a procesados unos años después. Había dos filas completas de nerds como yo, de todas partes del país. Me senté cerca de una futura odontóloga mendocina que afortunadamente no se parecía en nada al cliché de la buena estudiante. Por lo menos, pensé, hoy me tocó cerca… Todo pasó rapidísimo (por lo menos así quiero recordarlo) y cuando quise acordar andaba subido al escenario, con un diplomita en la mano, dispuesto a la foto final (si final!!!) Aproveché para hacer mi maldad de rigor, y mientras todos se codeaban para acercarse al centro, donde el Turco brillaba con su mejor traje, me puse en cuclillas y apoyé la mano entre las piernas, como acariciando una pelota imaginaria. Mientras el resto de los mejores promedios del país miraban fijo al frente, de pie, inalcanzables, meritorios, la foto me inmortalizó en la típica pose futbolera. Todavía me divierte imaginar el retrato conjunto enmarcado en el estudio de un importante abogado de Córdoba o en el escritorio de un diplomático de carrera. Lo mejor de cada casa, posando para lo posteridad, oteando el futuro, y a un costadito agachado y fuera de contexto el 4 de Almagro…

Salté del estrado y enfilé para el pasillo, dispuesto a escapar de esta persecución que se había prolongado quince días. Y ahí me esperaban.

El tiempo, mi tiempo empezó a correr. Tres pares de ojos me observaban, brillantes o mejor dicho brillosos., emocionados. Por primera vez desde que habíamos empezado con esta farsa, se me anudó la garganta. Despacito me acerqué, contando mentalmente, aflojando el nudo de la corbata en un vano intento de recuperar la compostura. Mis viejos y mi novia me miraban fijo, como extasiados.  Sonreí ya más relajado y me fui acercando. El tiempo se acababa. Los abracé y no les dije nada. 15 segundos exactos. Mis quince segundos de fama.

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mujeres on line

17 Noviembre 2009 · 20 comentarios

@mujeresonline: el ecosistema ya esta, si funciona para ellos tien q funcionar para nosotras dice @vanesak #mujeresonline

@SolCab: En la primer mesa: dijo P Jebsen: cdo me dicen *no tengo mail*, respondo: bueno, te vas a quedar sola #mujeresonline

@theguapa 1 frase d @LorenaEA: “Los hombres que emprenden tienen miedo de fracasar, las mujeres, de que les vaya muy bien” #mujeresonline

@carlospirovano in reply to @carla_york hasta me dieron ganas de ser una mujer online!

El viernes pasado asistí al evento Mujeres On Line. Realmente tenía muchas expectativas, y fueron no solo ampliamente satisfechas sino que la experiencia fue totalmente inspiradora y renovadora.

Encontrarme con mujeres inquietas, perfeccionistas, que aspiran a más, que luchan, que buscan, que no se quedan en un punto sino que están en permanente crecimiento y evolución, y que además sostienen familias, pareja, amistades.

No pude quedarme todo el día, pero escuché a estas mujeres emprendedoras, informadas y multitasking, totalmente fascinada.

Como Patricia Jebsen (qué mujer!!!) bien dijo: la mujer como una equilibrista de bolas en el aire, que debe aprender a manejar al mismo tiempo.

Y quiero rescatar este último punto.

Las mujeres por naturaleza, como bien se dijo, somos multitask desde tiempos antiguos. Que seamos buenas en muchas cosas a la vez (a la inversa de los hombres que por lo general focalizan en un área) es parte de nuestra genética.

Me sentí plenamente identificada con, cómo además de hacer muchas cosas, queremos ser “perfectas”, sabiendo obviamente que es imposible. Nos exigimos, nos sacrificamos, nos pedimos cada vez más.

Queremos ser buenas profesionales, crecer, aprender, tender redes.

Ser buenas amigas.

Ser compañeras con nuestras parejas.

Ser buenas amantes.

Ir al gimnasio y mantener la dieta para sentirnos bien con nosotras (y hasta hacer buen tiempo en alguna maratón!)

Estar a la moda.

Estar lindas.

Y muchas cosas más.

Quiero rescatar en este punto, la dimensión del placer, del deseo, y no del “tengo que”.

