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Vivi sabe

27 Nov

“Your girl is lovely, Hubble”

Carry, Sex and the City, at Big`s wedding.

….

Vivi miró  su celu y sonrió para sus adentros.

Vivi sonríe mucho para sus adentros.

Esta vez no quise mirar para otro lado y ser discreta; la miré, y le pregunté: “que pasa?”

Abre el celular y me pone de frente el mensaje:

De Lautaro

A Vivi

“Sos la mujer más fantástica y maravillosa que conocí en mi vida”

Me reí.

Le dije la obvia y simple frase sin compromiso y con tono charme “qué lindo!!!”

Pero esta vez Vivi no quiso guardarse el resto de sus pensamientos. Y los  compartió con quien puede comprenderla. Donde las palabras llegan.

“¿Sabes lo que me costó que alguien me diga esto y que a la vez no me tenga miedo? Y que me diga, cenemos mañana, y que a las 3 horas se acueste conmigo porque no puede evitarlo? Pero lo primero que tuve que hacer es decirlo. Yo quiero y merezco esto”

Ella conoce algunas de mis experiencias pasadas, y yo algunas de las suyas.

Nos encontramos sin quererlo un par de veces en el baño limpiando lágrimas y maquillandolas con delineador, para que no se note, riendo de nuestras tácticas para llorar sin que se escuche.

Llegar  a pisar la década de los 30 solas no ha sido sin ningún costo.

Eso de ser fantásticas, ideales, maravillosas, y sin embargo, muy caras; nos es familiar.

Tan cara que sos incomprable.

Tan genial, inspiradora, “la musa”, como me bautizara Juan en los montes andaluces.

Recordé el día en que G. entró a la iglesia, magnífico, bello, triste. Como si fuera a hacer un trámite. Como si estuviera en la Anses para realizar una declaración Jurada. Como el siguiente paso en la lista de Los must de la vida. Con la misma superficialidad con la que  se compra una camisa. Funcional.

“El amor de la vida no existe, la practicidad es lo que vale”- me había dicho, dos días antes.

Y se casó nomás.

Sin vértigo, sin emociones.

Yo espié desde la esquina. Yo, que había sido fantástica, maravillosa, ideal, quedaría hasta el día de hoy grabada en su mente con nostalgia, con arrepentimiento, en sus sueños de día, cada vez que paso por la puerta de su negocio, como “la que perdí”, “la que no pude tener”.

Esa necesidad de melancolía, ese objeto que cubrirá por siempre la necesidad de ser ese “What if”. Esas ansias románticas de viejo, donde recordar un sueño que no fue.

Esa misma necesidad de no materializar el máximo deseo, porque simplemente es mucho mejor y fácil no hacerlo, y llevarlo por siempre como un fantasma que cubra las necesidades en momentos de aburrimiento, de laxitud, de desidia, de vacío.

Un objeto acorde a la necesidad psíquica de G., y no una persona real de carne y hueso a quien amar.

Le dije a Vivi:

“Tengo esta conversación tantas veces repetidamente en mi vida que ya me aburre hablar, y no puedo creer que la mayoría de la gente que conozco no vea estas obviedades para mi. Quedás suspendida en el aire, flotando, inalcanzable en sus mentes, pero a la noche, la que se acuesta sola soy yo”

Vivi sabe la historia. Pero con unos años más de psicoanálisis que Lautaro y que yo encima, y mucha pero mucha más sabiduría, me miró a mis ojos, tristes, acostumbrados y remató:

“Sos cara Carla. Pero el problema no es tu precio, sino que son pobres para vos. No tienen lo suficiente para comprarte. Llegará Lautaro para vos, y verá tu precio y no podrá evitar hacer todo lo que tenga a su alcance para tenerte en su cama. No hay fuerza que lo impida”

Llegó justo un sms de Brasil. Recordé el chat con el escocés.

Y sonreí.

Tenes razón Vivi. Solo está cruzando el planeta.

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