Tanto más fácil cuando sale con ganas, cuando se siente, cuando nos permitimos fallar, y cuando no son tareas programadas por el deber.

Amo estar con mis amigas, pedir delivery si ninguna pudo preparar alguna comida, no ir al gimnasio si prefiero ver una peli con alguien especial, jugar con mi ahijado, comprarme cremas, pero que difícil relajar a veces sin sentirnos presionadas a ser perfectas.

No olvidarnos de sentir ganas, de no quedarnos atrapadas en la obligación constante de la autoexigencia.

Quiero también decir que fue no solo inspirador escuchar a estas muejres, sino que además me permitió conocer gente nueva charlando e intercambiar contactos, reconocer a lectores del blog! Lo cual fue muy divertido. Agradecer a Paula Carri, Laura Paonessa y Cecilia Nuñez por todo y felicitarlas por la excelente organización.

En el camino de quien queremos ser, estar con ustedes el viernes pasado fue un antes y un después.

Y recordé otras mujeres inspiracionales en mi vida: mamá, mis abuelas, mis tías, mis hermanas.

De a poco les iré contando sobre ellas.

Carla

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Diario, mar Egeo

16 Noviembre 2009 · 16 comentarios

“What you leave behind is not what is engraved in stone monuments, but what is woven into the lives of others”
Pericles

Eran las 2 am, estábamos cansados, agotados, nos conocíamos hacía pocas horas, pero no podíamos dormir, perdidos en la nada, maravillados de habernos encontrado.

Como chicos, jugábamos en la popa, hacíamos titanic, bailábamos, cantábamos.

La magnificencia del paisaje era conmovedor, so touching.

Recorriendo el Mar Egeo, avizorando Naxos, Paros, con destino a Santorini, una de las más firmes candidatas a ser la atlantis perdida.

La luna gigante, iluminaba la oscuridad absoluta de esas tierras míticas, mágicas, que acostumbré a soñar en las aburridísimas clases de historia del colegio.

Las pocas palabras que sonaban eran griegas y llenas de antigüedad

Y él y yo, nos apoyábamos en la baranda, ante la solemnidad y soledad de la noche griega, tratando de abarcar la noche, inútilmente.

Mirando sin poder creer que estábamos ahí, en ese lugar perdido del mundo.

Juro que se sentían los dioses.

Sale el capitán, nos mira, le contamos de donde somos.

En eso el uru le dice:

Yo le dije que largue al novio aburrido ese que tiene, y que se ponga a viajar conmigo y nos casamos en alguna de estas islas.

El capitán me intentaba convencer…

Mi rigidez moral de por entonces, ciega, no soportó ni siquiera un beso, pero me moría de risa y de amor.

Y empezó a cantarme:

Cada día que pasa crece esta locura
El unguento de tus labios es mi cura
Tu me domas con el circo de tus besos
y milito en la frontera de tus huesos

Es mejor vivir un día contigo
que vivir mil años sin tu abrigo
Es por eso que hoy te pido

que me des tu cariño
para yo quedarme
Un minuto me basta vida
para enamorarte

Escalar el cielo abierto de tu boca
y orbitar en tus galaxias se me antoja…

Aclaro que al día de hoy, nos seguimos viendo con uru y esta canción es una de mis favoritas…


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Diario de Carla, agosto de 2006

15 Noviembre 2009 · 16 comentarios

Ayer por la tarde tuve un sueño. Últimamente duermo mucho, en cualquier lado, hasta en los que no debo.

Soñé que iba en colectivo, y que había encontrado al amor.

No le veía la cara, pero sabía quién era.

Siempre fuiste vos, yo le decía

Nos habíamos encontrado.

Pero teníamos que escapar y huir de algo terrible que nos perseguía.

El mal acechaba.

Acechaba en nuestras almas, en nuestras conciencias.

Al fin y al cabo eran épocas más que difíciles para Juan y yo.

De repente, corrí.

Y tenía en la mano una jaula con un canario muy amarillo.

Seguí corriendo con la jaula en la mano, protegiéndola.

Y ya llegaba, estaba a punto de llegar. Falta poco, un poco más.

Pero a medida que corría, la jaula se iba rompiendo, y el canario se iba amarronando, secando.

Hasta que llegue a una cima. Miro hacia abajo, y había muchas escaleras por bajar.

Ya llego, ya llego. Iba rápido, rápido, como si más rápido haría que el proceso de detuviera.

Adónde llegaría para salvar al canario?

Seguía para abajo matando escalones.

La jaula se rompió y se me cayo el canario

El canario estaba patas para arriba, y ya estaba por cerrar los ojos.

Y cayo encima de un águila o cóndor, no pude distinguirlo

El águila empezó a abrir los ojos.

Y me quede mirando la muerte venir, sin hacer nada, sin poder hacer nada, paralizada

No pude llegar, no pude salvarlo. Se fue sin mí.

Lo que no me di cuenta es en qué momento empecé a correr sola.

La pérdida de un bebé

VER http://www.geosalud.com/embarazo/aborto_espontaneo.htm


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clase de fotografía

12 Noviembre 2009 · 9 comentarios

Cuando un rayo incide sobre la lente paralelamente al eje, el rayo emergente pasa por el foco imagen F’. Inversamente, cuando un rayo incidente pasa por el foco objeto F, el rayo emergente discurre paralelamente al eje. Finalmente, cualquier rayo que se dirija a la lente pasando por el centro óptico se refracta sin sufrir ninguna desviación.

Mi amiga Malu está trabajando en un proyecto de fotografía.

El domingo pasó tiempo  explicándome el tema del enfoque, del lente; me explicó como tenía yo que aprender a jugar con primeros planos y perspectivas, fondos diversos. Y para probar me recomendó usar un muñeco de trapo para jugar con él siempre en primer plano y ubicarlo en distintos fondos, haciendo focos, a veces el fondo, a veces el muñeco.

Hoy jugué a los planos, sin querer.

Era el día para el que trabajamos tanto. Había  butacas y alfombra roja.

Y perdimos.

Sin embargo, no me pasó nada. No se cayó el mundo, no lloré ni me deprimí.

No acusé al destino, a la mala suerte serial, ni me estigmaticé.

A veces todo es cuestión de focos y ajustar el lente.

Porque lo que pasaba en el escenario no era importante, era un fondo aleatorio, porque lo que pasaba abajo del escenario era el foco.

El muñeco de trapo estaba en la butaca sentado al lado mío, furioso, y preocupado. Porque el premio habría sido un buen regalo y una buena lección en el arte de cincelar.

Para que yo me sintiera bien, porque sabe que me gusta ganar, por todo lo que significó este trabajo.

El sacrificio de las horas juntos, las energías, la amistad … Porque perdimos frente a grandes capitales multinacionales y equipos reales, ante nuestro esfuerzo raquítico de a dos y de bajo presupuesto. Lo que los hace simplemente, mejores que nuestro caso.

Lo que no invalida la desigualdad de condiciones.

El muñeco de trapo es de trapo, valga la redundancia, y no puede decir. Sus ojos no obstante me expresaban lo que no me hablaba, mortificado.

Preocupado el por mi y yo por el, la dialéctica era una encerrona sin salida.

No me sentía sorprendida, ni desilusionada. Mucho peor, mucho más grave.

Le dije:

“… quizás  estoy acostumbrada, y por eso no me siento mal. Acostumbrada a no ganar”, suavicé, helada, casi muerta.

Una respuesta de mierda, escapista, maldita, analítica. Y sin embargo, bastante sincera.

El veía el fondo de la escena, detrás del telón, los ganadores festejando, marcando mi falta de atención en lo que sucedía sobre el escenario.

Yo mientras veía al muñeco del primer plano, preocupado, porque no había podido cumplirme el deseo.

La gente festejando, feliz, de fondo no me parecía algo nuevo. Ya pasé festejos similares donde yo estaba en la butaca. No me duele ni me conmueve ya.

El muñeco de trapo no tiene tanto expertise en la materia.

En eso yo le saco ventaja.

Pero lo que él no sabe es que yo algún día estaré sobre el escenario también, festejando, y él también, calculo, feliz, viendo desde la butaca.

A veces pienso que  algunos estamos siempre fuera de foco un ángulo tan mínimo que no nos  hace perder totalmente la escena principal, sino mirarla  de costado.

Sin embargo no ceso en la búsqueda de perfeccionar mi técnica de ajustarme a mi misma al lente y corregir el rumbo o maximizar el ángulo para al menos no ver de lo que me pierdo.

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Diario, tierras griegas

11 Noviembre 2009 · 21 comentarios

“To be in love is merely to be in a perpetual state of anesthesia – to mistake an ordinary young man for a Greek god or an ordinary young woman for a goddess”

Dioniso tuvo un nacimiento inusual que evoca la dificultad de encajarle en el panteón olímpico. Su madre fue una mujer mortal, llamada Sémele, hija del rey Cadmo de Tebas, y su padre Zeus, el rey de los dioses. La esposa de Zeus, Hera, una diosa celosa y vanidosa, descubrió la aventura de su marido cuando Sémele estaba encinta. Con el aspecto de una anciana (en otras versiones de una nodriza), Hera se ganó la amistad de Sémele, quien le confió que Zeus era el auténtico padre del hijo que llevaba en el vientre. Hera fingió no creerlo, y sembró las semillas de la duda en la mente de Sémele, quien, curiosa, pidió a Zeus que se revelara en toda su gloria como prueba de su divinidad. Aunque Zeus le rogó que no le pidiese eso, ella insistió y él terminó accediendo. Entonces Zeus se presentó ante ella con sus truenos, relámpagos y rayos, y Sémele pereció carbonizada. Zeus logró rescatar al fetal Dioniso plantándolo en su muslo. Unos meses después, Dioniso nació en el monte Pramnos de la isla Icaria, a donde Zeus fue para liberarlo ya crecido de su muslo. En esta versión, Dioniso tuvo dos «madres» (Sémele y Zeus) antes de nacer, de donde procede el epíteto dimētōr (‘de dos madres’), relacionado con su doble nacimiento.

La agenda era nueva. El calendario, sin estrenar. Corrían los primeros días de niebla londinenses.

Oxford fascinaba majestuosa. Liverpool y The Cavern aguardaban y los viejos compañeros de escuela de Paul nos esperaban con el cafe caliente todas las tardes, a dos cuadras de la catedral anglicana, que se alzaba altiva y tenebrosa.

Tachando cada día emprendimos el recorrido por 9 países con mi amiga Lola. Disfrutaba al fin poder asir, pisar, tocar, admirar, respirar esas tierras, monumentos soñados. De 20 años, ya manifestaba mucha curiosidad por las artes y la historia.

En Londres taché: 85 días menos, para ver a Mariano, entre famosos de cera.

En Bélgica, borré: 80 días menos para ver a mi amor. Brujas medieval de fondo.

En Holanda, me tatué y me teñí, fumé, y entre coffe shops, sex shops y red windows llamaba a Mariano. Minus 75.

En Francia, recorrimos los bares con el papparazzi y el guardaespaldas de Madonna, y nos extrañábamos con hambre. Desde la torre Eiffel lo llamé y suspiramos. En Notre Dame me saqué esa foto que envié usando por primera vez el Hotmail. Me compuso dos temas y me envió un cassette resumiendo nuestra historia de amor.

El walkman latía en Cannes, en la puerta de Chanel, donde solo fuimos para ver donde Meg Ryan y Kevin Kline se habían enamorado en French Kiss. Ya romántica incurable.

Menos 70 días. Cada vez falta menos.

En Mónaco nos pasaron a buscar con limo y navegamos con amigo de papá por el mar azul simulando millones y suspiré por su belleza.

Mariano te extraño. El teléfono era eterno. Imaginábamos el reencuentro. Mi soledad y yo, de Sanz, nos musicalizaba.

En Italia morí de amor por toda ella. Italia me conmueve siempre. Lloré frente a La Última Cena en Santa María Della Grazie, metí la mano en La Bocca de la Veritá. En la Fontana Di Trevi me prometí volver un día con el amor, lanzando la moneda hacia atrás. En Venecia me enfermé y vomité en el convento de las monjas, quienes a las 20 hs ya nos enfilaban a dormir. A oscuras con una pequeña linterna bajo las sábanas, le escribí esa carta.

Para Pompeya no teníamos tiempo, Grecia reclamaba llegar lo antes posible, atrayente.

El  barco salió de Brindisi rumbo a Grecia, y lo conocí. El primer enrosque de mi vida. El primer giro de 360º. Tras 4 años de noviazgo estable, sin muchas peleas, otro había capturado más que mi atención.

No le dije nada a Lola, pero se dio cuenta. Me mentí, no le podía hacer esto a Mariano. Qué me pasa. No me salían más las mismas palabras.

Y Mariano musicalizó mi desaparición en la Europa de mis sueños. Intuía que otro me había robado en Grecia. La yo de Italia sonaba muy distinta dos días después al entrar a la cuna de la civilización.

Como si el influjo de los dioses y sus pasiones tormentosas, celosas, fugaces me hubieran capturado, me dejé seducir por Atenas, Santorini, Mykonos y el Dionisio uruguayo que se había aparecido de repente en la agenda.

La agenda quedó vacía y desolada de palabras, pero sobre todo de tachaduras.

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diario, primer amor

10 Noviembre 2009 · 23 comentarios

Only the deepest love will persuade me into matrimony”
 
Elizabeth Bennet- Pride and Prejudice


...

Diario, julio de 1997

…Y me acompañó en la bici violeta. Salíamos de nuestras obligaciones parroquiales, ingenuos, tímidos. Él con su bici, yo con mis calzas cortísimas al borde del escándalo y mi buzo estilo hockeyano. Hace un año ya de nuestra amistad. Cada vez lo extraño más.

“Me gusta mi mejor amigo. Esto es un drama. No me va a dar bola nunca”_ dije  a Vera.

“Nena, está con vos, no te das cuenta como te mira?

“Todas están enamoradas de él” Justo a mi?

“Si nena, está con vos. Todos lo sabemos menos vos. El otro día casi se mata a piñas con J.”

“Pero eso es por amistad”

“Pleaseeee, so naif”

Siempre mis amigas creyeron más en mí que yo misma, esto se iría marcando con los años. El examen de realidad no me confirmaba los hechos.

Hasta que ese día, domingo, en el bar de la esquina, mientras le temblaban las rodillas, me pidió de salir.

Si, le dije emocionada.

“Sos el equivalente a mi felicidad”_ tiró al aire, como si nada,  sin poder sostener la mirada.

Pero de la teoría, del bla bla,  no pasaba al acto. Me llevó a casa, y no me daba un beso. Yo nerviosa, crecía mi irritación.

“Estamos saliendo! No me vas  dar un beso?”_ lo increpé.

Se puso rojo.

Entonces el beso se lo di yo.

Años después, ya novios comprometidos, me confesó “nunca te voy a perdonar cómo me avanzaste” “pero quiero estar con vos toda la vida de todas maneras, aunque seas tan atrevida”

Mariano, mi primer amor. El del aprendizaje inocente, el del compañerismo desmedido.

A quien dejé en Ezeiza una mañana de enero rumbo a la Europa de mis sueños, en lágrimas, con promesas de extrañar.

No sabíamos que mi sed de aventura y de buscar nuevos horizontes, de crecer, de aprender, eran más fuerte que mis dudas.

No sabíamos que nuestras edades y el contexto de rigurosidad de clanes y elites en los que habíamos crecido condicionaba, al despertar de ese mal sueño, nuestra sed por buscar “algo más”.

No sabíamos que las tierras griegas traerían efectivamente una tragedia dionisíaca con nombre masculino.

No sabíamos que, al regreso, seríamos dos perfectos y completos extraños.

La malévola y tramposa influencia bennetiana de la infancia.

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4 y 9

9 Noviembre 2009 · 38 comentarios

“Again, you can’t connect the dots looking forward; you can only connect them looking backwards. So you have to trust that the dots will somehow connect in your future. You have to trust in something — your gut, destiny, life, karma, whatever. This approach has never let me down, and it has made all the difference in my life.”

Steve Jobs, Commencement speech, Stanford University, 2005.

Hoy venía manejando de casa de mis padres y escuchaba la radio.

Hablaban de una investigación de una Universidad europea o americana muy prestigiosa, realmente no recuerdo cual, donde concluían que se ha comprobado que las personas que invierten tiempo en un aprendizaje paulatino, si bien tienen momentos de alta tensión, de estrés,  dolor y depresión, luego son más felices al alcanzar lo que se han puesto como meta, porque consiguen en 9, un 10..

Por el contrario, que aquellos que no invierten en tal aprendizaje, por considerarlo demasiado costoso, riesgoso, sacrificado, incómodo, no sufren tanto en el interín,  pero alcanzan según este estudio un 4, 5, en materia de felicidad.

Me reí mucho.  Lógico y bastante de sentido común. Parece, al menos en apariencia. Realmente es taaan del sentido común? Luego recordé sobre mis matrices.

Hace poco estuve trabajando en un proyecto de estrategias comerciales. A los Potter,  Fodas  y matrices de rigor, se le sumó una evaluación de escenarios (proyecciones a futuro a partir del diagnóstico de la situación actual) con la correspondiente sucesión de acciones posibles para cada escenario.

Teníamos así 3 escenarios. Cada escenario se medía en grado de riesgo e impacto. Así también el otro vector que cruzaba verticalmente era el de Factibilidad.

Luego, para cada escenario, había 3 caminos posibles:

Un camino conservador, tímido, cero innovación, con bajas inversiones y pocos cambios estructurales.

Un camino intermedio: de cambio, pero que no generan saltos cualitativos sino solo dentro de una misma estructura. El típico Maquillaje con poco cambio real, para conformarse uno y el resto. Inversión media.

Por último, un camino de metamorfosis: cambios radicales, alta inversión, una jugada en el casino.. Arriesgado, de alto impacto. Que puede salir mal. Que puede salir esplendorosamente bien.

Para cada uno de estos caminos se analizaban obviamente los riesgos y beneficios de tomar cada uno.

Me doy cuenta que soy de las del tercer grupo.

What? Si.

Hoy me encuentro sola, sin pareja. Me he culpado a mi misma mucho por esta situación. Mis exigencias, altísimas. Realmente lo son?

Pero analizando para atrás, puntuando hacia atrás como recomienda Steve Jobs,me doy cuenta que  siempre he analizado cada escenario y sus proyecciones, como analista que soy, así en psicoanálisis, así en el marketing, así en la vida.

Me he encontrado con tipos muy poco arriesgados, que si bien no entrañaban riesgo alguno de quedarme sola, sí proyectaban a largo plazo una gran infelicidad. Tipos con alto riesgo también, de quedarme insatisfecha de por vida. Tipos jodidos, que dañaban mi amor por mi misma. También tipos de bajo riesgo, buenos tipos, pero que no podrían en un escenario futuro acompañar la evolución que yo quería.

Porque en mi diagnóstico yo no era la mujer que quería ser. Tampoco sabía bien cómo quería aún serlo, pero sí sabía que no podía tomar decisiones de por vida en tal estado de inmadurez.

Porque lo que mas vale es proyectarse a una misma.

Quien quiero ser.

Cuánto quiero aprehender (si con h) del mundo.

Quien quiero que esté a mi lado acompañándome en la evolución.

Cómo quiero que me amen.

Cuánto quiero acompañar la evolución del otro.


Y en esta apuesta, el riesgo es el más alto de todos. El vacío, la desazón, las desilusiones, los chascos, la soledad es de alto impacto. No es para cualquiera.

Pero cuando llega, y espero que si, será seguramente de una belleza enceguecedora.

Que el resultado del aprendizaje de ambos sea un 9. (los 10 siempre me han generado desconfianza)

Como en la escuela, nunca me conformé con un 4. Aunque sí he tardado en aprender.

Porque cuando llegue, ese ser fantástico para mi, yo también habré aprendido y mucho, con todo lo recorrido, y seré el 9 para él.

Habremos conectado los puntos hacia atrás.

Porque “You´ve got to find what you love“, Jobs says.


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ex modelo 1

5 Noviembre 2009 · 25 comentarios

“The devil has put a penalty on all things we enjoy in life. Either we suffer in health or we suffer in soul or we get fat.”

Albert Einstein

Ayer estuve de compras. Cada vez que emprendo una limpieza de placard en casa, necesito automáticamente “reparar” tall herida narcisística (análisis?) con unas compritas.

Por lo general me debato entre el ahorro y la compulsión por las compras, aunque con los años he mejorado notablemente mi propia acumulación capitalista.

He descubierto en los últimos 2 meses ese local de las hermanas Rosadas  al costado del río. Harta de los precios de las casas de ropa que no justifican sus costos de ninguna manera, caminando encontré con el tiempo localcitos con buena ropa y donde un pulóver no te sale $1200 ni una remera para laburar $350. Traen ropa de calidad, nacional e importada,  talles de todo tipo, tienen diseño, originalidad y muy buen gusto. (Y trabajo en esto)

Y, pequeño detalle: las chicas que atienden no son perras. (léase bitchs)

Mientras me probaba ropa plácidamente sin temer que nadie me abriera intempestivamente la cortinita al mejor estilo de “Y? como te quedó?”, recordé la última vez que fuimos al shopping con mi amiga Lucero.

Lucero se peleó con su novio el último año. Tras 7 largos años de noviazgo, descubrió no solo que la había engañado sino que además, tenía un bebé de 8 meses a 10 cuadras que mantener.

Tras el shock inicial, y el apoyo de sus amigas, Lucero fue recomponiéndose.

Aunque no sin ningún costo.

Lejos de tomar tranquilizantes o embeber sus penas en jarras de alcohol nocturno, Lucero se dedicó a otra cosa.

Tipo compulsión.

Primero 1, luego 2, luego 4, y hoy lleva en su haber 18. Sin parar, uno tras otro, fue engrosando la lista. O ella misma.

No, no se dedicó a la conquista intempestiva y fugaz de amores de una noche.

18 son los kilos que ganó en este tiempo de penurias, comiendo las penas una tras otra, como si las quisiera enterrar bajo un manto de grasa corporal.

Ese día, mientras me comentaba sus sesiones de diván, recorríamos el vestidor de selecto local de ropa de moda (y de marca).

Nos probamos de todo. Nada le entraba.

Tratando de ayudarla, yo misma he estado en su lugar, buscábamos cortes favorables, pero el tema excedía el corte.

La ropa no entraba, el talle XXL no encajaba.

Lu, desesperada, ex modelo publicitaria, empezó a lagrimear.

“Quizás debieras recorrer los localcitos de la calle Avellaneda”_ sugirió despectiva e irónica la empleada del local, de flequillo recto, lentes de contacto, botox en labios, nariz operada, 45 kilos aprox, jeans ajustados, mientras le sacaba las perchas de la mano.

Lu lloró y cerró la cortina.

Enceguecida no pude evitar decirle:

“valés tanto como querés ocultar, barata”

No son los hombres. (no todos al menos)

Son las minas.

Somos nosotras mismas las que acusamos, señalamos, remarcamos.

Los puntos neurálgicos. Los puntos donde duele.

Por suerte no todas, pero las menos son las que no lo hacen.

Y mientras Lu se recupera de su amor perdido a través de las ingestas desmedidas y sus dietas ciclotímicas, nosotras nos cambiamos de local.

A los locales de las hermanas Rosadas.

Lo único que me hizo prometerle Lucero para ir conmigo fue:

“Por favor nada de contestaciones de novela venezolana a las vendedoras”

dejaré mis sueños de Topacio por un rato…


(continuará)

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la loca

4 Noviembre 2009 · 22 comentarios

Lina es mi amiga hace unos pocos años. Tiene en su check list un buen amor, amigos, fines de semana alegres. Una vida digamos agradable, simple y organizada. Al menos en lo aparente.

Pero Lina sufre. Por él.

Él, alto, apuesto, rubio, ojos rutilantes.

Comenzó siendo, tímidamente al principio, sólo un comentario en terapia. Ahora él abarca los 50 minutos completos de sus gesticulaciones de diván.

También empezó a asomar en las conversaciones de amigas. Creció en espacio, en tiempo, en forma. Y en importancia. Se instaló como un problema cada vez mayor.

Lina los tuvo antes, claro. Algunos fueron copados, otros un poco irritables pero llevaderos, algun que otro baboso, un solo acosador en su haber, un par de maduros que la hicieron crecer y uno (y suficiente) psicópata.

Pero nunca uno como Damián.

No, no es su galán. Ni un atisbo de romance.

Damián E. G. es su jefe.

Damián llega todos los días a la oficina 3 horas más tarde que el horario oficial dadas sus actividades de remo en Puerto Madero, autorizado por la cúpula. Estaciona su auto canchero, y hace su arrival con bolsito de marca yanqui y pelo húmedo, a la vez que exuda perfume caro. Mira a las chicas de costado, sonríe, sintiendo los músculos ceñir su camisa de diseño, y ocupa su lugar.

“Lina, me traés un café?”

Lina lo mira, reprime sus sentimientos. “Debo manejarlo”

Prende la máquina, y le pide a Mirna que le saque unas copias. A Camila que le vaya a chequear si el auto quedó con las luces prendidas. A Leo que arme la reunión de las 16 hs. A Alejandra que le prepare unas llamadas. A Mario que le prepare un informe, y a María que traiga resmas.

Ni las unas sus asistentes, ni los otros diplomados. Todos igualmente calificados y pares en el organigrama. Sin distinción de funciones.

A partir de allí nuestro héroe se dedica a contestar mails con faltas graves de ortografía a distintos sectores de la empresa.

Damián es considerado por la muchachada un “copado”,un “winner”. Conocidos  son sus dones para sostener coimas, arreglos “off the record”, apretadas, gatos delivery…

Damián  además trae todos los días bizcochos de grasa a la oficina. Habla con la boca levemente hacia el costado, no a causa de algún tic particular, sino simplemente por su altanería.

Específicamente con las mujeres.

Especialmente con aquellas clara y evidentemente más capaces que él.

Especialmente con Lina.

Sus compañeras y subalternas son para él claramente seres inferiores, que están bien para atenderlo, cebarle mate, hacerle mandados, sacar fotocopias, pero no para trabajar a su par.

Lina todos los días debe soportar que Damián:

-no la mire a los ojos en las reuniones de trabajo;

-le de la espalda en las reuniones de trabajo;

-ignore sus sugerencias automáticamente en las reuniones de trabajo;

-le mire las piernas en las reuniones de trabajo.

Lina me llamó anoche, desquiciada, sacada, llorando para contarme los últimos eventos.

“Car, cada reunión que tengo es una réplica de Polémica en el bar, donde yo soy la minita que está al costado con la minifalda, expectante, que espera a que le den el lugar para hablar. Cuando tímidamente me quejo, soy tildada de amargada, de que estoy en un mal momento del mes, de que soy pasional, hormonal o directamente desequilibrada. Termino haciendo funciones de secretaria, las que obviamente respeto pero que ya no ejerzo. No puedo obviamente seguir la conversación misógina a la par. No me interesa otro puesto, solo quiero trabajar tranquila y ser respetada”

“Pero hoy, cuando escuché que le había aumentado el sueldo a los hombres, cosa que nos enteramos de casualidad sacando unas fotocopias, me saqué y lo encaré”

“Damián, necesito hablar con vos”, exclamó, mientras sus compañeros la observaban. Se sabía en el radiopasillo la que se venía. Todas la apoyaron.

“Vos nos representás mejor”_ le habían dicho las chicas, animándola, dos horas antes.

“Ahora no Lina”_le contestó Damián.

“Por qué no me mirás a la cara cuando te hablo?” _ increpó a Damián, sin poder contenerse.

Todos giraron para ver a Lina. También la muchachada.

Los pelos revueltos, los ojos rojos, la boca seca.

La típica loca…

“Ja!”, se rió Damián, con la boca levemente torcida. “Primero cálmate, las minas siempre con estos quilombos…”.

Lina miró alrededor, buscando algo de apoyo.

Pero todos estaban concentrados en los bizcochitos de grasa, moviendo el Mouse y bajando la mirada.

Mejor no meterse.

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